Lula al trumpismo imperial: Brasil no está en ningún patio trasero

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Foto/Agencias

En un nuevo mensaje de dignidad, el presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, aclaró, en tono de poderosa advertencia, ante el avance del trumpismo imperial sobre América Latina, que Brasil es un país soberano que no forma parte de ningún patio trasero.

En un nuevo mensaje de dignidad, el presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, aclaró, en tono de poderosa advertencia, ante el avance del trumpismo imperial sobre América Latina, que Brasil es un país soberano que no forma parte de ningún patio trasero.

El obrero metalúrgico y líder sindical quien cumple su tercer mandato presidencial no consecutivo (2003-2007, 2007-2011, 2023-2027), se dirigió, a la comunidad internacional, como gobernante inaugural de la Semana de Alto Nivel (22-28 de setiembre) de la 81 Asamblea General de Naciones Unidas.

La semana es el tiempo tradicionalmente dedicado, en el marco del anual inicio de la reunión internacional, a los respectivos mensajes de jefes de Estado y de gobierno.

Siguiendo la tradición establecida, al azar, en la 10 Sesión, en 1955, el primer gobernante quien participa en la semana es el brasileño, seguido por su contraparte de Estados Unidos
-el país sede de la organización-.

En su décima alocución en la asamblea, como presidente, Lula expresó indignación ante la creciente incapacidad de la organización mundial en cuanto a cumplir su principal objetivo: evitar guerras, y, al hacerlo, proteger/promover la paz.

Ello, como consecuencia del control ejercido, por superpotencias, sobre organismos especializados de Naciones Unidas -en particular, el Consejo de Seguridad-.

En ese sentido, hizo específica mención del derecho a veto que la Carta de las Naciones Unidas otorga a los cinco países miembros permanentes del consejo y cofundadores de la organización mundial -China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia-.

Según la definición oficial, “el Consejo de Seguridad tiene la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales”.

Sin embargo, el privilegio del veto impide, frecuentemente, la aprobación de resoluciones clave referidas a situaciones bélicas, ya que los integrantes del quinteto suelen, por la vía de ese recurso, proteger respectivos intereses geopolíticos y geoeconómicos.

“Desde que subí por primera vez a esta tribuna -en 2003-, este es, sin lugar a duda, el momento más crítico para las Naciones Unidas”, señaló el líder sudamericano, quien fue preso político de la dictadura militar brasileña (1964-1985).

“Y el sentimiento que me mueve hoy es el de la indignación: la ONU está fracasando en una de sus misiones más importantes, que es liberar a la humanidad del flagelo de la guerra”, precisó.

“Su credibilidad jamás ha estado tan baja; su capacidad para proteger a los más vulnerables, aquellos que no tienen ejército ni arsenales, jamás ha sido tan débil”, agregó, para denunciar que “somos -todos- rehenes de la inacción de un Consejo de Seguridad que no cumple con su función”.

“En 1946, en la primera sesión de esta Asamblea, Brasil advirtió ya del alto precio que la comunidad internacional pagaría por el derecho de veto”, dijo, a continuación.

“Este defecto, inherente a la Carta de las Naciones Unidas, concedió a las grandes potencias el lujo de mostrarse insensibles, y, a este pecado original, se suma ahora una profunda crisis de liderazgo”, planteó.

Además de señalar que “billones de dólares financian una nueva carrera armamentística”, y de plantear que “las tensiones geopolíticas amenazan con transformar los conflictos regionales en una conflagración de proporciones globales”, expresó que “quienes están al timón de las decisiones más cruciales deben actuar con responsabilidad y con sentido de urgencia”.

Por lo tanto, “los líderes de los países miembros del Consejo de Seguridad deben reunirse”, recomendó, para aclarar que “no me son ajenas las realidades del poder, pero las concesiones a la ley del más fuerte han superado todos los límites – y esto no es idealismo, es puro realismo-”.

“La guerra no es la continuación de la política por otros medios, sino que es el colapso total de la política”, reflexionó, en calidad de fuerte advertencia, al tiempo que explicó que, “en un mundo interdependiente, liderar es conciliar los intereses de la nación con los de la humanidad”.

“Es la reflexión de alguien que representa a una nación amante de la paz y de la libertad, alguien que luchó contra una dictadura militar y defendió a su país frente a un golpe de Estado”, y “es la convicción de un obrero de fábrica que fue elegido Presidente en tres ocasiones y que sacó a Brasil del mapa del hambre”, precisó.

Tambipen llamó, a la Asamblea General, a “concentrarse en cuestiones que son cruciales para el futuro de la humanidad”, contexto en el cual “estamos llamados a elegir entre el multilateralismo o el unilateralismo, entre la democracia o el extremismo, entre la soberanía o la subordinación”.

