Nacida un 3 de julio de 1963 en un hogar modesto de la capital, Marcia María Saborío de la Fuente ha escrito, con pasión y humor, una historia brillante en la cultura costarricense. Su nombre evoca sonrisas, recuerdos entrañables y, sobre todo, respeto por una trayectoria artística que ha desafiado estereotipos, construido puentes con el público y defendido causas humanas desde los escenarios.
Desde temprana edad, Marcia demostró una vocación por las artes que la llevó a estudiar actuación en la Universidad de Costa Rica, una decisión que no fue bien recibida por todos en su entorno. Pero con firmeza y convicción, no solo se formó, sino que abrió camino para que otras mujeres artistas creyeran en su voz.
Una carrera forjada con risa y resistencia
Marcia debutó como humorista en 1980, cuando tenía apenas 17 años, y desde entonces no se ha detenido. El país la vio crecer y brillar en producciones como Gallito Pinto, donde personajes como Diestre y Shirley Yajaida se convirtieron en íconos del humor nacional. Junto a su entrañable colega y amiga María Torres formó el dúo Caras Vemos, un proyecto que aún hoy cosecha aplausos y llenos en el teatro.
Fue también conductora en programas como Nuestro Sexto Sentido, colaboradora en La Patada junto al recordado periodista Parmenio Medina, y fundadora de su propio espacio cultural: el Teatro Marcia Saborío, un sueño que se hizo realidad a punta de perseverancia y pasión por el arte.
Además, ha llevado el teatro costarricense a escenarios internacionales, participando en el Festival Iberoamericano de Teatro en Cádiz y realizando giras por Centroamérica, México y Estados Unidos.
Humor con ética
Pero si algo distingue a Marcia Saborío, además de su innegable talento, es su integridad. «Preferí en el humorismo no hacer chistes sobre racismo, xenofobia u homofobia porque comprendí que en el público, alguien podría tener esta preferencia y no sería agradable para ellos», declaró en una entrevista. Esta declaración resume su compromiso con un arte respetuoso, empático y consciente.
En tiempos donde el humor fácil y ofensivo puede hacerse viral, Marcia eligió el camino más difícil: hacer reír sin herir. Y por ello ha sido profundamente querida, especialmente por quienes se han sentido históricamente marginados de la risa colectiva.
Más allá del escenario
Marcia también ha incursionado en la radio con los programas A Carcajada Limpia y Las Aventuras de Shirley, y ha producido contenido con su empresa Liber-Arte. Su legado va más allá de sus personajes: es un ejemplo de resiliencia, emprendimiento cultural y liderazgo femenino.
Hoy, tras más de cuatro décadas de trayectoria, sigue cosechando el aplauso de los costarricenses, no solo por lo que representa en el escenario, sino por lo que representa para el país: una mujer íntegra, valiente, y profundamente comprometida con el poder transformador del arte.
Reconocerla es reconocer a Costa Rica
La historia de Marcia Saborío es también la historia de Costa Rica: un país que, pese a las adversidades, sigue encontrando razones para sonreír. Su figura merece no solo admiración, sino reconocimiento formal.









