Que vivan los estudiantes!

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Francia fue, en la primavera boreal de 1978 -mayo y junio-, escenario de masivas manifestaciones -principalmente en París- en las que miles de estudiantes -a quienes se sumaron trabajadores de diversos sindicatos- protestaron contra el sistema económico y político imperante en el país europeo -con eco internacional, incluida América Latina-.

Túnez se convirtió, el 17 de diciembre de 2010, en el lugar donde estalló el masivo movimiento popular denominado Primavera Árabe, que se extendió -con la consigna común “ash-sha’b yurīd isqāt an-nizām (transliteración del árabe: “el pueblo quiere derribar al régimen) a otros países -incluidos Egipto y Libia, aún gobernados por íconos del Tercer Mundo tales como, respectivamente, Hosni Mubarak (1981-2011) y Muammar Gaddafi (1969-2011)-, generando algunos cambios políticos radicales en ese sector del planeta.

Algo más de una década después, la primavera universitaria, eclosionada el 17 de abril de 2024, en la estadounidense Universidad de Columbia, se extiende -por ahora- a más de una decena de países, también escenarios de masivas manifestaciones contra el genocidio que el régimen israelí está perpetrando en la palestina Franja de Gaza.

Diferentes primaveras generadas por un sentimiento común -por encima de culturas, de contextos políticos y económicos diversos-: el hartazgo de la gente -la mayoritaria población, la que está en la base de la universalmente injusta pirámide social- respecto a la privilegiadas clases política, económica, militar.

El estudiantado es parte esencial del cimiento de toda protesta popular masiva.

América Latina es uno de los espacios mundiales donde los estudiantes han desempeñado un papel protagónico, ubicándose en la primera línea de choque durante la tradicional/inevitable represión policial/militar.

Ello, no obstante el implícito sacrificio de vidas.

Entre otros paradigmáticos ejemplos regionales, surgen, en el tiempo de las décadas de 1960 y 1970, Uruguay y Puerto Rico.

Ese período fue marcado, a nivel latinoamericano en general -incluido el históricamente democrático Uruguay-, por sanguinarias y corruptas dictaduras militares, mietras que, en Puerto Rico -en su condición de Commonwealth (Estado Libre Asociado) de Estados Unidos-, por el repudio particularmente fuerte a la histórica presencia -y represión- militar del invasor país norteamericano.

La militarización avanzaba, indetenible, en 1968, en Uruguay, avasallando, en la comisión de violaciones a los derechos humanos -incluidos crímenes de lesa humanidad-, la sólida democracia que mantenía, al rioplatense país sudamericano, como una isla en el mar de regímenes de facto que sojuzgaban a América Latina -la otra isla democrática, era la centroamericana Costa Rica-.

Entre otras coincidencias que históricamente han presentado los dos países, Uruguay
-antes de la dictadura militar (1973-1985)- fue apodado “La Suiza Latinoamericana”, y Costa Rica -luego de la Revolución del ’48- pasó a ser conocida como “La Suiza Centroamericana” -algo que destaca una canción del folclore tico-.

El considerablemente veloz empoderamiento militar uruguayo fue enfrentado, desde sus primeras expresiones, por el repudio de la mayoría de los orientales -como los uruguayos se autodescriben, por estar al oriente del Río Uruguay-.

La gente respondió, así, al nacional gen democrático, reafirmando, además el mandato del máximo héroe independentista uruguayo -el general José Artigas (1764-1850)-, quien determinó, en 1816, la consigna de su ejército libertador: “sean, los orientales, tan ilustrados como valientes”.

Esa valentía quedó demostrada en las manifestaciones antimilitaristas que, no obstante la represión policial/militar, tuvieron lugar, al final de los ‘60s, principalmente en Montevideo -la capital nacional-, durante el régimen del gris boxeador y mediocre ex diputado Jorge “Bocha” Pacheco -el presidente inicial de la serie de “gobiernos cívico-militares”, o sea: presidentes civiles manejados por la cúpula uniformada-.

El primer alumno universitario asesinado por la represión policial, en Uruguay, fue Líber Arce -cuyo nombre se convirtió en consigna para las futuras e igualmente reprimidas marchas opositoras: “Liberarse!”-, quien falleció el 14 de agosto de 1968 -dos días después de haber sufrido una herida de bala, durante una manifestación estudiantil.

