El belicista primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, está cumpliendo lo que era de esperar: denunció que Hezbollah violó la tregua apenas iniciada, y siguió bombardeando territorio libanés.
Está cumpliendo el matonismo que -nuevamente- exhibió al anunciar, el 26 de noviembre, la inminente aprobación, por parte del gabinete de seguridad y del gabinete ministerial que dirige, de un acuerdo Israel-Líbano de cese del fuego que, formalmente, implicaría un alto a las hostilidades entre el régimen israelí y la organización políticomilitar libanesa Hezbollah -en transliteración del árabe: Ḥizbu-‘llāh- (Partido de Dios)-.
Entrado en vigencia al día siguiente -el 27 de noviembre-, el régimen sionista israelí denunció, 24 horas después, que tuvo que bombardear posiciones de Hezbollah, en territorio del limítrofe Líbano, porque la organización terrorista incurrió en incumplimiento del pacto.
De acuerdo con versiones periodísticas internacionales e israelíes, autoridades militares judías informaron, el 28 de noviembre, que la Fuerza Aérea Israelí (Israeli Air Force, IAF) atacó, ese día, en el sur libanés, una instalación usada por Hezbollah para almacenar cohetería de alcance medio.
Ello condujo, a la organización árabe, a actuar, a Israel, de haber violado el acuerdo.
Pero, un día antes de la entrada en vigencia del acuerdo, Netanyahu advirtió -para sorpresa de nadie- que esa sería la conducta israelí -o sea, el comportamiento habitual- también en este caso, cuando dio manipuladoramente a conocer, el 26 de noviembre, algunos aspectos del frágil pacto.
Al dirigirse sus compatriotas, Netanyahu -quien, a nivel de la justicia israelí enfrenta, desde 2019, junto con Sara Netanyahu, su esposa cargos penales por actos de corrupción, incluido soborno- anunció que “esta noche, llevaré un esquema de cese del fuego, para que el gabinete lo apruebe” -algo que, efectivamente, ocurrió-.
“La duración del alto al fuego depende de lo que ocurra en Líbano”, empezó a condicionar.
“Con el pleno entendimiento de Estados Unidos, mantenemos plena libertad de acción militar”, advirtió, en calidad de flagrante amenaza, y -siguiendo su conocido modus operandi- marcando la cancha para seguir cometiendo barbaridades.
“Si Hezbollah viola el acuerdo y trata de armarse, vamos a atacar”, dijo, a continuación, para, de inmediato, agregar que, “si trata de reconstruir infraestructura terrorista cerca de la frontera, vamos a atacar”, y, detalladamente, adelantar que, “si lanza un cohete, si cava un túnel, si trae un camión cargado con cohetes, vamos a atacar”.
En otras palabra, el libreto aplicado a la nueva agresión militar, lanzada apenas dos días después.
“Escucho la afirmación de que, si entramos en un cese del fuego, no podremos atacar, y ni podremos renovar la guerra”, siguió tratando, por adelantado, de justificar lo injustificable.
“Les recuerdo que eso es exactamente lo que dijeron cuando tuvimos un cese del fuego en Gaza, para liberar a los rehenes: dijeron que no volveríamos a pelear, pero lo hicimos”, agregó.
Netanyahu hizo, así referencia al igualmente frágil acuerdo de alto al fuego anunciado al inicio del genocidio que el régimen israelí está perpetrando, hace más de un año, en la palestina y limítrofe Franja de Gaza.
Separadas por territorio israelí, Gaza y Cisjordania -junto con el sector oriental de la ciudad de Jerusalén- constituyen el territorio del Estado de Palestina -entidad nacional que Israel se niega a reconocer.
La excusa para bestialidad sionista que -de momento- ha cobrado algo más de 44 mil vidas -la mayoría, de niños y de mujeres-, y ha generado unos 104 mil heridos y alrededor de 10 mil desaparecidos, fue el brutal ataque lanzado, la mañana del 7 de octubre de 2023, en territorio Israel, por la terrorista organización políticomilitar palestina Harakat al-Muqawama al-Islamiya (Hamas) -en transliteración del árabe: Movimiento de Resistencia Islámica-.
La acción de Hamás mató a 1200 personas, e implicó el secuestro de 251 rehenes judíos
-incluidas mujeres-, lo mismo israelíes que de otras nacionalidades, algo más de 100 de los cuales fueron liberados.
