El mileísmo es ignorante y racista además de autoritario: para su canciller “los chinos son todos iguales”

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Javier Milei, presidential candidate of the Liberty Advances coalition, speaks at his campaign headquarters after polling stations closed during primary elections in Buenos Aires, Argentina, Sunday, Aug. 13, 2023. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

Diana Mondino, la impresentable canciller del impresentable Javier Milei, es un mediocre personaje entre cuyas patéticas características surge la tóxica combinación de ignorancia y racismo.

En declaraciones que formuló, al diario argentino Clarín, en el marco de su participación en la reunión del Consejo Ministerial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) llevada a cabo el 2 y el 3 de mayo, en París, Mondino confesó que le resulta imposible diferenciar entre las personas de nacionalidad china debido a que, en su ofensiva opinión, sus rasgos son idénticos.

La ministra empeoró la situación cuando, mediante un galimatías no exento de contradicción, formulado a una radioemisora argentina, intentó -con lujo de torpeza intelectual- desdecirse.

El diálogo con Clarín incluyó el tema de la visita que, recientemente, la canciller realizó a una instalación científica china que, conocida como “la estación espacial”, se ubica en la occidental provincia de Neuquén, fronteriza con Chile.

Según versiones periodísticas, el propósito del desplazamiento hacia el lugar fue el de determinar si, de acuerdo con derechistas teorías conspirativas -obviamente escuchadas por Milei y sus patéticos compinches, y, anteriormente por el corrupto Mauricio Macri (2015-2019) y los suyos- la sede científica es, en realidad, una encubierta instalación militar.

La base tiene origen en el acuerdo de cooperación -vigente desde 202- entre la General de Lanzamiento y Control de Rastreo de Satélites (China Satellite Launch and Tracking Control General, Cltc), la argentina Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), y el gobierno de Neuquén.

Suscrito durante el primero de los dos gobiernos argentinos (2007-011, 2011-2015) presididos por la peronista centroizquierdista Cristina Fernández, el convenio fue concebido “para establecer las condiciones que rigen la implantación de las instalaciones de seguimiento terrestre, comando y adquisición de datos, incluida una antena para investigación del espacio lejano en la provincia de Neuquén, Argentina”.

De acuerdo con lo establecido en el primero de sus 15 artículos -además de 28 considerandos y cinco anexos- contenidos en 17 páginas, el propósito del acuerdo consiste en dar apoyo al Programa Chino de Exploración de la Luna.

Ello, “mediante el establecimiento y operación de instalaciones de seguimiento terrestre, comando y adquisición de datos, incluida una antena para investigación del espacio lejano”, según la misma disposición.

El tercer artículo indica que, entre las seis atribuciones asignadas, “una vez que la Estación se encuentre operativas, la Cltc (…) definirá el personal necesario para la operación y el mantenimiento de la Estación”, sin especificar el estatus -civil o militar- de esa personas.

Asimismo, la entidad china “informará a las partes sobre las actividades que se llevarán a cabo, así como también las fases del programa chino al cual se brindará apoyo desde la Estación”, agrega.

Igualmente, la Cltc, “establecerá un espacio funcional reservado al personal de la Conae y de la Provincia del Neuquén en la Estación para participar en las actividades de cooperación conjunta y propia”, indica.

Además, Fernández y su contraparte de China (desde 2013), Xi Jinping, firmaron, en 2014, un acuerdo, ampliando el convenio inicial, en el sentido de determinar que “todas las operaciones de comercio exterior, realizadas por el Gobierno de China, para el establecimiento, construcción y operación de la estación (…) estarán exentas de todo impuesto”.

Lo mismo “las compras y contrataciones de bienes, obras, locaciones o prestaciones de servicios realizadas en la Argentina”, según lo previsto en el segundo artículo del nuevo documento consistente en catorce considerandos y ocho artículos, contenidos en 11 páginas.

Sumado a ello -a causa de la paranoia anticomunista del macrismo-, los gobiernos de Macri y Xi, suscribieron, en 2016, un protocolo adicional, estableciendo que el acuerdo original “se implementará exclusivamente con miras al uso civil en el campo dela ciencia y la tecnología”.

Según el nuevo documento, “la información resultante de sus investigaciones de ni guna manera podrá ser utilizada con propósitos militares”.

Habiendo el mileísmo tomado por asalto, el 10 de diciembre de 2023, la Casa Rosada, el nuevo ministro del Interior, Luis Petri, informó, el 2 de abril, que el régimen llevaría a cabo una inspección técnica en la estación.