Le siguieron, casi un mes después, Susana Pinto y Hugo de los Santos, fatalmente heridos, el 20 de setiembre, durante una marcha universitaria que también fue reprimida a balazos, acción asesina en cuyo desarrollo efectivos policiales dispararon contra ambulancias que trasladaban a manifestantes baleados.

En Puerto Rico, una protesta contra la presencia militar estadounidense en la isla caribeña, culminó, casi dos años después, en el asesinato policial, la noche del 4 de marzo de 1970, en San Juan -la capital nacional-, de la estudiante universitaria Antonia Martínez.

El alumnado repudiaba, en el campus de la estatal Universidad de Puerto Rico (UPR), la operación -dentro del área de ese centro de estudios superiores-, de una sede militar estadounidense -específicamente, del Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de la Reserva (Reserve Officers’ Training Corps, Rotc).

Por definición oficial, el Rotc “es un programa de capacitación y desarrollo de liderazgo que prepara a estudiantes universitarios de tiempo completo para oportunidades de servicio en el Ejército, el Cuerpo de Infantería de Marina, la Marina, la Fuerza Aérea, y la Fuerza Espacial”.

“Ingresar al Rotc abre una puerta al desarrollo de habilidades profesionales, oportunidades de becas y asistencia en matrícula, y, al completar, el rango de oficial”, agrega.

“Hoy, el Rotc se ofrece en más 1,700 universidades” en territorio de Estados Unidos -lo que incluye a Puerto Rico-, según la misma fuente.

Al huir, esa noche, de la brutal represión perpetrada, dentro del área de la UPR, por la División de Operaciones Tácticas (DOP) -más conocida como “la fuerza de choque”- del Negociado (Departamento) de la Policía de Puerto Rico, un grupo de estudiantes -Martínez, entre ellos-, se refugió en un hospedaje (residencia para alumnos universitarios).

Junto con algunos compañeros, Martínez se asomó a un balcón del edificio, ante lo cual un efectivo de la DOP efectuó un disparo que, habiendo atravesado el cuello de un estudiante
-quien sobrevivió a la herida-, impactó, en la cabeza, a la joven.

No obstante las exhortaciones de varios alumnos, en el sentido de que ayudasen a trasladarla a un hospital, los agentes represores no lo hicieron, lo que determinó que la víctima falleciera.

Más de medio siglo después de esos brutales hechos, la primavera estadounidense 2024 también se presenta como un momento de protesta estudiantil, en este caso, contra el genocidio que las Fuerzas de Defensa de Israel (Israel Defense Forces, IDF) perpetran, desde el 7 de octubre de 2023, en Gaza, y también contra el apoyo -material y político- del gobierno de Estados Unidos a esa bestialidad.

La chispa que encendió el masivo repudio de un amplio sector del estudiantado de ese país norteamericano, se generó, el 17 de abril, en la Universidad de Columbia, en la nororiental ciudad de Nueva York.

El repudio a la limpieza étnica que el sionismo belicista implementa en Gaza, se viralizó, escenificándose en instalaciones de aproximadamente una veintena de universidades -hasta el momento de redactar esta nota- en estados tales como Arizona, Atlanta, California, Florida, Illinois, Indiana, Massachusetts, Nuevo México, Ohio, Pennsylvania, Texas.

En las protestas -consistentes en campamentos que alojan, en cada caso, a centenares de personas-, participan, principalmente, estudiantes universitarios, además de docentes y trabajadores administrativos.

La respuesta ha sido brutal represión policial, dentro de los campus, resultando en centenares de detenciones de personas impunemente agredidas en un contexto de flagrante abuso de autoridad.

La violencia contra los acampados ha incluido golpes y otros excesos de fuerza física, sujeción con esposas, uso de irritantes químicos lo mismo que de pistolas paralizantes (tasers).

Las escenas recuerdan, por ejemplo, la brutal persecución policial/militar, en la sede de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah) -bajo el rectorado (2009-2013, 2013) de Julieta Castellanos-, contra estudiantes quienes participaban en manifestaciones contra el cruento golpe de Estado de 2009 en ese país centroamericano.

La presente primavera universitaria estadounidense, está teniendo eco en varios países -por ejemplo, Alemania, Australia, Brasil, España, Francia, Italia, México, Nueva Zelanda, Perú, Uruguay, Venezuela-.

La sensible cantautora popular chilena Violeta Parra (1917-1967) homenajeó, en 1962, con “Me gustan los estudiantes”, la valentía de los alumnos: “que vivan los estudiantes/jardín de las alegrías/son aves que no se asustan de animal ni policía/y no le asustan las balas/ni el ladrar de la jauría”.

