Diseñado por un arquitecto italiano y con más de cien años de historia, el puente del distrito de Tures podría ser demolido en las próximas semanas. La comunidad alza la voz en defensa de su patrimonio.
SANTO DOMINGO, HEREDIA – En el corazón del distrito de Tures, sobre el río del mismo nombre, descansa desde finales del siglo XIX una joya de la ingeniería clásica: un puente de arco romano diseñado por un arquitecto italiano que ha resistido el paso del tiempo, las crecientes del río y la transformación del entorno urbano. Sin embargo, su destino está en juego.
Un grupo de vecinos organizados ha iniciado una cruzada ciudadana para evitar que el histórico puente sea demolido por decisión del Consejo Nacional de Vialidad (CONAVI), que planea construir en su lugar una nueva estructura vehicular como parte de un proyecto de mejora en la ruta nacional que atraviesa la zona.
Un legado en peligro
El puente, cuya construcción data de hace más de 100 años, es considerado por muchos un símbolo de identidad local. Su diseño de arco romano, inusual en la infraestructura costarricense, ha captado el interés de historiadores, arquitectos y defensores del patrimonio cultural.
“Esto no es solo un puente: es parte de la historia viva de Santo Domingo. Lo cruzaron nuestros abuelos y bisabuelos, y aún hoy sigue cumpliendo su función. Sustituirlo sin buscar opciones de conservación es una falta de respeto a nuestra memoria colectiva”, comentó Gabriela Monge, vecina de la comunidad y vocera del movimiento ciudadano.
El avance de las obras y el choque de competencias
Pese a las gestiones de los vecinos y su llamado a considerar soluciones alternativas, CONAVI ha confirmado que este mes iniciarán las obras para la construcción de un nuevo puente, con una duración estimada de nueve meses y cierre total del paso vehicular.
La Municipalidad de Santo Domingo, por su parte, ha manifestado que no tiene injerencia directa sobre la ruta en cuestión, ya que se trata de una vía nacional bajo control del Gobierno Central.
“Nos duele como gobierno local ver la preocupación de la comunidad. Pero no tenemos competencia sobre esta infraestructura. Sí hemos hecho gestiones de acompañamiento, pero la decisión corresponde a CONAVI”, explicó una fuente de la alcaldía que pidió reserva de su nombre.
¿Demoler o integrar?
La comunidad ha propuesto que se evalúe la posibilidad de construir el nuevo puente sin demoler el antiguo, dejando la estructura original como paso peatonal, mirador turístico o elemento decorativo e histórico. Esta alternativa ha sido aplicada en otros países como parte de políticas de integración patrimonial en obras modernas.
“Costa Rica tiene una deuda pendiente con la protección de su patrimonio arquitectónico. No podemos seguir perdiendo piezas únicas bajo el argumento de la modernización sin antes agotar todas las opciones de conservación”, señaló el arquitecto e historiador Francisco Alvarado, quien ha documentado casos similares en Europa y América Latina.
Un llamado a las instituciones patrimoniales
Ante la inminencia del inicio de las obras, los vecinos están solicitando la intervención urgente del Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura y Juventud, así como del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA), con el fin de promover una declaratoria de interés histórico-cultural o, al menos, la suspensión temporal de la demolición para abrir un proceso de diálogo.
“El patrimonio no se reconstruye. Lo que se pierde hoy, no lo recuperamos mañana. Por eso hacemos un llamado a las autoridades, a los colegios profesionales, a las universidades, a que se pronuncien antes de que sea demasiado tarde”, concluyó Monge.
¿Modernización sin memoria?
El caso del puente de Tures abre un debate más amplio sobre cómo se están tomando las decisiones en materia de infraestructura en Costa Rica. ¿Es posible modernizar sin borrar el pasado? ¿Qué peso tienen las comunidades en la planificación de las obras públicas? ¿Cuánto vale la historia frente al concreto nuevo?
Mientras las máquinas esperan para iniciar los trabajos, los vecinos continúan su lucha, convencidos de que todavía hay tiempo para salvar el puente y, con él, una parte invaluable del alma de Santo Domingo.










