George Rodríguez / Foto – Archivo
La represión antiopositora constituye, para el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, un instrumento con el cual ganar tiempo y permanecer en el poder, aunque la precaria situación económica del país centroamericano juega en su contra, señala el mayor retirado nicaragüense Roberto Samcam.
En tal contexto, la carta electoral pasa a tener valor, en el esquema orteguista, no obstante el hecho de que el mandatario ha rechazado los planteamientos –formulados dentro y fuera del país centroamericano- respecto a adelantar, considerablemente, los comicios oficialmente programados para noviembre de 2021, de acuerdo con lo expresado por Samcam, en diálogo con Informativo JBS.
El manejo que Ortega dé a las opciones de búsqueda de solución a la violenta crisis sociopolítica, que hace casi un año y medio golpea a Nicaragua, le aseguraría mantenerse en la presidencia y que las elecciones se lleven a cabo en 2021 –adelantadas, si acaso, unos pocos meses-, según ese análisis que, además, subordina, lo que describe como los tiempos del presidente, al desarrollo de los acontecimientos en la también conflictuada Venezuela, y al resultado de las elecciones, en noviembre del año próximo, en Estados Unidos.
Samcam considera que el caso de Venezuela es particularmente importante para la definición de la situación en Nicaragua, ya que, el caribeño país sudamericano es abastecedor petrolero clave de Cuba, cuyo gobierno es base fundamental en materia de seguridad para ambos aliados, lo que determina que los vasos comunicantes del trío trasciendan la conexión ideológica y abarquen el tema de la estabilidad de los tres regímenes –cuyo denominador común incluye específicas e individuales sanciones estadounidenses-.
Venezuela, además, enfrenta la activación, por parte de la Organización de los Estados Americanos (OEA), del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar), un mecanismo que prevé, entre otras opciones, la intervención militar en cualquier país del continente que requiera apoyo ante alguna situación extrema que amenace su seguridad y su estabilidad institucional.
Nicaragua, está, igualmente en el marco de la OEA, ante el proceso de aplicación de la Carta Democrática, instrumento que, para el caso de ruptura del orden constitucional en algún país, prevé, entre otras acciones, la suspensión, de ese país, del Sistema Interamericano –tal como ocurrió con Honduras, a causa del cruento golpe de Estado, en junio de 2009, contra el entonces presidente, Manuel “Mel” Zelaya-.
Más recientemente –y al igual que en los casos de personas allegadas a Ortega y al cuestionado presidente venezolano, Nicolás Maduro-, el gobierno de Estados Unidos designó, para ser sancionado, al ex presidente (2008-2018) cubano y actual primer secretario del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro, “debido a su involucramiento en flagrantes violaciones de los derechos humanos”, medida que incluye a sus hijos.
En Nicaragua, “todo este proceso de represión ciudadana, de control, etcétera, etcétera, de militarización, lo que persigue es ganar tiempo, ir ganado tiempo”, señaló Samcam.
“Lo que está haciendo es sostenerse en base a la represión, para ganar semanas, para ganar meses”, lo que responde al hecho de que, “aunque pareciera una dicotomía, ahorita, la gran esperanza de Ortega, son las elecciones”, agregó.
“Él quiere llegar, a toda costa, al 2021, sobrevivir a un cambio de gobierno en los Estados Unidos, sobrevivir a un desenlace fatal en Venezuela, con la carta de las elecciones”, indicó.
“Es decir, ‘ok, voy a dar elecciones, voy a adelantarlas’, pero él está tratando de ganar tiempo, para llegar al ‘21”, precisó.
Ello coincide con las acciones emprendidas por la OEA, incluida la creación, en diferentes momentos desde abril del año pasado –cuando estalló la dramática situación nicaragüense-, de grupos de trabajo encargados de aportar a la búsqueda de solución a la crisis, señaló.
El más reciente de esos equipos es la Comisión de Alto Nivel sobre Nicaragua, constituida por resolución aprobada en la 49 Sesión Ordinaria de la Asamblea General de la OEA, reunión que tuvo lugar, del 26 al 28 de junio, en la noroccidental ciudad colombiana de Medellín.
El texto planteó “instruir al Consejo Permanente a que nombre una comisión que, en el marco del artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana, realice gestiones diplomáticas al más alto nivel para procurar una solución pacífica y efectiva a la crisis política y social en Nicaragua y que rinda un informe en un plazo máximo de 75 días”.
