Una tragedia de proporciones devastadoras golpeó el corazón del llamado Hill Country en Texas este viernes 4 de julio, cuando lluvias intensas e inesperadas provocaron el desbordamiento violento del río Guadalupe, dejando un saldo preliminar de al menos 24 personas fallecidas, más de 200 evacuadas y entre 23 y 25 menores aún desaparecidos en el campamento de verano Camp Mystic.
Lo que debía ser un día festivo y familiar terminó en horror para muchas familias, especialmente aquellas que tenían hijos en los campamentos de la región. Las autoridades calificaron el desastre como un «evento de víctimas masivas», y las imágenes que llegan desde la zona muestran una escena de desolación: vehículos arrastrados por la corriente, árboles derribados, caminos desaparecidos y estructuras reducidas a escombros a orillas del río.
Una crecida sin precedentes
Según explicó Dalton Rice, administrador de la ciudad de Kerrville, la crecida fue súbita y brutal. “En cuestión de minutos, el nivel del agua en el afluente sur del Guadalupe subió de 7 a 29 pies”, dijo Rice. El caudal se intensificó por una tormenta inesperada que superó las proyecciones del Servicio Meteorológico Nacional. «El río alcanzó su segundo nivel más alto desde que hay registros, incluso superando la famosa inundación de 1987», añadió.
La tormenta golpeó sin previo aviso. El vicegobernador Dan Patrick —que estaba ejerciendo como gobernador interino— afirmó que «no había caído una sola gota hasta que, repentinamente, llegó la tragedia». En menos de 45 minutos, el Guadalupe subió 26 pies, sorprendiendo a toda la región.
Campamentos infantiles arrasados
Uno de los escenarios más dramáticos se vivió en Camp Mystic, un campamento de verano para niñas con unos 750 menores al momento del desastre. Allí, los equipos de rescate aún no han podido localizar a entre 23 y 25 niñas, a pesar de los intensos operativos que incluyen helicópteros, drones, botes y buzos especializados.
“Sabemos que algunos niños se salvaron gracias a la acción rápida de sus monitores”, relató Elizabeth Lester, madre de dos menores que estaban en campamentos distintos. Su hija, Elinor, fue evacuada en helicóptero desde una cabaña elevada. Su hijo, en otro campamento, escapó tras nadar por una ventana. Pero no todas las historias tienen final feliz. “Mi familia está a salvo, pero saber que otras madres aún no saben dónde están sus hijos me parte el alma”, confesó Lester.
Respuesta estatal y federal
En una rueda de prensa desde Kerrville, el gobernador Greg Abbott firmó una declaratoria de desastre para varios condados del estado. “Utilizaremos todos los recursos posibles del Estado de Texas para encontrar a cada persona y apoyar a las familias afectadas”, aseguró.
El presidente Donald Trump, en declaraciones a bordo del Air Force One, calificó el desastre como “algo terrible” y prometió apoyo federal. “Vamos a trabajar con Abbott para brindar toda la ayuda necesaria”, afirmó.
Por su parte, el senador Ted Cruz dijo haber hablado con Trump y con las autoridades estatales. “El presidente ha prometido TODO lo que Texas necesite”, publicó en sus redes sociales.
“No había sistema de alerta”
Una de las críticas más graves surgió del juez del condado de Kerr, Rob Kelly, quien admitió que la zona no cuenta con un sistema de alerta temprana. “No teníamos ninguna razón para pensar que algo así iba a pasar. Fue totalmente inesperado”, dijo.
Este hecho es especialmente grave considerando que Camp Mystic y otros campamentos de verano se ubican en una región conocida como “Flash Flood Alley” (el callejón de las inundaciones relámpago), por su geografía propensa a crecidas súbitas.
Llamado a la solidaridad y precaución
El Centro Comunitario de Reunificación Familiar en Ingram se convirtió en el punto de encuentro para sobrevivientes y familias angustiadas. Mientras tanto, la Fundación Comunitaria del Hill Country está recolectando donaciones para apoyar a las organizaciones de respuesta a emergencias.
La situación aún es crítica. Autoridades advierten que las condiciones meteorológicas siguen siendo peligrosas. “Si no vive aquí, no venga”, advirtieron.
Mientras la cifra de víctimas podría aumentar en las próximas horas, Texas entra en un periodo de duelo, reflexión y —según las autoridades— de lecciones duras sobre preparación ante desastres naturales cada vez más extremos.









