Un activista juvenil de Uzbekistán, Manuchekhr Kurbanov, advirtió que la participación de los jóvenes en el sistema de derechos humanos sigue siendo en muchos casos simbólica.
Los defensores de derechos humanos son, según la Declaración de la ONU sobre la materia, todas las personas que promueven o protegen estos derechos de forma pacífica, sin importar su edad. El Relator Especial de la ONU sobre defensores de derechos humanos reconoció en su informe de 2024 que niñas, niños y jóvenes también pueden serlo. Esto cobra relevancia en un escenario de restricciones: según el CIVICUS Monitor 2024, el 72,4 % de la población mundial vive en países con espacio cívico reprimido o cerrado, y solo 40 de 198 países y territorios se clasifican como abiertos.
Kurbanov comenzó su activismo en la Junta Asesora Juvenil de la ONU en Uzbekistán. Allí observó que los adultos suelen fijar de antemano los términos de las consultas, mientras los jóvenes cuentan sus historias y ofrecen ideas, pero no toman decisiones. Cuestiona así si la promesa de “no dejar a nadie atrás”, lema de la agenda de desarrollo de la ONU, funciona realmente para la juventud.
Qué aportan los jóvenes. El autor sostiene que cambian el lenguaje de los derechos humanos, al hablar de educación, seguridad en internet, ansiedad ambiental, discriminación y salud mental. También trabajan más cerca de las comunidades y detectan antes problemas como el acoso, la estigmatización o la violencia. Además, renuevan los métodos de incidencia: usan redes sociales, educación entre pares y relatos visuales, como lo hacen la plataforma U-Report y el movimiento Fridays for Future.
Propuestas. Para pasar de la presencia al poder, plantea cuatro medidas:
- Involucrar a los jóvenes antes de que se definan las agendas.
- Publicar qué ocurrió tras cada consulta: qué recomendaciones se aplicaron, cuáles no y por qué.
- Dar recursos, como pequeñas subvenciones, mentoría, apoyo legal y canales de comunicación seguros, y no solo invitaciones a paneles.
- Que los aliados adultos apoyen sin hablar en nombre de los jóvenes.
“La pregunta ya no es si los jóvenes merecen un asiento en la mesa, sino si la mesa está lista para cambiar”, concluye Kurbanov, quien trabaja en gobernanza y rendición de cuentas en derechos humanos y tiene experiencia en la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC).