La resolución de Medellín señaló, asimismo, “instruir al Consejo Permanente a que, recibido el informe de esta comisión, adopte las medidas que sean necesarias incluida, si es el caso, la convocatoria a una sesión extraordinaria de la Asamblea General”.
La medida fue aprobada con el voto favorable de 20 países, frente cinco votos en contra, y ocho abstenciones, con una ausencia.
El equipo de trabajo optó por reunirse, la semana pasada, en la capital de El Salvador, con representantes de sectores de oposición nicaragüenses, a causa de que el gobierno impidió que llegase, el 16 de setiembre, a Managua, para dialogar, en el terreno, con esos componentes de la sociedad civil local.
Al respecto, Samcam precisó que los 75 días con los que cuenta la comisión “terminan, prácticamente, el 15 de noviembre”.
“Entonces, qué hace Ortega? ‘No los dejo entrar, y voy dejando correr el tiempo, y yo puedo, en el día 73, en el día 74, decirles: ‘ok, vengan, vamos a negociar’, y ya llegó hasta noviembre de este año”, indicó, a manera de ejemplo.
“Entonces, lo que ha trabajado con la OEA, dice (que) las reformas electorales (requeridas por la organización continental) se implementarían en un período de tiempo de 10 meses a 12 meses, o sea un año”, agregó.
“Si Ortega, en el día 75 dice ‘ok, voy a negociar, con la OEA, las reformas electorales’, tiene un año más, todavía, de espacio”, con lo que “llegó a noviembre del 2020”, siguió planteando.
“Y, entonces, puede decir ‘bueno, eso va a requerir, todavía, cinco meses más, para implementarlas en la asamblea, etcétera, etcétera’, y puede llegar hasta marzo, y decir ‘ok, las voy a adelantar para junio del 2021’”, de modo que “llegó al 2021, y adelantó cuatro o cinco meses (las elecciones)”, expresó.
Samcam subrayó que, en ese cuadro de situación, Ortega “está jugando con imponderables”, tales como “qué pasa si, en las elecciones (estadounidenses), ganan los demócratas, y llega alguien más suave que (el republicano presidente) Donald Trump”.
“Yo no creo que llegue alguien más suave que Donald Trump, porque, Donald Trump, hemos visto, ladra pero no muerde, John Bolton (su recientemente destituido asesor en seguridad), ladraba pero no mordía (…) ni en Venezuela, ni en Cuba, ni en Nicaragua”.
Asimismo, Ortega “está apostando a que las elecciones en Argentina le proporcionen un voto más en la OEA”, con el previsible triunfo, el mes próximo, de la fórmula presidencial centroizquierdista integrada por Alberto Fernández y Cristina Fernández –ex presidenta (2007-2011, 2011-2015)-.
“Es decir, está especulando políticamente, pero los tiempos de él están muy comprometidos, y se acortan en la medida en que la situación, en Venezuela, se va complicando”, advirtió Samcam, quien dijo que el inicio de la activación del mecanismo para aplicar el Tiar, en el caso de Venezuela, “es significativo de que Maduro va perdiendo la apuesta, y Ortega está apostando todo a Venezuela”.
En ese sentido, el mayor retirado subrayó que “el sueño dorado de Ortega es convertir una negociación, a cuatro bandas -Venezuela, Cuba, Nicaragua, y los Estados Unidos-, y, por ahí, colarse en lo que, él, siempre ha deseado: conservar una cuota de poder, mantener una parte de la plata, no irse de Nicaragua”.
Esto último, porque Ortega no tiene interés en abandonar territorio nicaragüense, aunque “los hijos, tal vez –están deseando irse a Europa-, pero él, no, él es un ermitaño –ermitaño político, y ermitaño literalmente hablando-, un hombre que no sale de El Carmen, y, cuando sale, es por las circunstancias, y va custodiado por cinco mil tipos”, dijo, en alusión al sector capitalino donde se ubica la residencia de Ortega.
“Entonces, él está apostando a eso, y cree que tiene las de ganar”, reflexionó, para aclarar, a continuación, que “el problema de Ortega es que, contrario a lo que él piensa, el tiempo obra en contra de él (…) porque él cree que, a mayor tiempo, va a recuperar la base social perdida en la crisis de abril, y es todo lo contrario, porque la situación económica obra en contra de él, lo perjudica”.
El analista aludió, así, al hecho de que la crisis nicaragüense, además de enmarcar violaciones a los derechos humanos como consecuencia de la represión antiopositora –lo mismo masiva que selectiva-, está generando fuerte perjuicio a la economía nacional, lo que ha incluidos cierre de centenares de empresas –principalmente medianas y pequeñas, además de emprendimientos familiares-, así como la pérdida de centenares de miles de empleos.
