Donde está tu tesoro, también estará tu corazón

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Foto/Agencias

Miguel España
Sábado 22 de agosto de 2026.
En el libro Hitler y la Iglesia (Aguilar & Asendi, 1973), se menciona que diversos eclesiásticos y líderes religiosos mantuvieron una relación de cercanía, colaboración y legitimación con el régimen nazi, argumentando afinidades ideológicas fundamentales. Dos ejemplos: el obispo protestante Ludwig Müller y abad católico Schachleitner, quien visitaba con frecuencia a Hitler para discutir asuntos eclesiásticos. En la década de los 20 del siglo pasado, iglesias evangélicas se plegaron al nacionalismo alemán, y cuando el nazismo llegó al poder constituyeron “La iglesia del Reich”, en la que el nacionalsocialismo y la iglesia/cristianismo aparecían como doctrinas hermanas.
Estas formas degeneradas de cristianismo se han visto en diversos momentos y países, en diversos modelos políticos – eclesiales. La iglesia imperial constantiniana, la iglesia de los Príncipes, iglesia y monarquismo, cristianismo e invasión colonial (católica y evangélica), cristianismo y Destino Manifiesto, cristianismo y franquismo, cristianismo y pinochetismo, cristianismo y fujimorismo, cristianismo y somocismo, etc.
Siempre y en todos los casos se ha nombrado la paz, la justicia, el derecho del soberano y la moral para justificar y legitimar el poder establecido. Se lee Rom. 13, 1 Pedro 2, Jn. 19: 11, etc., de manera ideológica y literal, no como un simple literalismo ingenuo, sino con una intención clara: legitimar al poder mundano.
En la exégesis bíblica, en la tradición teológica evangélica (no confesional, sino radicalmente sustentado en el Evangelio, es decir, el proyecto de la JUSTICIA del reinado de Dios) y en la historia de la iglesia Latinoamericana, existe claridad sobre los usos estratégicos de la Biblia en favor del poder de la iglesia y del orden político mundano/injusto. El texto más reciente y con una claridad tremenda es el de Rafael Aguirre La utilización política de la Biblia (2025) que hay que leer para enterarse de lo que se viene exponiendo.
Dos grandes tendencias de interpretación de la Biblia han existido: la interpretación liberadora basada en la JUSTICIA del reino de Dios desde la perspectiva de las comunidades cristianas, y la interpretación conservadora y desde el poder de las élites sacerdotales (católica y evangélica). El foco fundamental de sus interpretaciones bíblicas y doctrinales es: ascendente/servicio y descendente/dominio, respectivamente. La primera, tiene su fundamento en la Comunnio- diaconía y koinanía- (comunidad de iguales por medio de la eucaristía- Cena del Señor) en la que todo y todos están al servicio de los más vulnerables, sin interpretaciones estratégicas de la fe, sino que la lectura correcta de la fe es el amor, la justicia y la misericordia (Hech. 2; 1 Jn, etc.). El foco de la segunda es el orden centrado, la autoridad vertical, la obediencia. Con esta distinción no se pretende integrar un nuevo maniqueísmo, ya que no se niega que haya sentimientos y valores evangélicos en la segunda postura (cristianismo-poder), sino que todo está supeditado y ordenado según una visión, interpretación y praxis del poder religioso, que está acorde a las estructuras de poder conservadoras mundanas.
La cuestión es doble: 1. Comprender que el mensaje evangélico tiene su punto de origen en la fe de Jesucristo en un Dios de Justicia (Ex. 3; Amós, Luc. 4, Ap. 5-6: «¿Hasta cuándo, soberano Señor, santo y veraz, ¿seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin vengar nuestra muerte?»). En ocasiones los que deberían ser pastores transmutan en operadores políticos de regímenes mundanos, traicionando el Evangelio y la sangre de los mártires; cayendo de la Gracia. Jesús dejó claro algo: “No se puede servir a dos señores”, porque cuando dos soberanías contienden, será hasta la aniquilación total. ¿Con cuál soberanía nos comprometeremos? Cualquier soberanía (izquierda, derecha, capital, egoísmo, etc.) que le dispute la fidelidad al amor y la Justicia de Dios, ella y sus seguidores serán arrojados al lago de fuego; y si se encuentran entre los creyentes, serán apóstatas. Porque he aquí el peligro: La idolatría. ¿Puede haber idolatría en quienes con su boca hablan de Dios? Los ejemplos aportados al inicio nos permiten responder afirmativamente. (Cf: Isa. 29: 13). 2. La cuestión de las fidelidades se puede descomplejizar, desde la perspectiva cristiana con el siguiente versículo: “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt. 6: 21). No es negar otras fidelidades, sino que de lo que se trata es que cualquier fidelidad debe evaluarse a partir de la fidelidad al Evangelio: amor y justicia de Dios.
La cuestión de la laicidad: solamente diremos que no se trata de devolver a sus parroquias a los pastores, y a los creyentes decirles que no sean ciudadanos con derechos y responsabilidades sociales, privatizando la fe, sino: 1. La incidencia pública de líderes religiosos no deben centrase en la justificación y legitimización de un partido político, sino en auditar al poder vigente en favor de la convivencia social, principalmente en favor de los más necesitados; 2. y a las personas creyentes en general, si se sienten motivados desde su fe a aportar al bien social, es importante no caer en el polemos de la política pragmática, es decir, no reproducir el odio, las divisiones, las manipulaciones propio de los partidos políticos. Porque llegará el momento en que no se sabrá la diferencia entre la defensa de la fe y la defensa político-ideológica, el bien social de los intereses del satus quo, la caridad cristiana (el futo del Espíritu Santo: Gálatas 5: 22-26; 1 Cor. 13) con el polemos.
