Todos podemos ser Embajadores de Paz, afirma Juan José Granados

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Ilustración de manos pintadas y palomas como símbolos de paz

Tejar de El Guarco, Cartago. «Cada uno de nosotros puede convertirse en un Embajador de Paz compartiendo esperanza, compañía y servicio con las personas que más lo necesitan». Con este mensaje, Juan José Granados Muñoz, director del proyecto Somos 65+, invitó a decenas de personas adultas mayores a reflexionar sobre la importancia de construir una sociedad más solidaria durante el taller «Promotor de Envejecimiento Activo y Saludable», realizado el 11 de julio en la Iglesia RHEMA, ubicada en Las Catalinas de Tejar de El Guarco.

La actividad reunió a personas adultas mayores, voluntarios, líderes cristianos y representantes de organizaciones sociales, quienes participaron en una jornada orientada a promover un envejecimiento con calidad de vida, participación comunitaria y fortalecimiento de la fe.

Un reconocimiento convertido en compromiso

Durante su exposición, Granados compartió una experiencia profundamente significativa para su vida: el reconocimiento internacional que recibió como Embajador de Paz.

Explicó que este nombramiento representa mucho más que una distinción personal. Para él, constituye un compromiso permanente de trabajar por quienes enfrentan situaciones de soledad, abandono o exclusión, especialmente las personas adultas mayores.

«Ser Embajador de Paz significa llevar esperanza y servicio a quienes más lo necesitan. No importa si están en un centro diurno, en una iglesia, en un grupo organizado o viviendo solos en sus hogares; lo importante es acercarnos y demostrarles que no están solos», expresó.

La soledad también necesita atención

Uno de los principales mensajes desarrollados durante la conferencia fue la necesidad de combatir la soledad que experimentan muchas personas adultas mayores.

Granados explicó que existen personas que conservan una buena salud física y mental, pero carecen de una red de apoyo que les permita sentirse acompañadas.

En ese sentido, invitó a los asistentes a identificar dentro de sus comunidades a quienes viven aislados para brindarles visitas, conversaciones y espacios de convivencia.

«Muchas veces creemos que ayudar requiere grandes recursos, pero una conversación, una llamada telefónica o una visita pueden marcar una enorme diferencia en la vida de alguien», señaló.

Historias que transforman vidas

Como parte de la conferencia, el director de Somos 65+ compartió diversas experiencias vividas durante los recorridos que realiza por todo el territorio nacional.

Recordó el caso de comunidades alejadas donde personas adultas mayores caminaron durante largos trayectos para participar en actividades educativas organizadas por el proyecto.

También relató cómo, al finalizar una actividad en Ciudad Neily, varias personas hicieron fila únicamente para agradecer que alguien hubiera llegado hasta esa comunidad.

Aquellas palabras de gratitud, según comentó, reforzaron la importancia de continuar desarrollando iniciativas gratuitas dirigidas a este sector de la población.

Cambiar la forma de ver el envejecimiento

Otro de los ejes centrales de la conferencia fue la necesidad de transformar la percepción social sobre la vejez.

Granados señaló que durante muchos años los medios de comunicación han mostrado únicamente imágenes asociadas con enfermedad, dependencia o tristeza cuando hablan de personas adultas mayores.

Frente a ello, propuso difundir ejemplos positivos de hombres y mujeres que continúan estudiando, realizando actividad física, participando en organizaciones comunales, viajando, practicando deporte y aportando activamente a la sociedad.

Indicó que estos ejemplos permiten comprender que el envejecimiento no representa el final de la vida productiva, sino una etapa llena de oportunidades para seguir creciendo y compartiendo conocimientos.

El voluntariado como herramienta de transformación

Durante su intervención también destacó el trabajo que desarrolla Somos 65+ junto con cientos de voluntarios en distintas regiones del país.

Explicó que antes de cada actividad transmite un único mensaje a quienes colaboran con la organización:

«Su principal labor es repartir amor.»

Comentó que una bienvenida cálida, una sonrisa y un trato respetuoso pueden generar un impacto emocional mucho mayor del que muchas personas imaginan.

Asimismo, relató experiencias en las que empresas privadas, estudiantes y voluntarios internacionales se unieron para mejorar la calidad de vida de personas adultas mayores mediante campañas de salud auditiva, donaciones de audífonos y actividades comunitarias.

Según indicó, estas iniciativas no solo benefician a quienes reciben la ayuda, sino que también sensibilizan profundamente a quienes participan como voluntarios.

Prepararse para una sociedad más longeva

Granados recordó que Costa Rica atraviesa una transición demográfica acelerada y que, en los próximos años, el número de personas adultas mayores continuará creciendo de manera significativa.

Ante esta realidad, hizo un llamado para fortalecer desde ahora las políticas públicas, las redes comunitarias y los espacios de participación que permitan garantizar una vejez con dignidad.

Enfatizó que prepararse para el envejecimiento no debe limitarse al ámbito económico, sino incluir aspectos relacionados con la salud emocional, la integración social, el aprendizaje permanente y el bienestar espiritual.

Un mensaje inspirado en la fe

La actividad concluyó con un ambiente de oración, agradecimiento y reflexión cristiana.

Los asistentes compartieron testimonios, expresiones de gratitud y un mensaje basado en Isaías 46:4, recordando que Dios acompaña a las personas durante todas las etapas de la vida.

Antes de finalizar, Juan José Granados reiteró la invitación que marcó toda la jornada:

«Cuando regresen a sus comunidades, sean Embajadores de Paz. Lleven esperanza, solidaridad y servicio a quienes los rodean. Nunca subestimen el poder de un acto de amor.»

El taller dejó como principal enseñanza que el envejecimiento activo no depende únicamente de la condición física o de los servicios institucionales, sino también del compromiso cotidiano de construir comunidades donde las personas adultas mayores sean valoradas, escuchadas y acompañadas con respeto y dignidad.

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