Palestinos torturados y asesinados aparecen en fosas comunes, a Naziyahu no le importa

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AFP) (Photo by MAHMUD HAMS/AFP via Getty Images)

Las criminales y corruptas dictaduras militares -y las guerras internas- que inmisericordemente golpearon a América Latina, principalmente en la segunda mitad del siglo 20, tuvieron el componente común de la desaparición de opositores -o de quienes tan sólo parecían serlo-.

Ese homicida modus operandi, apuntó, por una parte, a eliminar la prueba de esos asesinatos, y, por otra, a mantener, en cruel incertidumbre, a los familiares quienes -no obstante sospechar lo realmente ocurrido-, ante la ausencia de información, mantenían, de alguna manera, la esperanza de reaparición.

De acuerdo con datos de organizaciones defensoras de los derechos humanos, solamente en el período 1966-1986 -un particularmente brutal tiempo en la época de las tiranías regionales-, por lo menos 90 mil personas desaparecieron en varios países que entonces eran regidos por dictaduras -Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Haití, Honduras, Paraguay-,y en otros que eran estremecidos por conflicto bélicos internos -Colombia, El Salvador, Guatemala-.

A manera de ejemplo, el último régimen militar que sojuzgó a Argentina (1976-1983), desapareció -o sea, mató- a más de 30 mil personas -y secuestró a centenares de bebés-, mientras que, en el contexto de la guerra en Guatemala (1960-1996), regímenes de facto como los jefeados por los generales Kjell Laugerud (1974-1978), Romeo Lucas (1978-1982), y Efraín Ríos Montt (1982-1983), borraron del mapa -literalmente-, por lo menos 400 comunidades indígenas -con la excusa de que sus habitantes apoyaban a la entonces guerrillera Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (Urng)-.

En esos escenarios, y cumpliendo una rigurosa y exhaustiva labor equipos de arqueólogos forenses pertenecientes a diversas oenegés hallaron elevados números de fosas comunes, lo que aportó la prueba fehaciente de los crímenes de lesa humanidad cometidos en esos contextos nacionales de brutal violación de los derechos humanos.

Décadas después, las Fuerzas de Defensa de Israel (Israel Defense Forces, IDF) siguen el mismo instructivo, para seguir perpetrando el genocidio que desencadenaron, el 7 de octubre de 2023, en la palestina Franja de Gaza.

Las fosas comunes que cavan -no obstante la considerable profundidad-, vienen siendo rápidamente halladas, por organizaciones internacionales humanitarias y de defensa de los derechos humanos, en diferentes sectores del territorio.

Pero la verificación de esos crímenes de lesa humanidad, les resulta indiferente, a las impunes IDF, y a su jefe -el sionista belicista Benjamin Netanyahu-.

(Breve reflexión: en realidad, las IDF tendrían que denominarse Fuerzas de Genocidio de Israel -Israel Genocide Forces, IGF-, y el apellido del criminal primer ministro tendría que, por lógica, ser Naziyahu -debidamente complementado con el ridículo bigote cuadrado-).

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh), ha denunciado -al igual que otras organizaciones, así como medios de comunicación internacionales- el hallazgo de fosas comunes en Gaza.

 

 

En una de las más recientes revelaciones, reproducida el 23 de abril, por Noticias ONU -la agencia informativa de Naciones Unidas-, la vocera de la Oacnudh, Ravina Shamdasani, dijo, a periodistas, que “siguen apareciendo noticias inquietantes sobre fosas comunes en los alrededores de dos hospitales de Gaza, donde el Ejército israelí llevó a cabo intensas operaciones, lo que suscita una renovada preocupación por la comisión de posibles crímenes de guerra”.

Shamdasani precisó que se trata de los hospitales “Nasser”, en Khan Yunis, en el sector sur, y “Al-Shifa”, en la norteña ciudad de Gaza, instalaciones sanitarias inutilizadas a causa del masivo daño causado, principalmente, por recurrentes bombardeos israelíes.

“Entre los fallecidos había presuntamente personas mayores, mujeres y heridos, mientras que otros fueron encontrados atados de manos (…) atados y despojados de sus ropas”, denunció la funcionaria, en las declaraciones que formuló en la sede la Oacnudh, en la sudoccidental ciudad suiza de Ginebra -fronteriza con Francia-.

Shamdasani agregó que centenares de asesinados fueron “enterrados profundamente en el suelo, y cubiertos de residuos”.

También señaló que, al momento de formular las declaraciones, “en el Hospital Nasser, se han recuperado 283 cadáveres, 42 de los cuales han sido ya identificados”, además de que en el centro médico “Al-Shifa, se han recuperado 30, de los que se han identificado 12”.

Al respecto, Noticias ONU precisó que “este último gran complejo sanitario era el principal centro de salud del enclave (Gaza) antes de que estallara la guerra el 7 de octubre, y fue el foco de una incursión militar israelí presuntamente para erradicar a los militantes de Hamás, que supuestamente operaban en su interior”.

