El acelerado crecimiento de la población adulta mayor representa uno de los principales desafíos sociales que enfrentará Costa Rica en los próximos años. Este fue uno de los mensajes centrales expuestos por Juan José Granados Muñoz, director del proyecto Somos 65+, durante el taller «Promotor de Envejecimiento Activo y Saludable», realizado el pasado 11 de julio en la Iglesia RHEMA, en Las Catalinas de Tejar de El Guarco.
Ante decenas de personas adultas mayores y líderes comunitarios, Granados explicó que el envejecimiento poblacional no debe verse como un problema, sino como una oportunidad para construir una sociedad más inclusiva, solidaria y preparada para responder a las nuevas necesidades de la población.
Un cambio demográfico sin precedentes
Durante su conferencia, el expositor recordó que Costa Rica atraviesa una profunda transformación demográfica impulsada por el aumento en la esperanza de vida y la disminución de la natalidad.
Esta realidad provocará que, en pocos años, el país cuente con una proporción cada vez mayor de personas adultas mayores, lo que demandará cambios importantes en las políticas públicas, los servicios de salud, la infraestructura urbana, el transporte, la recreación y los programas de inclusión social.
Granados señaló que este fenómeno no es exclusivo de Costa Rica, sino una tendencia mundial que ya experimentan países de Europa, Asia, América y otras regiones.
Cartago entre las provincias con mayor envejecimiento
Uno de los aspectos destacados durante la actividad fue la referencia al papel que desempeñará la provincia de Cartago dentro de esta transición demográfica.
Según explicó el director de Somos 65+, distintos estudios proyectan que Cartago será una de las provincias donde el crecimiento de la población adulta mayor tendrá un impacto significativo durante las próximas décadas.
Esta situación obliga a fortalecer desde ahora programas comunitarios que promuevan la salud, la accesibilidad, la participación ciudadana y la integración social de este sector de la población.
Asimismo, hizo un llamado a las instituciones públicas, gobiernos locales, organizaciones religiosas y sociedad civil para trabajar de manera articulada en la construcción de comunidades más amigables con las personas mayores.
Vivir más, pero vivir mejor
Granados insistió en que el verdadero objetivo no consiste únicamente en aumentar la esperanza de vida.
«La meta debe ser llegar a edades avanzadas con salud, independencia, participación y calidad de vida», manifestó durante su exposición.
Explicó que el envejecimiento saludable implica mantener hábitos adecuados de alimentación, actividad física, aprendizaje permanente, participación comunitaria, vida espiritual y relaciones sociales que favorezcan el bienestar integral.
También recordó que el proceso de envejecimiento comienza desde el nacimiento, por lo que la preparación para esta etapa debe iniciar mucho antes de alcanzar la jubilación.
La importancia de planificar el proyecto de vida
Otro de los temas abordados fue la necesidad de que las personas planifiquen su proyecto de vida para la etapa posterior al retiro laboral.
Granados indicó que muchas personas llegan a la jubilación sin haber definido nuevas metas personales, sociales o familiares, lo que puede generar sentimientos de vacío o aislamiento.
Por ello, recomendó mantener actividades que permitan continuar aprendiendo, desarrollando talentos, realizando voluntariado, fortaleciendo la espiritualidad y participando activamente en la comunidad.
A su juicio, la jubilación no representa el final de una vida útil, sino el inicio de una etapa con nuevas oportunidades para contribuir a la sociedad.
Aprender de las experiencias internacionales
Durante la conferencia también compartió ejemplos de iniciativas implementadas en otros países para favorecer el bienestar de las personas adultas mayores.
Entre ellas mencionó experiencias desarrolladas en Dinamarca, donde algunos supermercados cuentan con cajas de atención diseñadas para fomentar la conversación entre los clientes mayores y el personal, contribuyendo así a reducir la soledad.
Asimismo, destacó programas impulsados en Grecia para promover comercios amigables con las personas adultas mayores, facilitando una atención más inclusiva y respetuosa.
Granados señaló que Costa Rica puede adaptar muchas de estas buenas prácticas, considerando siempre las características culturales y sociales de cada comunidad.
Combatir la soledad desde la comunidad
Uno de los llamados más insistentes del expositor fue fortalecer las redes de apoyo comunitarias.
Explicó que muchas personas adultas mayores no enfrentan únicamente dificultades económicas o problemas de salud, sino también la ausencia de compañía y de espacios donde puedan sentirse escuchadas y valoradas.
En ese sentido, destacó el papel que desempeñan las iglesias, asociaciones comunales, grupos organizados y organizaciones de voluntariado para prevenir el aislamiento social.
Indicó que una visita, una llamada telefónica o una conversación pueden convertirse en acciones sencillas con un enorme impacto emocional.
La Iglesia como espacio de integración
El taller realizado en la Iglesia RHEMA evidenció el papel que pueden desempeñar las comunidades de fe en la promoción del envejecimiento activo.
Además de la conferencia principal, la jornada incluyó momentos de convivencia, reflexión, oración, testimonios y expresiones artísticas que fortalecieron el sentido de pertenencia entre los asistentes.
Los organizadores también reconocieron la trayectoria del expositor y resaltaron la importancia de continuar desarrollando actividades que integren la dimensión espiritual con la promoción de estilos de vida saludables.
Un compromiso para toda la sociedad
Al concluir la actividad, quedó claro que el envejecimiento poblacional constituye uno de los mayores retos sociales del siglo XXI.
Sin embargo, el mensaje compartido durante el taller fue optimista: una sociedad preparada para envejecer no solo mejora la calidad de vida de las personas mayores, sino que también fortalece la convivencia, la solidaridad intergeneracional y el respeto por la experiencia acumulada.
La jornada desarrollada en Tejar de El Guarco dejó una reflexión que trasciende a las personas adultas mayores: prepararse para el envejecimiento es una responsabilidad compartida por familias, comunidades, instituciones y gobiernos. Construir entornos inclusivos desde hoy permitirá que las futuras generaciones vivan una vejez con mayor dignidad, participación y bienestar.







