La alfombra más extensa de Guatemala: un tapiz de fe, arte y tradición

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Las calles del casco histórico de la Ciudad de Guatemala se transformaron este viernes en un vibrante lienzo de colores, aromas y fervor religioso, con la creación de la alfombra más extensa del país, una de las expresiones culturales más conmovedoras de la Semana Santa.

En su decimocuarta edición, esta manifestación de devoción y creatividad reunió a más de tres mil voluntarios entre familias, vecinos, empresas e instituciones, quienes unieron esfuerzos para confeccionar una obra efímera de arte popular que alcanzó 3,5 kilómetros de largo y dos metros de ancho. Hecha con aserrín teñido, flores, y otros materiales naturales, la alfombra fue elaborada en honor al paso del Cristo Yacente del Calvario, cuya procesión es reconocida por cargar el anda más grande del mundo, de hasta 27 metros y sostenida por 140 personas por cuadra.

Desde primeras horas del día, la Avenida La Reforma se vistió de solemnidad entre aromas de incienso, marchas fúnebres y un ambiente espiritual que recuerda los casi 350 años de historia de esta devoción. A las 15:00 horas, la procesión partió desde la parroquia de Nuestro Señor de los Remedios, El Calvario, en medio de un mar de fieles que acompañaron con recogimiento y respeto la imponente imagen del Cristo Yacente.

La tradición de esta alfombra monumental nació en 2012 y, apenas un año después, fue reconocida por el Guinness World Records como la más larga del mundo, título que ostentó durante nueve años. Más allá del récord, este evento ha ganado un lugar en el corazón de los guatemaltecos y ha sido reconocido como Patrimonio Cultural Intangible de la Nación en 2008 y de la Humanidad en 2022, destacando su valor como expresión de identidad y espiritualidad colectiva.

Incluso en tiempos difíciles, como durante la pandemia de la Covid-19, la tradición encontró formas de mantenerse viva, involucrando a los más pequeños desde sus hogares en la creación de pequeñas alfombras simbólicas.

Hoy, este tapiz gigante no solo simboliza un acto de fe, sino que se erige como testimonio del alma cultural de un pueblo que, con cada grano de aserrín, reafirma su historia y esperanza. Con un crecimiento proyectado del 5 % en el turismo interno y del 12 % en el extranjero durante la Semana Santa, Guatemala sigue mostrando al mundo la riqueza de sus costumbres y el poder transformador de sus tradiciones.

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