Nacido el 28 de diciembre de 1926 en Oreamuno de Cartago, Martínez Solano aprendió desde niño el oficio de confeccionar máscaras. El Sistema de Información Cultural de Costa Rica señala que comenzó a trabajar con materiales como arcilla, barro y papel, una práctica que posteriormente convirtió en una verdadera vocación de vida.
Su trayectoria estuvo estrechamente vinculada con su hermano Avelino Martínez, con quien mantuvo la tradición familiar de la mascarada. Sus creaciones dieron vida a personajes que durante décadas acompañaron fiestas patronales, turnos y celebraciones populares en Cartago y otras comunidades del país.
Un maestro de generaciones
Más allá de fabricar máscaras, Martínez Solano asumió una importante labor como educador y promotor cultural. Impartió talleres en escuelas, colegios, instituciones públicas y privadas, centros penitenciarios y espacios comunitarios, transmitiendo sus conocimientos a niños, jóvenes, personas privadas de libertad y otros sectores de la población.
Su trabajo también quedó registrado en una publicación de la Universidad de Costa Rica, donde aparece como instructor mascarero e informante principal del manual Procedimientos básicos para la elaboración de máscaras con técnicas artesanales, publicado en 2013.
Entre los personajes asociados con la tradición de los hermanos Martínez estuvieron El Policía de la Esquina, Julito y Julita, además de otros personajes que formaron parte de las mascaradas de las comunidades cartaginesas.
Premio Nacional de Cultura Popular
El reconocimiento a su trayectoria llegó en 2008, cuando recibió el Premio Nacional de Cultura Popular Tradicional, otorgado por el Ministerio de Cultura y Juventud.
El jurado destacó su trabajo de rescate y promoción de la mascarada tradicional costarricense, así como la labor educativa desarrollada mediante talleres. El reconocimiento consideró que su trabajo había contribuido a mantener esta tradición como parte de la identidad cultural costarricense.
Martínez Solano no concebía la mascarada únicamente como una actividad comercial. En declaraciones recogidas por La Nación después de recibir el premio, expresó que su principal interés era mantener la tradición entre las nuevas generaciones.
Un legado que permanece
Guillermo Martínez Solano falleció en julio de 2013, pero su legado continúa presente en las actividades culturales de Cartago. Su taller en San Rafael de Oreamuno se convirtió durante años en un punto de encuentro para quienes querían conocer y aprender el arte de elaborar máscaras.
Su figura también ha sido homenajeada después de su muerte. La Casa de la Ciudad del Tecnológico de Costa Rica (TEC) bautizó con su nombre la Feria de la Cultura Popular “Guillermo Martínez Solano”, dedicada a promover el trabajo de artesanos , artesanas y a mantener vivas las tradiciones costarricenses.
La elección de su nombre para esta feria representa, en ese sentido, mucho más que un homenaje personal: es un reconocimiento a una vida dedicada a demostrar que las tradiciones populares también son una forma de preservar la historia y la identidad de los pueblos.









