Costa Rica, aclamada como modelo de turismo sostenible en América Latina, enfrenta una creciente presión por la llegada masiva de turistas, incluidos los visitantes de cruceros. Mientras operadores locales y expertos resaltan el éxito del modelo basado en la conservación y la biodiversidad, también advierten sobre los riesgos de un enfoque descontrolado hacia el turismo masivo.
Un país biodiverso que lidera en sostenibilidad
Desde el aire, el bosque tropical de Costa Rica se despliega como un mosaico verde lleno de vida. Así lo describe Jurgen Stein, fundador de la reserva biológica Selva Bananito, quien combina conservación y turismo en una experiencia única para sus visitantes. Costa Rica alberga el 6,5% de la biodiversidad global, y sus políticas de protección ambiental han permitido revertir la deforestación, con bosques que ahora cubren el 57% del territorio.
Este esfuerzo ha ido de la mano del turismo sostenible, que se convirtió en un motor económico en los años 80. William Rodríguez López, ministro de Turismo, explica que el país capitalizó su riqueza natural en lugar de competir con los destinos de playa masiva como México o el Caribe. Esto permitió atraer visitantes interesados en ecoturismo, lo que en 2023 representó el 8,2% del PIB y empleó al 21,3% de la fuerza laboral.
Una industria en crecimiento, pero no existen riesgos.
El éxito del turismo sostenible ha atraído a millones de visitantes al país, con un promedio de 2,7 millones de turistas en 2023. Sin embargo, el aumento de la demanda plantea desafíos significativos. Operadores como Stein han documentado una creciente deforestación asociada con actividades agrícolas ilegales y tala para proyectos inmobiliarios. “Estamos vendiendo el país a quienes buscan su segunda casa, lo que pone en peligro nuestras áreas protegidas”, advierte.
La llegada de cruceros también ha disparado las alarmas. En los últimos años, 407 barcos desembarcaron más de 350.000 turistas en las costas de Costa Rica, lo que genera preocupaciones ambientales y económicas. Glenn Jampol, presidente de la Red de Ecoturismo Global, critica este modelo: “Los cruceros son los peores contaminantes sociales: no benefician a las comunidades locales y dejan un impacto negativo en el medio ambiente”.
El dilema entre cantidad y calidad
Los expertos coinciden en que el turismo masivo amenaza con erosionar las bases del modelo sostenible de Costa Rica. La clave del éxito ha sido atraer a turistas con alto poder adquisitivo, quienes permanecen en promedio 13 días y gastan más de 1.700 dólares. Sin embargo, este equilibrio es frágil. “No queremos más turismo, queremos mejor turismo”, afirma Jampol, quien enfatiza la necesidad de priorizar la calidad sobre la cantidad.
El ministro Rodríguez López respalda esta visión: “Un destino como el nuestro, donde la materia prima es la naturaleza, no puede crecer de manera indefinida. El turismo masivo no es sostenible para Costa Rica.”
El futuro del turismo sostenible
El modelo costarricense de turismo sostenible es un referente global, pero enfrenta el reto de mantenerse fiel a sus principios en un mercado en expansión. Operadores y autoridades deben encontrar formas de mitigar los impactos negativos del turismo masivo, promoviendo inversiones en conservación y reforzando las políticas ambientales.
Para Costa Rica, el desafío no solo es mantener su liderazgo en turismo sostenible, sino también proteger su mayor activo: la biodiversidad que lo convirtió en un destino único. La apuesta está en que “menos es más” cuando se trata de preservar un modelo que beneficia tanto a la naturaleza como a las comunidades locales.









