La primera presidenta, y mestiza, de Estados Unidos se llama Kamala Harris

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George Rodríguez/Foto-Medios

La turbulenta era de cambio que se desarrolla en Estados Unidos, entró en una etapa determinante: una mujer, mestiza, hija de inmigrantes, inició el camino que puede conducirla, en un hecho sin precedente en la historia estadounidense, a la presidencia del país.

Kamala Harris se coinvirtió, el 19 de agosto, en la primera mujer de ascendencia afroasiática postulada a la vicepresidencia estadounidense por uno de los dos partidos tradicionales.

La demócrata está, así, en ruta para constituirse en la primera presidenta de Estados Unidos.

Tiene el carácter para lograrlo, apoyada sobre la fuerte carrera pública que inició como fiscala de distrito de la ciudad de Los Ángeles, en el occidental estado de California, que continuó como fiscala general de ese estado, y que extendió como Senadora.

Colaboradores y amigos coinciden en describirla como una líder, al mismo tiempo exigente y comprensiva, quien acomete con pasión todos sus emprendimientos.

Al respecto, el semanario estadounidense The Christian Science Monitor citó, en un artículo publicado el 11 de este mes, a Lita Rosario, una ex compañera de estudios en la estadounidense Universidad Howard, quien aseguró que Harris es fuerte, pero posee “ese sentido de cuidar, esa clase de instinto maternal”.

Un ex colaborador, también citado por el Monitor, la describió “como un reactor nuclear candente”, quien “expresa decepción ante el trabajo que no cumple sus estándares, pero típicamente suaviza la crítica con un abrazo”.

Por su parte, Nathan Barankin, quien ha trabajado con Harris como fiscal general adjunto, y, más recientemente, como su jefe de personal en el Senado, señaló que la legisladora se preocupa por el impacto social de cualquier política.

Ello se reflejó, por ejemplo, en el esfuerzo de Harris por reducir la reincidencia de los infractores por droga en Los Ángeles.

En ese contexto, creó el programa social “Back on Track” (“Retomando el Buen Camino”) para los infractores primerizos no violentos, consistente en evitar el encarcelamiento, reemplazándolo con programas de capacitación servicio comunitario, algo sin precedente entonces.

Más recientemente, en el Senado -al que ingresó en 2017, el primer año de la fallida gestión presidencial de Trump-, y en el marco de la creciente concientización popular respecto a la brutalidad policial racista, Harris ha promovido legislación para prohibir chokeholds (sometimiento de detenidos mediante asfixia), perfil racial, no-knock warrants (allanamientos no autorizados).

También como senadora, Harris ha impulsado y apoyado iniciativas de legislación enfocada a temas de alta sensibilidad social, incluidas la Development, Relief and Education for Alien Minors Act (Ley de Desarrollo, Asistencia y Educación, Dream), protección municipal para inmigrantes indocumentados menores de edad, reducción de impuestos para las clases media y trabajadora, aumento impositivo a corporaciones y al uno por ciento más adinerado de la población estadounidense.

En el caso de la ley Dream, la sigla significa “soñar”.

Frente a esta líder de intenso carisma personal y político, el misógino y antipopular presidente de Estados Unidos, el empresario Donald Trump, no pudo soportar lo que, seguramente, considera, la osadía, de una mestiza hija de inmigrantes, de aceptar la candidatura vicepresidencial -con potencial proyección, exitosa, a la postulación presidencial-.

En su burbuja de machismo, racismo, xenofobia, Trump se ha dedicado a atacar, verbalmente, a la candidata, cuestionando, mediante mentiras, desde su aptitud para desempeñar la vicepresidencia, hasta su ciudadanía.

Tal como suele hacer respecto a las mujeres quienes, en alguna posición de poder, lo cuestionan, la ha insultado.

Además, al igual que algunos mediocres seguidores -incluidos, obviamente, presentadores de noticias de la red estadounidense de televisión Fox-, Trump pronuncia, deliberadamente, mal el nombre de la Senadora.

En lugar de respetar la acentuación correcta -Kámala- esa gente opta por la incorrecta y propia de ignorantes misóginos y racistas -Kamála-.

Pero, de acuerdo con diversas fuentes, el nombre de la legisladora, en sánscrito, significa loto, la flor que, exquisitamente, crece encima de lodo -lo que puede interpretarse, en el caso de Harris, como poseedora de la capacidad moral de mantenerse por encima de la política sucia, como la que maneja el trumpismo-.

Según las mismas fuentes, Kamala es otro nombre de Lakshmi, la diosa hindú de la belleza, la prosperidad, y la buena suerte, cuyo símbolo es, precisamente, el loto.

En una conferencia de prensa, luego del anuncio de la postulación de Harris, el mandatario etiquetó, a Kamála, como “la más malvada, la más horrible” integrante del Senado.