La agencia informativa hizo, así, referencia a la organización políticomilitar Harakat al-Muqawama al-Islamiya (Hamas) -transliteración del árabe, que significa Movimiento de Resistencia Islámica-, cuyo componente armado está constituido por las Brigadas Izz ad-Din al-Qassam (Izz ad-Din al-Qassam Brigades, IQB).

Las IQB llevan el nombre del predicador musulmán sirio Izz al-Din al-Qassam (1882-1935), un histórico líder nacionalista.

Israel lanzó la brutal ofensiva bélica en Gaza, horas después de que combatientes de Hamas llevaron a cabo, la mañana del 7 de octubre, un ataque relámpago en territorio israelí cercano al sector sur de la frontera binacional.

El saldo de la acción de Hamas -que diferentes analistas consideran una operación organizada por el régimen de Netanyahu, para justificar el genocidio- se estima en alrededor de 200 secuestrados -judíos de diversas nacionalidades- y aproximadamente 1400 víctimas fatales.

De acuerdo con los datos más recientes, difundidos por organizaciones humanitarias palestinas y mundiales, y por medios de comunicación internacionales, el saldo de la invasión que las IDF mantienen en Gaza se ubica, provisionalmente, en alrededor de 34 mil víctimas fatales -mayoritariamente, niños y mujeres-.

Respecto a la ocupación militar israelí del mayor hospital en Gaza, Noticias ONU indicó que “la operación finalizó a principios de este mes, y, tras dos semanas de intensos enfrentamientos, el personal humanitario de Naciones Unidas confirmó, el 5 de abril, que Al-Shifa era ‘un cascarón vacío’, con la mayor parte del equipamiento reducido a cenizas”.

En ese sentido, Shamdasani declaró en Ginebra, a los periodistas, que, “según los informes que llegan, se hallaron 30 cadáveres palestinos enterrados en dos fosas en el patio del hospital Al-Shifa de la ciudad de Gaza: una frente al edificio de urgencias y las otras frente al edificio de diálisis”.

Por su parte, citado por Noticias ONU, el titular de la Oacnudh, el austríaco Volker Türk, expresó, en un comunicado, “horror ante la destrucción de los hospitales Nasser y Al-Shifa, y el hallazgo de esas fosas comunes”.

“El asesinato intencionado de civiles, detenidos, y otras personas que se encuentran fuera de combate es un crimen de guerra,” advirtió Türk, además de formular un llamado, en calidad de exigencia, a “que se lleven a cabo investigaciones independientes sobre las muertes”.

En referencia al genocidio que las IDF han lanzado en Gaza, el medio de comunicación de Naciones Unidas informó que, “hasta el 22 de abril, más de 34,000 palestinos habían muerto en Gaza, entre ellos, 14,685 niños y 9,670 mujeres, según la Oficina del Alto Comisionado, citando a las autoridades sanitarias del enclave”.

“Otros 77,084 han resultado heridos, y se supone que hay más de 7000 bajo los escombros”, señaló, a continuación.

En cuanto a la victimización de la población infantil, Türk denunció que, “cada 10 minutos, muere o resulta herido un niño”.

Los menores, “están protegidos por las leyes de la guerra, y, sin embargo, son los que están pagando desproporcionadamente el precio más alto en esta guerra”, precisó.

Entretanto, al presentar, el 26 de marzo, un informe, al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la relatora especial sobre la Situación de los Derechos Humanos en los Territorios Palestinos Ocupados, la italiana Francesca Albanese, planteó la necesidad de que las atrocidades que las IDF están cometiendo en Gaza, no queden impunes.

“Cuando la intención genocida es tan conspicua, tan ostentosa -como lo es en Gaza-, no podemos apartar la vista”, aseguró la relatora.

“Debemos hacer frente al genocidio, debemos prevenirlo, y debemos castigarlo”, subrayó, a continuación, durante la actividad en la que dio a conocer el documento que tituló “Anatomía de un genocidio”.

“En concreto, Israel ha cometido tres actos de genocidio, con la intención requerida: causar graves daños físicos o mentales a miembros del grupo; infligir, deliberadamente, al grupo, condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física -total o parcial-; imponer medidas destinadas a impedir los nacimientos dentro del grupo”, denunció, con precisión.

Por otra parte, “una minoría de poderosos Estados miembros, en lugar de detener su impulso, ha prestado apoyo militar, económico, y político, a la atrocidad, agravando la devastación que ha provocado en los palestinos”, señaló, durante la presentación que realizó en el marco de la 55 sesión del consejo, en la sede del organismo mundial, en Ginebra.

“Estos actos de genocidio, están motivados por un vehemente discurso antipalestino, que describe, a todo el pueblo (…) como un enemigo que debe ser erradicado o eliminado por la fuerza”, aseguró.

Como dato profundamente preocupante, Albanese puntualizó que, “esta retórica, es omnipresente en todos los segmentos de la sociedad israelí”.

