La tragedia causada por los terremotos que sacudieron Venezuela ya deja 3.535 personas fallecidas, 16.740 heridas y miles de familias que perdieron sus viviendas. Las autoridades mantienen las labores de búsqueda y rescate, por lo que el número de víctimas podría seguir aumentando. Para comprender la magnitud de esta catástrofe, basta comparar esa cifra con la población de pequeñas comunidades de Centroamérica.
Una dimensión comparable con comunidades centroamericanas
En Costa Rica, 3.535 habitantes representan aproximadamente la población del distrito de Llanuras del Gaspar, en el cantón de Sarapiquí. Es decir, el número de fallecidos equivale prácticamente a que desapareciera toda la población de ese distrito.

En Nicaragua, esa misma cifra es similar a la población de una pequeña cabecera municipal o de comunidades rurales como varias existentes en los municipios de San José de Cusmapa, Dipilto o San Juan de Limay, donde numerosas localidades tienen entre 3.000 y 4.000 habitantes.
El impacto humano de la tragedia
La comparación permite dimensionar el drama humano: el terremoto no solo dejó miles de víctimas, sino que arrebató un número de vidas equivalente a la población completa de un pequeño pueblo centroamericano.
Detrás de cada una de las 3.535 personas fallecidas había una historia, una familia, un proyecto de vida y una comunidad. La reconstrucción de Venezuela no será únicamente material; también implicará un largo proceso para sanar el profundo impacto social y emocional que deja una de las peores catástrofes naturales de su historia reciente.







