MÉXICO.— La temporada de incendios forestales en México se perfila como una de las más complejas de los últimos años, con proyecciones que superan los 7.000 casos, según advirtió la Comisión Nacional Forestal (Conafor). Las condiciones climáticas adversas, vinculadas al cambio climático, están intensificando el riesgo en diversas regiones del país mexicano.
De acuerdo con autoridades forestales, el incremento de temperaturas, la reducción de lluvias y un invierno inusualmente seco han generado un entorno propicio para la propagación del fuego. El fenómeno de La Niña ha influido en estas condiciones, provocando uno de los meses de febrero más secos registrados en décadas.
El gerente de manejo del fuego de la Conafor, César Robles, calificó el panorama como “complicado”, señalando que si bien el número de incendios podría mantenerse dentro del promedio histórico, la intensidad y velocidad de propagación representan una amenaza mayor para los ecosistemas.
Uno de los factores clave es la acumulación de material vegetal seco, como hojas, ramas y pastizales, que actúan como combustible. Esta situación, combinada con altas temperaturas, facilita que los incendios se expandan rápidamente, especialmente en zonas boscosas.
El periodo más crítico se concentra entre marzo y mayo, antes del inicio de la temporada de lluvias. Sin embargo, en regiones como Baja California, los incendios suelen presentarse entre septiembre y noviembre debido a sus condiciones climáticas particulares. Actualmente, estados del norte como Coahuila, Chihuahua y Nuevo León enfrentan sequías localizadas que elevan el riesgo.
En cuanto a la capacidad de respuesta, la Conafor dispone de aproximadamente 1.700 brigadistas permanentes y más de 2.600 combatientes adicionales en coordinación con gobiernos locales. La estrategia se centra en el “ataque inicial”, que busca contener los incendios en sus primeras etapas para evitar su expansión.
No obstante, las autoridades subrayan que el principal origen de estos siniestros sigue siendo humano. Cerca del 70% de los incendios forestales del año anterior fueron provocados por actividades como quemas agrícolas, fogatas mal apagadas y quema de residuos.
Ante este escenario, la prevención y la responsabilidad social se vuelven fundamentales. Las autoridades hacen un llamado a la población a extremar precauciones en el uso del fuego, especialmente en zonas rurales y forestales, donde una acción descuidada puede desencadenar una emergencia ambiental de gran escala.








