La Realidad de la Educación Rural en el Liceo Veracruz de Caño Negro

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Caño Negro, un rincón alejado de la ciudad

Ubicado a más de cinco horas de la ciudad en vehículo, el Liceo Veracruz de Caño Negro enfrenta diariamente los desafíos de la educación rural en Costa Rica. William Espinoza Lobo, profesor de español y coordinador del comité de apoyo educativo, describe un entorno donde tanto estudiantes como docentes lidian con las limitaciones de infraestructura, recursos, pese a esto, se esfuerzan por brindar una educación inclusiva.

Adaptaciones y readecuaciones constantes

El Liceo Veracruz sigue el mismo programa educativo establecido por el Ministerio de Educación Pública (MEP) que los colegios urbanos de San José o Heredia. Sin embargo, la realidad en un entorno rural exige ajustes significativos.

La mayoría de los estudiantes deben viajar entre una, una hora y media para llegar al centro educativo, situación que obliga a los docentes a modificar estrategias y metodologías de enseñanza para adaptarlas a las necesidades de los alumnos.

Con una matrícula de 147 estudiantes, de los cuales 120 de zonas alejadas al liceo.

Además, la institución tiene 14 estudiantes con adecuaciones curriculares significativas y 13 con adecuaciones no significativas, además de tres adecuaciones de acceso.

Los profesores ofrecen apoyo continuo en el aula, explicando nuevamente y adaptando los temas según sea necesario para que los estudiantes puedan comprender los contenidos.

Carencias de infraestructura y recursos

Una de las mayores carencias es la falta de un aula de apoyo y de docentes especializados en áreas como LESCO (Lengua de Señas Costarricense) y educación inclusiva.

Espinoza expresa su preocupación ante la posibilidad de recibir un estudiante con alguna discapacidad física, ya que el colegio no cuenta con rampas de acceso ni servicios sanitarios adecuados, violando la Ley 7600 de igualdad de oportunidades para personas con discapacidad.

El espacio educativo, actualmente un gimnasio dividido por mamparas, dificulta el proceso de enseñanza, especialmente cuando el ruido interfiere con las clases.

La labor solidaria del docente rural

Los educadores del Liceo Veracruz asumen gastos que el colegio no puede cubrir. Espinoza relata cómo los docentes a menudo deben pagar materiales como copias, mapas y folletos para sus estudiantes, en especial para aquellos que presentan dificultades en áreas como la lectura.

Las familias de los estudiantes, la mayoría con ingresos semanales de 70.000 a 80.000 colones, enfrentan problemas económicos que limitan el aporte a la institución.

Los profesores regalan materiales, ya que no pueden imponer un gasto a sus alumnos.

Capacitación y tecnología: la inclusión posible, pero limitada

A pesar de la distancia, los docentes reciben capacitaciones en temas de inteligencia artificial y computación a través de plataformas como TEAMS, en su mayoría virtuales. Estas capacitaciones pretenden brindar herramientas para mejorar la inclusión educativa, pero Espinoza subraya que aún falta un apoyo específico para el contexto rural.

La institución carece de material tecnológico suficiente, y los recursos para adaptar las clases a estudiantes con problemas de aprendizaje son escasos.

Un esfuerzo constante por la inclusión

Pese a las limitaciones, William Espinoza Lobo afirma que el cuerpo docente del Liceo Veracruz está comprometido con sus estudiantes y dispuesto a hacer los esfuerzos necesarios para que todos reciban una educación digna.

Sin embargo, enfatiza que la educación rural en Costa Rica requiere una intervención significativa, con recursos, infraestructura y capacitación que permita a las instituciones cumplir con los estándares del MEP de manera efectiva.

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