También aprovechó para lanzar una crítica, de sesgo ideológico, al candidato presidencial por el Partido Demócrata, el senador Joe Biden -su rival en la votación presidencia del noviembre.

“También se la conoce -según entiendo- como una de las personas más liberales en el Senado de Estados Unidos, y yo habría pensado que Biden habría tratado de mantenerse un poco alejado de eso (…) que habría tomado un camino diferente”.

En ese contexto, el presidente reactivó, además, la teoría conspirativa usada durante las campañas electorales, respectivamente, en 2008 y 2012 -y aun después-, de Barack Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos -cuyo vicepresidente fue, en los dos mandatos consecutivos (2009-2013, 2013-2017), precisamente, Biden, a quien considera como “un hermano”-.

Se trata de la teoría de “birtherism” -algo así como “nacimientismo”, derivada de la palabra inglesa birth, que significa nacimiento-, según la cual Obama no nació en Estados Unidos, por lo que no podía aspirar a la presidencia.

Obama -antecesor inmediato de Trump- nació en Honolulu, la capital del insular estado de Hawaii, en el Océano Pacífico, pero el trumpismo manipuló el hecho de que su padre, el economista Barack Hussein Obama, era oriundo de Kenya -en el este africano-, para llevar adelante la infructuosa campaña.

El “birtherism” es, ahora, retomado contra Harris, con un agravante: plantear que, por el hecho de que su madre nació en India y su padre en Jamaica, la senadora -nacida en la californiana ciudad de Oakland- no puede ser candidata a la vicepresidencia.

Esa fake teoría niega el segundo de los siete artículos de la Constitución de los Estados Unidos de América.

En la primera de sus cuatro secciones, el artículo establece que los requisitos para aspirar a la presidencia del país son tres: ser ciudadano estadounidense, tener por lo menos 35 años de edad, haber residido 14 años en el país.

Si bien el texto original de la Constitución -que data de 1787- no precisa el concepto de “ciudadano estadounidense”, la decimocuarta enmienda -que data de 1868-, lo hace.

“Todas las personas nacidas o naturalizada en Estados Unidos, y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de Estados Unidos y del Estado en el que residen”, indica.

De modo que Harris, sin perjuicio de ser hija de inmigrantes, es ciudadana estadounidense, porque nació en Estados Unidos.

Pero la estupidez racista y xenofóbica del trumpismo y la derecha republicana, no quiere entender.

De modo que, además de insultar a la candidata, Trump se valió, en una conferencia de prensa, la semana pasada, en la Casa Blanca, de un manipulador artículo de opinión publicado, el 12 de agosto -al día siguiente del anuncio de la postulación de Harris-, por la revista estadounidense Newsweek.

Arrogantemente titulado “Some Questions for Kamala Harris About Eligibility” (“Algunas preguntas para Kamala Harris sobre elegibilidad”), el autor del artículo, John C. Eastman, profesor universitario de Derecho, manipuló y enredó, en el no muy extenso texto, conceptos constitucionales, y llegó a poner en enredado cuestionamiento la elección de Harris al Senado estadounidense -esa gente no se mide-.

Además, y siguiendo con el tema planteado en el título, escribió: “por lo tanto, antes de tan arrogantemente aceptar la elegibilidad de la senadora Harris para el cargo de vicepresidente, tendríamos que hacerle algunas preguntas sobre el estatus de sus padres al momento de su nacimiento”.

O sea que, según el retorcimiento de ese anti-razonamiento, la arrogancia no está en descalificarla insultantemente -y en formularle las groseras preguntas- sino en aceptarla como candidata.

“Eran los padres de Harris residentes permanentes legales al momento de su nacimiento?”, planteó, como primera manipuladora pregunta, a la que, también confusamente, respondió concluyendo que, “si así fue (…) ella debe ser considerada ciudadana al momento de nacer -o sea, nacida ciudadana natural- y por lo tanto elegible”.

“O eran, en cambio, como parece ser el caso, meramente visitantes temporales, quizá con visas de estudiante (…)?”, preguntó, a continuación, el jurista igualado.

“Si el segundo fuese el caso, entonces derivado de sus padres, Harris no estaba sujeta a la completa jurisdicción de Estados Unidos al nacer sino que debía su lealtad una potencia o potencias extranjeras -Jamaica, en el caso de su padre, e India, en el caso de su madre- y no tenía por lo tanto derecho a ciudadanía por nacimiento bajo la 14 Enmienda como originalmente entendida”, aseveró, a continuación.