Pero, carentes de sensibilidad social, los partidarios estadounidenses del exterminio étnico que las IDF están perpetrando en Gaza -incluidos los medios de comunicación que los apoyan, en flagrante traición al periodismo-, están reaccionando como no podía ser de otra manera: satanizando al masivo movimiento universitario -algo en lo cual, como tampoco podía ser de otra manera, Netanyahu también ha incurrido-.

En su mediocre y manipuladora negación de la realidad, el sionismo belicista etiqueta, cualquier reclamo de fin de la atrocidad en Gaza, como antisemitismo.

Por lo tanto, en un insultante mensaje de poco más de dos minutos, contenido en un video que difundió, el 24 de abril, el criminal guerrerista aseveró: “lo que está ocurriendo, en los campus universitarios de Estados Unidos, es horrible”.

“Turbas antisemitas han tomado control de destacadas universidades (…) es inconcebible, hay que detenerlo (…) hay que hacer más”, dijo, en grosera violación de la soberanía estadounidense, recomendando -como el guerrerista que es- más represión armada contra los manifestantes.

La falsedad de esas obscenas manifestaciones, muestra el burdo afán manipulador de presentar, a la parte agresora -el régimen israelí-, como la parte agredida -o sea: presentar, a la parte que brutalmente victimiza, como la parte injustamente victimizada-.

La verdad es incontestable, irrefutable, innegable, está más que probada, y sostenerla no es sinónimo de antisemitismo, ni de antijudaísmo, ni de antisionismo, ni de propalestinismo.

Denunciar los monumentales crímenes de lesa humanidad que Netanyahu y su cómplice gabinete de guerra -incluidas las IDF, desde la cúpula asesina hasta la turba de base, la soldadesca- están perpetrando contra los palestinos de Gaza, no es antisemita.

Exigir el fin del ensañamiento contra civiles -niños y mujeres, mayoritariamente- que nada tienen que ver con la criminal connivencia Israel-Hamas, no es antisemita.

Condenar el doble discurso del gobierno estadounidense, que apoya política, financiera, y militarmente a Israel, al tiempo que, hipócritamente, se declara preocupado por la población civil, no es antisemita.

Solidarizarse con los palestinos, agredidos, desde 1948, por el sionismo imperialista/anexionista/guerrerista, no es antisemita.

Encarar a Netanyahu como el corrupto criminal que es, en su apuesta por la guerra para tratar de salvarse de las acusaciones penales que enfrenta, entre otros delitos, por los generosos sobornos que -junto con su esposa, Sara Netanyahu- recibe -por ejemplo, en dinero y joyas- a cambio de favores para turbios personajes, no es antisemita.

Condenar condenar la limpieza étnica que las IDF están llevando, impunemente, a cabo en Gaza, y la agresión armada, por parte de “colonos” -léase: invasores armados judíos y con apoyo militar- en Cisjordania -el otro sector territorial del agredido Estado de Palestina-, no es antisemita.

Bernie Sanders, el centroizquierdista senador estadounidense independiente, formuló, el 25 de abril, un planteamiento coincidente con esta línea de razonamiento y análisis, al responder, en la red social X, al autócrata israelí y su soez video.

“No, señor Netanyahu. No es antisemita ni pro-Hamas señalar que, en poco más de seis meses, su gobierno extremista ha matado a 34,000 palestinos y herido a más de 77,000
-70% de los cuales son mujeres y niños-”, planteó Sanders, al refutar los exabruptos proferidos un día antes, por el obcecado guerrerista.

“No es antisemita señalar que sus bombardeos han destruido, completamente, más de 221,00 unidades habitacionales en Gaza, dejando a más de un millón de personas sin vivienda -casi la mitad de la población-”, siguió poniendo en su lugar, al dictador judío.

“El antisemitismo es una vil y repugnante forma de intolerancia que ha hecho indecible daño a muchos millones de personas”, precisó.

“Pero, por favor, no insulte la inteligencia del pueblo estadounidense al tratar de distraernos de las inmorales e ilegales políticas de guerra de su gobierno extremista y racista”, agregó, a continuación, en su demoledora argumentación.

Además, le dirigió una fuerte advertencia: “no use el antisemitismo para desviar la atención de la acusación penal que usted está enfrentando en los tribunales israelíes”.

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