“Me dicen que Hezbollah va a estar quieto por un año, o dos, va a fortalecerse, y, entonces, va a atacaros”, siguió planteando, manipuladoramente -sin especificar fuente de información, siguiendo el modelo trumpiano de difusión de fake news-.
“Pero Hezbollah va a estar en violación del acuerdo, no solamente si dispara contra nosotros: va a estar en violación del acuerdo, si obtiene armas para disparar, en el futuro, contra nosotros”, señaló, a manera de explicación, para, a continuación, amenazar: “y nosotros vamos a, obligadamente, responder a cualquier violación”.
El eterno libreto: provocación-reacción-“defensa”.
“Yo sé que hay gente que no cree que vamos a hacer eso”, aseguró.
“Pero muchos, también, no creyeron que entraríamos en Gaza, por tierra, y lo hicimos”, siguió alardeando, y también destacó que “no creyeron que entraríamos en Shifa y Khan Younis, y lo hicimos”.
Netanyahu se refirió así al hospital Al-Shifa, en la norteña ciudad palestina de Gaza
-destruido por bombardeos de las Fuerzas de Defensa de Israel (Israel Defense Forces, IDF)-, y a la sureña ciudad de Khan Younis -que presenta masivos daños, a causa de los ataques aéreos israelíes-.
“No creyeron que entraríamos en (la sureña ciudad de) Rafah y (la zona de) el corredor Philadelphi (en el sur de Gaza, junto a la frontera con Egipto), a causa de toda la presión internacional”, siguió enumerando, para precisar, que “no sólo entramos: atacamos, y más”.
Esa línea de criminal alarde belicista también fue evidente cuando Netanyahu tomó por asalto, unos meses antes -el 27 de setiembre-, el podio de la Asamblea General de las Naciones Unidas, para no solamente violar -esta vez, verbalmente- los principios sobre los cuales fue creada la organización mundial sino para, además, flagrantemente ofender a la comunidad internacional.
Al referirse entonces a Hezbollah, admitió la implementación del sicariato bélico que las IDF aplican a la organización armada libanesa: “matamos a altos comandantes militares (…) y, después, matamos a sus reemplazos, y, después, a los reemplazos de sus reemplazos”.
A continuación, garantizó/amenazó: “y continuaremos degradando a Hezbollah, hasta que todos nuestros objetivos estén cumplidos”.
En un flagrante ejercicio de bullying político -exhibiendo incapacidad de razonar civilizadamente-, el sicario primer ministro aseguró que, así como necesita vencer a Hamas, “Israel tiene que también derrotar a Hezbollah, en Líbano”, porque “Hezbollah es la quintaescencia de las organizaciones terroristas en el mundo, hoy”, aseveró.
“Tiene tentáculos que cubren todos los continentes (…) ha asesinado a los ciudadanos de muchos países representados en esta sala, y ha atacado, despiadadamente, a Israel, los pasados veinte años”, dijo, a continuación.
“Durante el pasado año, completamente sin provocación, un día después de la masacre de Hamás del 7 de octubre, Hezbollah inició ataques contra Israel, que obligaron a más de 60 mil israelíes, en nuestra frontera norte, a salir de sus hogares, convirtiéndose en refugiados en su propia tierra”, agregó.
“Israel ha venido tolerado esta intolerable situación, por casi un año”, dijo, para enfatizar, autoritariamente, en el mayor foro internacional: “pues he venido, hoy, aquí a decir que es suficiente”, y que “no aceptaremos un ejército del terror, apostado en nuestra frontera norte, capaz de perpetrar otra masacre estilo 7 de octubre”.
“Por 18 años, Hezbollah, con absoluto descaro (…) se desplazó hasta nuestra frontera, cavó túneles de terror para infiltrar nuestras comunidades, e indiscriminadamente disparó miles de cohetes contra nuestras ciudades y aldeas”, siguió narrando.
“Dispara esos cohetes y misiles, no desde instalaciones militares -también hacen eso- sino que disparan esos cohetes y misiles después de que los colocan en escuelas, en hospitales, en edificios de apartamentos, y en los privados hogares de los ciudadanos de Líbano, ponen en peligro a su propio pueblo”, agregó.
“Ponen un misil en cada cocina, un cohete en cada garaje”, aseveró, sin medir la magnitud del disparate, y sin siquiera tener en cuenta que, según datos de la Corporación Pública de Vivienda (Public Corporation for Housing) del Ministerio de Vivienda y Cooperativas (Ministry of Housing & Cooperatives) de Líbano, el país -cuya población nacional es de alrededor de 5.4 millones- cuenta con, por lo menos 837,500 viviendas.