“Y el hecho de que altos funcionarios israelíes con autoridad de mando, pidieran, regularmente, a sus soldados, que aniquilaran a la población de Gaza, constituye una prueba, irrefutable, de incitación explícita y pública a cometer genocidio”, reflexionó, en modo de fuerte denuncia.

Pero la palestinofobia del sionismo guerrerista no se enfoca solamente en Gaza sino que incluye a Cisjordania.

De modo que la agresión cubre a la totalidad del territorio que corresponde al históricamente asediado Estado palestino.

Ello, en flagrante violación de la Resolución 181, aprobada, el 27 de noviembre de 1947, por mayoría de la Asamblea General de las Naciones Unidas -que creó, así, un Estado israelí y un Estado palestino para que conviviesen armoniosamente-.

La occidental Franja de Gaza -también conocida como Gaza, fronteriza con Israel y
Egipto-, y la oriental Cisjordania -mencionada, asimismo, como la Margen Occidental (West Bank), limítrofe con Israel y Jordania-, forman -separadas por territorio
israelí-, el Estado de Palestina.

29/07/2014 Montaje de banderas palestinas e israelíes
POLITICA INTERNACIONAL
EUROPA PRESS/REUTERS

Gaza cubre 365 kilómetros cuadrados -con población algo superior a 2.1 millones, desplazada, en un noventa por ciento, por la guerra-, mientras Cisjordania se extiende sobre 5,640 kilómetros cuadrados -con aproximadamente 3.2 millones de habitantes-.

Ambas se dividen, territorialmente, en gobernaciones (governorates, equivalentes a provincias) -Gaza consistente en cinco, y Cisjordania en once-.

A su vez, el territorio cisjordano consiste en la histórica zona conocida como Judea -en el sector sur- y Samaria -en el sector norte-.

En cambio, bordeada en el oeste por el Mar Mediterráneo, en el norte y el este por Israel, y en el sur por Egipto, la franja -gobernada por la Autoridad Nacional Palestina, pero controlada, desde 2007, por su rival Hamas- es una de la zonas más densamente pobladas, a nivel mundial.

A ello se suma el hecho de que, a causa del inmisericorde bloqueo impuesto, ese año, por Israel, la aislada franja presenta algunos de los más críticos índices socioeconómicos a nivel mundial.

Cisjordania -gobernada por la Autoridad Nacional Palestina- limita al norte, al oeste, y al sur con Israel, mientras que al este -bordeada por el Río Jordán y el Mar Muerto- es fronteriza con Jordania.

Ambas extensiones territoriales están bajo ocupación por parte de las IDF -Gaza, en el marco de la presente guerra, completamente, y Cisjordania, hace décadas, en más de 90 por ciento-.

A ambas áreas, se suma el sector oriental de la ciudad de Jerusalén, que es sagrada para los monoteístas cristianismo, islam, y judaísmo.

La agresión israelí contra los habitantes de Cisjordania, tiene dos ejecutores: las IDF, y civiles armados quienes, bajo la hipócrita denominación de “colonos”, invaden tierras palestinas, expulsan o asesinan a sus verdaderos propietarios, destruyen viviendas y otra infraestructura edilicia, y construyen ilegales comunidades que ilegítimamente denominan “asentamientos”.

Esa brutal violación israelí de la soberanía palestina -lo mismo en Cisjordania que en
Gaza-, ocurre desde 1948 -cuando Israel se declaró independiente-

En las declaraciones reproducidas, el 23 de abril, por Noticias ONU, Türk denunció las persistentes y “graves violaciones de derechos humanos (…) sin disminuir, en Cisjordania”.

El funcionario internacional hizo específica mención de “ataques masivos de colonos”, los días 12 a 14 de abril, “con el apoyo de las Fuerzas de Defensa de Israel”.

La política del régimen de Netanyahu consiste en intensificar esa ocupación ilegal.

En ese sentido, el ministro de Finanzas israelí, el ultraderechista Bezalel Smotrich, anunció, el 22 de febrero, en la red social X, el plan para construir 3,300 nuevas viviendas judías, en Cisjordania.

Ello, luego de un tiroteo entre “colonos” y palestinos, durante el cual seis israelíes resultaron heridos -uno de ellos, fatalmente-.

“El serio ataque (…) debe tener una firme respuesta de seguridad, pero, también, una respuesta en materia de asentamientos”, escribió Smotrich.

Y amenazó: “nuestros enemigos saben que cualquier daño a nosotros, conducirá a más construcción, y más desarrollo, y más de nuestro control en todo el país”.

En su hipócrita doble rasero, Estados Unidos -permanente aliado de Israel- sancionó a los criminales colonos invasores de Cisjordania, mientras mantiene el apoyo financiero, armamentista, y político al genocidio en Gaza.

Al mismo tiempo, masivas manifestaciones tienen lugar, reiteradamente, en Israel, contra la política del régimen sionista en Palestina.

Ante ello, Naziyahu -enfrentado a denuncias penales por corrupción- fortalece su conducta autocrática, advierte que nadie le dice qué hacer, y mantiene la criminal ofensiva anexionista contra Gaza y contra Cisjordania.

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