“Interesantemente, esta recitación del significado original de la Cláusula de Ciudadanía de la 14 Enmienda también pondría en duda la elegibilidad de Harris para su presente cargo como senadora de Estados Unidos”, porque el Artículo I, Sección 3 de la Constitución especifica que para ser elegible al cargo de senador, uno tiene que haber sido ‘por nueve Años Ciudadano de Estados Unidos’”, siguió afirmando.

“Si Harris no era ciudadana al nacer, tendríamos que saber cuándo -si alguna vez- se convirtió en ciudadana”, planteó, para agregar que “la página biográfica de su padre en la Universidad Stanford identifica el estatus de su ciudadanía, como sigue: ‘Jamaica -por nacimiento-; Estados Unidos -por naturalización-‘. Pero hay alguna controversia sobre si él fue alguna vez naturalizado, y tampoco es claro si la madre de Harris alguna vez se convirtió en ciudadana naturalizada”.

“Si ninguno fue nunca naturalizado, o al menos naturalizado antes del 16 cumpleaños de Harris -que le habría permitido obtener la ciudadanía derivada de la naturalización de ellos bajo la ley de inmigración, en ese momento-, entonces, ella debió naturalizarse para ser ciudadana”, continuó la manipuladora letanía.

“Eso no parece que ocurrió nunca, y aun sin eso, ella nunca pudo ser ‘por nueve Años una Ciudadana de Estados Unidos’ antes de su elección al Senado de Estados Unidos”, escribió, coronando su exhibición de fenomenal mediocridad misógina -valga la redundancia-.

Por supuesto que, interrogado al respecto en una conferencia de prensa, Trump aprovechó el momento para afirmar, en una de sus habitualmente contradictorias y desinformadas declaraciones, que “he escuchado, hoy, que no reúne los requisitos”, y agregó que “yo no tengo idea si eso es correcto”.

“Yo hubiese supuesto que los demócratas habrían verificado eso antes de que la elijan como candidata a la vicepresidencia”, agregó, hablando en hipócrita calma, pocos días antes de que Harris aceptase la candidatura vicepresidencial.

“Eso es muy serio. Están diciendo que no califica porque no nació en este país”, afirmó-nuevamente, demostrando lo desinformado que es-, pero cuando la periodista quien formuló la pregunta lo rectificó, en el sentido de que Harris nació en el país, Trump agregó que “no sé nada sobre eso, recién oí sobre eso, voy a ver”.

No obstante haber declarado que no sabía nada sobre el texto de Newsweek, el presidente afirmó que, “por otra parte, el abogado quien escribió ese artículo, es un abogado altamente calificado, talentoso”.

Dos días después de publicado el artículo, la revista difundió una aclaración -la que, en el caso de la versión electrónica, adjuntó al artículo-, afirmando que el texto “es usado por algunos como instrumento para perpetuar el racismo y la xenofobia”, y agregó que “pedimos disculpas”.

“El ensayo (…) tuvo la intención de explorar un argumento legal minoritario sobre la definición de quién es un ‘ciudadano natural’ en Estados Unidos”, planteó, en el atrasado -y poco creíble- mea culpa.

“Pero para muchos lectores, el ensayo inevitablemente transmitió el feo mensaje de que la senadora Kamala Harris, una mujer de color e hija de inmigrantes, no es, de alguna manera, verdaderamente estadounidense”, agregó.

“El artículo de opinión nunca tuvo la intención de encender ni participar en la mentira racista del Birtherism, la teoría conspirativa que apuntó a deslegitimar a Barack Obama, pero debimos reconocer el potencial, hasta la probabilidad, de que eso podía pasar”, siguió expresando.

“Fallamos completamente en anticipar las maneras en las cuales el ensayo sería interpretado, distorsionado y convertido en arma”, aseguró.

“Todos nosotros en Newsweek estamos horrorizados porque este artículo de opinión generó una ola de vil Birtherism dirigido a la senadora Harris”, continuó rasgándose las vestiduras.

“Muchos lectores han exigido que retiremos el ensayo, pero creemos en ser transparentes y por lo tanto estamos permitiendo que permanezca en línea, con esta nota adjunta”, indicó la revista, en contradicción con el “horror” mencionado líneas antes.

El hecho de que Harris sea -y, obviamente, seguirá siendo- objeto de misógina, xenofóbica, y racista agresión de parte del trumpismo y el republicanismo de extrema derecha, es un indicio de la fortaleza que su candidatura aporta a la fórmula electoral demócrata -además de que es un avance clave en el empoderamiento político -étnico y de género- que está ocurriendo en Estados Unidos.

Es, igualmente, indicativo del miedo que sienten, el trumpismo y la ultraderecha republicana, ante lo que se presenta como su inminente derrota, el 3 de noviembre -la que, por otra parte, tendría que ser aplastante, algo que los demócratas -dirigencia y base- están exhortando a que, efectivamente, sea-

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