Rusia atraviesa una creciente crisis de abastecimiento de combustibles en distintas regiones del país, una situación que diversos medios internacionales y analistas vinculan principalmente a los ataques con drones de Ucrania contra refinerías e infraestructura energética. Sin embargo, las autoridades rusas sostienen que el problema, aunque real, permanece bajo control y rechazan que represente una amenaza crítica para la economía nacional.
Durante las últimas semanas se han difundido imágenes de largas filas de vehículos esperando para abastecerse de gasolina en ciudades como Moscú, Irkutsk y otras regiones del país. En algunos lugares se han aplicado medidas de racionamiento, mientras que determinadas estaciones de servicio han suspendido temporalmente la venta de combustibles.
Según reportes de la agencia Associated Press, publicados por diversos medios internacionales, los ataques ucranianos han obligado a detener parcialmente la operación de varias refinerías, reduciendo
de forma significativa la capacidad de refinación de Rusia y afectando el suministro interno de gasolina y diésel. Analistas energéticos estiman que aproximadamente una cuarta parte de la capacidad de refinación del país ha resultado afectada por los bombardeos con drones.
Entre los testimonios difundidos figura el de conductores que han esperado durante varias horas, e incluso más de medio día, para conseguir combustible. Autoridades locales en algunas ciudades siberianas llegaron a instalar servicios sanitarios portátiles para atender a quienes permanecían en las filas durante extensos periodos.
El conflicto también ha tenido repercusiones económicas. Diversos informes señalan aumentos en los precios de los combustibles, dificultades para sectores agrícolas y de transporte, así como restricciones temporales a las exportaciones de gasolina con el objetivo de priorizar el abastecimiento interno.
No obstante, la versión oficial del gobierno ruso difiere parcialmente de la presentada por medios occidentales. El presidente Vladimir Putin reconoció públicamente que los ataques ucranianos han generado problemas de abastecimiento, pero afirmó que la escasez «no es crítica» y aseguró que el gobierno trabaja para restablecer la capacidad de las refinerías y reforzar la protección de la infraestructura energética.
En la misma línea, el viceprimer ministro Alexander Novak manifestó que el mercado de combustibles atraviesa una situación «difícil, pero controlable», mientras que el ministro de Finanzas, Anton Siluanov ha minimizado el impacto sobre los precios internos, una valoración que ha sido cuestionada por diversos analistas independientes y por reportes periodísticos que documentan aumentos en los costos y restricciones de suministro. 
Por otra parte, los ataques ucranianos contra instalaciones petroleras continúan. En los últimos días se reportó un nuevo ataque con drones contra un terminal petrolero en la ciudad de San Petersburgo, considerado parte de la estrategia de Kiev para reducir los ingresos energéticos de Moscú destinados al financiamiento de la guerra.
Hasta el momento no existe consenso absoluto sobre la magnitud definitiva de la crisis. Mientras medios internacionales describen un escenario de escasez generalizada y creciente presión sobre la economía rusa, las autoridades del Kremlin insisten en que las medidas adoptadas permitirán estabilizar el mercado interno. Lo que sí coinciden ambas partes es en que los ataques contra la infraestructura energética se han intensificado y han tenido un impacto directo sobre el abastecimiento de combustibles dentro de Rusia.
El artículo mantiene un enfoque neutral al presentar tanto la información difundida por medios internacionales como la posición oficial del gobierno ruso, indicando los puntos en que coinciden y aquellos en los que difieren.