“Ortega está especulando en que va a haber un crecimiento económicos del uno por ciento, en el 2020, y que el decrecimiento económico, de este año, va a ser del uno por ciento”, dijo.
Sin embargo, “Néstor Avendaño, un economista liberal, mantiene el pronóstico de Copades –que es la institución que él preside-, en que va a ser de 8.7 por ciento negativo, el crecimiento”, planteó, en alusión a la firma privada Consultores Para el desarrollo Empresarial (Copades), entidad que opera no solamente en Nicaragua sino a nivel regional centroamericano.
“Entonces, va a haber un decrecimiento de 8.7, no es uno por ciento”, lo que “significa que, para el 2020, el gobierno entra –como decimos allá, en Nicaragua- con las patas hinchadas, con una situación económica insostenible”, de modo que el electoral es el único recurso de que dispone Ortega, aunado a la represión sostenida, aseguró.
Esto, ante la perspectiva de nuevas manifestaciones opositoras masivas, que caracterizaron la protesta popular, principalmente el año pasado, indicó.
“Él va a continuar con el esquema de represión, porque él sabe que, si no reprime, el pueblo, nuevamente, se tira a las calles, y, una segunda oleada de protestas, puede ser definitiva, porque, ya, el pueblo nicaragüense ha interiorizado los errores del año pasado –qué es lo que se hizo bien, qué es lo que se hizo mal, qué es lo que no se hizo, y, entonces, ya hay nuevas condiciones”, señaló.
“Y eso es lo que Ortega no quiere”, y, “entonces, él reprime”, pero “el efecto de la represión, es contrario al que el régimen persigue”, porque, en lugar de consolidar el control social de la población, “lo que va creando es mayor resentimiento”, advirtió.
Porque “cada preso, cada golpeado, cada foto de policías, de perros policía, del nazi-fascismo, en Managua, cada foto de muertos, asesinados, emboscados en el campo, cada foto de un niño que está secuestrado, que apareció muerto, etcétera, eso es contrario a todos los objetivos del régimen, porque, lo que crea, en la sociedad, es mayor ira, mayor odio, mayor resentimiento, y eso, obviamente, se va a reflejar en un proceso electoral”, vaticinó.
“Entonces, Ortega dice: ‘bueno, prolongo el tiempo, lo más que puedo, para seguir dividiendo a la oposición’”, pero “el problema es que la oposición está saliendo de una catarsis, y está entrando en un proceso de análisis más frío, y de decir ‘la unidad es lo único que nos conduce a salir de Ortega’”.
En su más reciente informe sobre la situación en el país centroamericano, la Asociación Nicaragüense Pro-Derechos Humanos (Anpdh) informó, el 4 de octubre, que, durante el período de abril del año pasado a setiembre de este año, la represión antiopositora en Nicaragua ha cobrado más de seiscientas vidas, ha desaparecido a más de ochocientas personas, y ha causado heridas a otras casi cinco mil.
Asimismo, las fuerzas policiales y paramilitares han secuestrado a casi mil cuatrocientas personas –incluidos los desaparecidos-, indicó a la Anpdh.
Las víctimas fatales son, de momento, 651 –incluidos 12 niños y 30 adolescentes-, total del cual 522 –un 80 por ciento- fueron ultimados a balazos, y, de éstos, 330 murieron alcanzados por un disparo cada uno, lo que, de acuerdo con el análisis de los casos, demuestra la participación de francotiradores en las acciones de represión –que lo mismos son generales que selectivas, según lo indicado en el documento.
Por otra parte, la cifra de heridos llega a 4,922, mientras el número de desaparecidos –por secuestro policial o paramilitar- se ubica en 853, y el total de presos políticos asciende a 516, de acuerdo con los datos contenidos en el “Informe Preliminar de la crisis a Derechos Humanos en Nicaragua como sus consecuencias de la Protesta Cívica”, dado a conocer en San José, la capital costarricense, donde la Anpdh opera, en el exilio, desde agosto del año pasado.
La Anpdh contabilizó, además, 1,370 secuestros llevados a cabo por efectivo lo mismos policiales que paramilitares, entre los cuales figuran los desaparecidos, así como un asesinado, y 92 sentenciados ilegalmente.
Asimismo, indicó que, a causa de la crisis nicaragüense, 55,946 personas se desplazaron a la limítrofe Costa Rica -donde permanecen exiliadas-, de las cuales 33,696 solicitaron refugio.