El anuncio respondió al impreciso planteamiento, formulado un día antes, por el embajador de Estados Unidos en argentina, Marc Stanley, en el sentido de que personal militar estaría posicionado, secretamente, en la instalación científica.

“Me sorprende que la Argentina permita que las fuerzas armadas chinas operen, en Neuquén, en secreto, haciendo quién sabe qué”, afirmó, en declaraciones LN+, el canal de televisión del diario argentino La Nación.

“Tengo entendido que se trata de soldados del ejército chino que operan este telescopio espacial”, agregó, para reafirmar que “no sé lo que hacen”, y que “creo que los argentinos tampoco lo saben, y deberían entender por qué los chinos están desplegados allí”.

La orden fue inmediatamente cumplida.

  • “Por supuesto que vamos a entrar”, aseguró, a medios de comunicación.
  • “Vamos a garantizar que las actividades que se realicen, estén en el convenio”, agregó.
  • Y, en el marco del irracional antiperonismo que caracteriza a los mileístas, dijo, como queriendo amenazar, que “se está analizado el convenio que se firmó (en 2012)”.

La estación científica fue visitada, al final de abril, por el contingente gubernamental, para despejar la duda que el embajador necesitaba eliminar, ya que la indetenible presencia de China en América Latina, constituye una obsesión para el establishment militar estadounidense -tal como, recurrentemente, lo plantea la jefa del Comando Sur de Estados Unidos (United States Southern Command, Southcom), la generala Laura Richardson-.

Sin embargo, citada por medios de comunicación, luego de la inspección, la secretaria de Planificación y Vinculación Institucional del gobierno de Neuquén, Leticia Esteves, dijo que “fue una buena experiencia, y pudimos recorrer toda la estación”.

“Estuvieron dispuestos a abrir todas las puertas que quisiéramos, entrar a cualquier lugar, y fuimos hasta la antena”, puntualizó.

“Estuvimos más de cinco horas (…) no hay armas, o, por lo menos, nosotros no vimos nada que nos llame la atención”, aseguró.

Interrogada, en París -luego de una visita, justamente, a China, en el marco de conversaciones sobre una deuda del país sudamericano con la nación asiática-, Mondino dio una nueva muestra de la patética/vergonzosa naturaleza del mileísmo.

En las declaraciones reproducidas, el 3 de mayo, por Clarín -y, contrariamente a lo detallado por Esteves-, la canciller dijo que, durante la inspección, a causa de lo que describió como el masivo parecido físico de los nacionales de China, no fue posible determinar si el personal, en la instalación científica, era civil o militar.

“Los que fueron de investigación no identificaron que hubiera personal militar: son chinos, son todos iguales”, explicó.

Interrogada, el mismo día, al respecto, por la argentina Radio Mitre, Mondino trató de justificarse.

Entre otros desaciertos -manipulaciones de la verdad-, la canciller argumentó lo habitual, en estos casos: que no dijo lo que, efectivamente dijo.

Respecto al diálogo con el diario argentino, señaló que “estábamos hablando de la visita a la estación espacial”.

Y, empezando a desvariar y a contradecirse, en su bochornosa defensa, agregó que, “lo que destaqué fue la naturaleza civil del personal, que no había uniformes”.

Por si lo anterior hubiese sido poco, siguió haciendo el ridículo, afirmando que “los argentinos, también, eran todos iguales: ninguno uniformado”.

E insistió: “yo me refiero a que no había nadie uniformado”.

“Si queremos hacer algo abiertamente malinterpretado, se puede: puede faltar parte de la frase, varias cosas”, aseveró al acudir a la gastada excusa de la descontextualización.

Ello, “si le queremos poner, a todo lo que se habla de China, una mala palabra o algo discriminatorio”, reafirmó.

“Yo me refiero a que no había nadie uniformado”, insistió, mintiendo alevosamente.

Un mes antes de que Mondino exhibiese públicamente su ignorancia y su racismo, Milei se refirió a la estación china en Neuquén.

Lo hizo en el marco de la visita que Richards llevó a cabo, al inicio de abril, a Argentina, para, entre otros objetivos, advertir al régimen mileísta sobre lo que obsesivamente visualiza como el peligro chino.

En declaraciones reproducidas el 4 de abril, por Bloomberg -medio de comunicación con sede en la nororiental ciudad estadounidense de Nueva York, y con cobertura mundial-, Milei -siempre anuente a alinearse con el establishment conservador de Estados Unidos-, dijo que “se va a estudiar la situación”.

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