El caso de líderes religiosos en Nicaragua que respaldan al gobierno Ortega -Murillo.
El día de ayer (21 de agosto de 2026) apareció en las redes sociales una asamblea de líderes religiosos apoyando las reformas constitucionales (inconstitucionales) que el gobierno Ortega-Murillo ha llevado a cabo, principalmente, la referente a la no participación de sectores de oposición de la sociedad nicaragüense en procesos electorales.
Dos posiciones he leído sobre esta participación de religiosos en ese acto de legitimación:
1. Se ha comentado en las redes sociales que su presencia se debe al miedo: a que le quiten la personalidad jurídica de sus organizaciones religiosas, o a ser despatriados o encarcelados como a muchos religiosos críticos les ha pasado. El miedo es un sentimiento muy humano, que usado por el poder político puede convertirse en un arma muy efectiva de control y sumisión.
2. Otros comentarios apuntan a que simplemente son aliados del régimen.
3. Mi propia posición es más compleja. Se combinan un sinnúmero de factores, entre ellos, los que se mencionan en el punto 1 y 2.
De primera mano conozco los sectores religiosos nicaragüenses, y conozco algunos miedos que padecen, también los oportunismos, asimismo, algunos llamados pastores son operadores políticos infiltrados en las filas pastorales con un mandato específico: influenciar y presionar a los liderazgos, usando interpretaciones bíblicas y seducciones materiales y de reconocimientos políticos. Porque entre tales líderes religiosos hay que diferenciar entre evangélicos políticos y políticos evangélicos.
En 2025 fue publicado mi libro El más insignificante de todos. Religión y política en Nicaragua” (el caso de los evangélicos) en el que se identifican diversidades de posicionamiento de líderes religiosos en la crisis sociopolítica 2018, desmintiendo que “los evangélicos son orteguistas”. Se deja claro, que la presencia de lideres evangélicos en actos oficialistas se debe a un sinnúmero de factores, que la familia evangélica es pluriideológica y pluripartidaria. No existe un voto evangélico, sino evangélicos son sus propias identidades y afinidades políticas, coherente con las tendencias electorales generales. También, se identifica una tendencia histórica de sectores evangélicos de contar con un “partido político evangélico” para sanear la política y gobernar con los valores bíblicos”, sumando, un anhelo de competencia, acaso de sustitución, con la iglesia católica como principal actor religioso dialogante con el poder político. Este último elemento podría ser determinante para que evangélicos políticos brinden su respaldo al actual régimen nicaragüense ante la fractura con el sector crítico de la CEN.
Cierre
En esta breve reflexión podemos ver las tentaciones de las clerecías religiosas ante el miedo o las mieles del poder. Se llama a no transmutar a la Iglesia en una operadora política ni en sucumbir al polemos partidario, sino en sostener una postura profética que audite e interpele críticamente a todo poder terrenal, sin pretender confundir la esfera de las luchas políticas con la iglesia, sino contener las aventuras dictatoriales con la fuerza del evangelio profético. En última instancia, la comunidad de fe está llamada a desentrañar sus verdaderas fidelidades (Mt 6:21), sabiendo que no se puede servir a dos señores sin caer en la apostasía y que ninguna alianza con los tronos de este mundo puede sustituir la fidelidad al amor y la Justicia radical del Dios de la Vida.
Iniciamos estas reflexiones aludiendo a la “Iglesia del Tercer Reich”. Cerramos trayendo el testimonio de la Iglesia Confesante.
En 1934 surgió la Iglesia Confesante, impulsada por teólogos y pastores como Karl Barth, Dietrich Bonhoeffer y Martin Niemöller. Su postura teológica contra el Reich quedó plasmada en la célebre Declaración Teológica de Barmen (1934), cuya tesis fundamental proclamaba la exclusividad de la soberanía de Jesucristo sobre la totalidad de la vida del creyente y de la Iglesia. Desde una hermenéutica cristocéntrica, la Iglesia Confesante denunció como apostasía y herejía idólatra la doctrina que pretendiera reconocer al Estado, a la raza, al nacionalismo o a una figura del Führer como fuentes paralelas de revelación o autoridad suprema. Así, sostuvieron que el Estado tiene un límite ético asignado por Dios, y que cualquier pretensión de la autoridad política de convertirse en un poder absoluto o instrumentalizar el Evangelio destruye la naturaleza misma de la Iglesia comunitaria y servidora.
En Nicaragua contamos con los testimonios de muchos cristianos que se opusieron a la dictadura somocista desde la convicción de que la fe en Jesucristo no permite neutralidades ni complicidades, dando hasta su vida en favor de la liberación. Hoy, también existe un sector Confesante del cristianismo nicaragüense, dentro y fuera, que se opone a la idolatría del poder y su sacerdocio. Por que no se trata de ser crítico solamente contra una forma de opresión/represión (el imperialismo, capitalismo, patriarcalismo, consumismo, derechas, neonacionalismos, neoliberalismo, etc.), sino de todas las formas de injusticia que “obstruyan la verdad” (Rom. 1: 18b) y anulen la dignidad humana, triturando la imagen de Dios en las criaturas. En el caso nicaragüense la Iglesia Confesante, fiel al Dios de la vida y la Justicia, eleva su voz profética contra la dictadura Ortega-Murillo y su sacerdocio- “Iglesia de Ortega-Murillo”.

 

 

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