O sea que, según Netanyahu, frente a Irán -cuyo arsenal de misiles es uno de los mayores en Oriente Medio, con alrededor de tres mil-, Hezbollah es una superpotencia militar regional con alrededor de un millón de misiles -a razón de uno o dos en cada hogar libanés, cocinas y garajes incluidos-.
En Naciones Unidas, durante esa amenazadora alocución, alardeó de una supuesta victoria militar en Gaza.
“El 7 de octubre, el día de la invasión en Israel, ese ejército del terror contaba con casi 40 mil terroristas, estaba armado con más de 15 mil cohetes, tenía 350 millas (algo más de 560 kilómetros) de túneles del terror -una red subterránea mayor que la del sistema del Metro de Nueva York- que usaron para sembrar el caos encima y debajo del suelo”, dijo.
“Un año después, las IDF han matado o capturado a más de la mitad de esos terroristas, destruido más de 90 por ciento de su arsenal de cohetes, y eliminado los segmentos clave de su red de túneles”, se vanaglorió.
“En moderadas operaciones militares, destruirnos casi todos los batallones del terror de Hamas: 23 de 24 batallones”, siguió enumerando -y, al hacerlo, formuló, respecto a Gaza, el curioso y criminalmente arbitrario concepto de moderación operativa militar.
Ahora, en el mensaje del 26 de noviembre a los israelíes, aseguró que, en el contexto de la guerra con Hezbollah, “muchos no creyeron que atacaríamos Líbano, y también hicimos eso: atacamos con fuerza y sofisticación
“Entonces, después de todo eso, quizá tendríamos que empezar a creer”, se dio el lujo de ironizar.
No se trata de creer sino de comprobar: efectivamente, el guerrerista sionismo gobernante en Israel, con su principal sicario como figura central visible, no se detiene ante nada cuando se trata de soltar su bestialidad imperialista como mecanismo para ir logrando sus nefastos objetivos de dominación regional.
Y el criminal establishment militar israelí, está en la primera línea de servicio.
Esto quedó nuevamente demostrado el 27 de noviembre, en una declaración formulada por jefe del Estado Mayor de las IDF, teniente general Herzi Halevi.
Respecto al accionar Israel, el militar informó/amenazó que “la actividad en Líbano fue muy firme, y la implementación del acuerdo de cese del fuego será aún más firme”.
“Con firmeza, de Acuerdo con los lineamientos aprobados ayer (26 de noviembre) por el ministro de Defensa y el primer ministro, los integrantes de Hezbollah quienes se acerquen a nuestras tropas, el área fronteriza (Líbano-Israel), y las aldeas dentro del área que hemos marcado, serán impactados”, dijo, continuación, en el breve texto difundido por las IDF, en su sitio en Internet.
Además de plantear que “no tenemos la intención de pasar meses en guerra”, Halevi, precisó que “hay tropas terrestres (…) con apoyo desde el aire”, y que “hay recursos aéreos y embarcaciones navales”.
Y aseguró, en evidente alusión a la tregua acordada: “por encima de todo, estamos preparándonos, aprestándonos para la posibilidad de que este enfoque no sea exitoso”.
En tal contexto, “sabremos cómo analizarlo otra vez, cortar más a profundidad, y será con más fuerza”, expresó.
“Estamos muy, muy dispuestos a hacer cumplir los lineamientos, y a facilitar una realidad completamente diferente para los residentes del Norte”, siguió advirtiendo.
El militar hizo, así, referencia a los habitantes de comunidades en el norte israelí fronterizo con Líbano, quienes han tenido que desplazarse, a lugares más seguros, a causa de los recurrentes ataques lanzados -principalmente con cohetería-, desde territorio libanés, por arte de Hezbollah -acciones intensificadas desde el inicio del genocidio en Gaza.
Y, entrevistado el 29 de noviembre por el Canal 12 de la televisión de Israel, Netanyahu reiteró su autoritarismo y su voluntad de guerra -definitivamente, no de paz-.
“Si el acuerdo es violado, escalaremos a guerra intensa”, anunció.
A continuación, el autócrata se encargó de despejar cualquier duda que alguien pudiese
-todavía- tener en cuanto a su verdadera intención: “lo llamo un cese del fuego, porque no declaré que la guerra terminó”.
Exactamente: la guerra no terminó, ni en Líbano ni en Gaza, y es cuestión de tiempo de que se formalice -plenamente- en Cisjordania.







