De periodista a vendedor: una experiencia para concientizar sobre discapacidad
Cartago, 12 de setiembre de 2026. — Hay experiencias que obligan a mirar la realidad desde otro lugar. Este 12 de setiembre, en medio de las celebraciones patrias y de la Feria de la Cultura Popular “Guillermo Martínez Solano” 2026, organizada por la Casa de la Ciudad del Tecnológico de Costa Rica (TEC), tuve la oportunidad de vivir una de esas experiencias.
Como periodista, secretario de la Asociación Agencia para el Desarrollo Accesible Sin Fronteras (ADASFRO) y coordinador de Inclusión Social del Sindicato de Periodistas y Comunicadores de Costa Rica, estoy acostumbrado a comunicar, informar y visibilizar las situaciones que enfrentan las personas con discapacidad.
Sin embargo, esta vez decidí llevar ese mensaje a un escenario diferente: salir del papel y ponerme a vender jugos para apoyar las actividades de nuestra asociación.
La experiencia tuvo un significado especial.
Durante la jornada, mientras recorría el espacio y ofrecía los productos, pude experimentar directamente lo que significa acercarse a las personas, explicar quiénes somos, conversar con ellas y procurar que una actividad económica también se convierta en una oportunidad para generar conciencia.
No se trataba únicamente de vender un jugo.
Detrás de cada venta estaba el propósito de contribuir al trabajo que realiza ADASFRO y, al mismo tiempo, demostrar que las personas con discapacidad también podemos participar activamente en actividades económicas, sociales y comunitarias.
Cuando la inclusión se vive
Hablar de inclusión social es relativamente sencillo. Lo verdaderamente importante es vivirla y hacerla visible.
En muchas ocasiones, las personas con discapacidad somos observadas desde la perspectiva de las limitaciones. Esta experiencia me permitió recordar algo fundamental: cuando existen oportunidades, apoyos y espacios accesibles, podemos desarrollar diferentes actividades y aportar a nuestra comunidad.
La venta de jugos se convirtió así en una pequeña experiencia de emprendimiento, pero también en un ejercicio de interacción social.
Cada persona que se acercaba representaba una oportunidad para conversar, explicar el trabajo de la organización y compartir nuestro mensaje. Algunas personas compraban; otras simplemente escuchaban. Y ambas situaciones tenían valor.
Porque la concientización también comienza con una conversación.
Una feria que celebra la cultura y la participación
La actividad se desarrolló en el marco de la Feria de la Cultura Popular “Guillermo Martínez Solano” 2026, que reúne emprendimientos, artesanos, gastronomía tradicional, talleres y presentaciones culturales como parte de las celebraciones de la Independencia.
El homenajeado, Guillermo Martínez Solano, maestro de la mascarada tradicional y Premio Nacional de Cultura Popular Tradicional 2008, dedicó buena parte de su vida a preservar las tradiciones costarricenses.
Y precisamente esa idea de preservar y transmitir aquello que nos identifica también puede relacionarse con la inclusión: una sociedad se construye cuando todas las personas tienen la posibilidad de participar en ella.
Desde esa perspectiva, estar presente en una actividad cultural y comercial como persona con discapacidad no debe verse como algo extraordinario. Debe convertirse, poco a poco, en algo normal.
Una sensación difícil de explicar
Personalmente, la sensación que me dejó esta jornada fue diferente a la que experimento cuando realizo una entrevista, redacto una noticia o participo en una actividad institucional.
Esta vez no estaba detrás de una computadora ni tomando apuntes.
Estaba frente a las personas, ofreciendo un producto y representando, desde una acción sencilla, una causa mucho más amplia.
Sentí satisfacción al comprobar que una actividad aparentemente cotidiana puede convertirse en una herramienta de sensibilización.
También fue una experiencia de aprendizaje. Vender implica acercarse, comunicarse, aceptar un “sí” y también un “no”, mantener la actitud y continuar. Es una dinámica que permite comprender mejor los desafíos que enfrentan muchas personas que buscan generar ingresos mediante pequeños emprendimientos.
La discapacidad no debe definir nuestras posibilidades
Como periodista y como persona vinculada al movimiento asociativo de la discapacidad, considero que estas experiencias son importantes porque permiten cambiar la mirada.
La inclusión no consiste únicamente en hablar de derechos, leyes, accesibilidad o políticas públicas. Todo eso es fundamental, pero también necesitamos espacios donde las personas con discapacidad podamos participar, trabajar, emprender, comunicarnos y relacionarnos con la sociedad en igualdad de condiciones.
Este 12 de setiembre, la venta de unos jugos me dejó precisamente esa reflexión.
A veces, para concientizar, no hace falta pronunciar un gran discurso.
A veces basta con ponerse frente a una mesa, ofrecer un producto, conversar con alguien y demostrar que detrás de una persona con discapacidad existe una persona con capacidades, sueños, responsabilidades y deseos de aportar a la sociedad.
La jornada en la Casa de la Ciudad del TEC fue, para mí, mucho más que una actividad de venta.
Fue una experiencia de participación, aprendizaje y sensibilización.
Y también una oportunidad para recordar que la inclusión no solamente se escribe.
La inclusión se vive.