“Estas elecciones exigen valentía, voluntad política, y claridad de objetivos”, aseguro, además de subrayar que “esto es lo que cabe esperar de estadistas”.

En el dramático cuadro de situación actual, “en América Latina y el Caribe, la proximidad geográfica a la mayor potencia militar del mundo es un hecho ineludible, especialmente en un contexto de renovadas tentaciones hegemónicas”, señaló, en alusión al imperio guerrerista estadounidense.

Y en una admirable reafirmación de dignidad brasileña -y latinoamericana-, dirigió, al trumpismo, un poderoso mensaje: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”.

Al plantear que “las diferencias ideológicas no deberían obstaculizar una mayor integración entre vecinos”, aseguró que “los países de la región han sufrido los horrores de regímenes autoritarios, y han recorrido un largo camino para restablecer la voluntad popular”.

“Dividir el mundo en zonas de influencia, y las incursiones neocoloniales en busca de recursos estratégicos son gestos anacrónicos”, denunció.

“El pueblo venezolano merece definir su propio destino; Nicaragua no resolverá sus problemas impidiendo que la oposición se presente a las elecciones (…) en Cuba, el mundo observa espeluznado cómo se impone un castigo colectivo a 10 millones de personas mediante un embargo económico y energético ilegal”.

En el primer caso, Lula se refirió al golpe de Estado que el trumpismo perpetró, la madrugada del 3 de enero, para derrocar/secuestrar al patético dictador (2013-2026) Nicolás Maduro, desde entonces encarcelado, en la nororiental ciudad de Nueva York, a la espera de juicio como narcotraficante.

Respecto a Nicaragua, aludió al anuncio formulado por Daniel Ortega -durante la conmemoración central, el 19 de julio, del 47 aniversario del triunfo sandinista (1979)-, en el sentido de que la mayoría de la oposición sería excluida de futuros procesos electorales.

En lo que tiene que ver con Cuba, hizo mención de la agudización del bloqueo impuesto en 1962, por Estados Unidos, y que el trumpismo ha agudizado brutalmente, al impedir que diferentes países suplan, a la isla caribeña, de petróleo, después de que el suministro de crudo venezolano terminó a raíz del derrocamiento de Maduro.

El presidente brasileño planteó, asimismo, que, en 1945, “la ONU nació bajo el signo de la esperanza”.

“A lo largo de ocho décadas, ha contribuido a la descolonización, ha promovido los derechos humanos y ha apoyado el desarrollo sostenible (…) ha protegido a migrantes y refugiados, ha condenado el racismo, el antisemitismo y la intolerancia religiosa”, enumeró.

“Fueron logros de líderes que subieron a este atril impulsados por la indignación ante las injusticias de su época”, dijo.

“Hombres y mujeres que se negaron a aceptar la guerra como destino, el colonialismo como derecho, o el apartheid como un sistema legítimo”, agregó, en el último caso, en referencia al racista régimen de apartheid (separación, en la lengua local afrikaans), con el cual la minoría blanca de Sudáfrica -lo mismo que la de África Sudoccidental (la limítrofe y actual Namibia)- sojuzgó, bestialmente, durante casi medio siglo (1948-1990), a la originaria y abrumadoramente mayoritaria población negra.

“De esa capacidad de decir ‘no’ a las desigualdades, surgieron algunas de las mayores transformaciones que hemos vivido”, explicó.

De modo que, “ante la parálisis de las Naciones Unidas, debemos redescubrir la voluntad política para que vuelvan a convertirse de nuevo en un templo de la paz”, sugirió, a manera de exhortación.

Como cierre de su participación en la Asamblea General, Lula dio una contundente lección de civismo a quienes -como Trump y su alma gemela de Argentina, el patán llamado Javier Milei- pretenden incidir en la inminente votación presidencial brasileña.

Ambos matones han manifestado preferencia por el corrupto senador Flávio Bolsonaro, candidato prudencial por el ex gobernante y derechista Partido Liberal (PL) brasileño -el ex Partido de la República (Partido da República, PR)-.

Pero Milei violó la soberanía brasileña cuando participó, el 25 de julio, en la ciudad de São Paulo -la capital del estado de igual nombre, en el sureste del país-, en la convención del PL, para expresar su apoyo a Bolsonaro.

El candidato, es hijo de Jair Bolsonaro, el ex presidente brasileño (2019-2023) y líder liberal quien cumple, desde el 11 de setiembre de 2025, sentencia de 27 años y tres meses de prisión por haber participado en el intento golpista del 8 de enero de 2023, contra Lula
-una semana después de instalado el tercero de sus hasta ahora tres mandatos presidenciales (2003-2007, 2007-2011, desde 2023)-.

Participando en calidad de orador invitado, y perpetrando flagrante injerencismo extranjero en un proceso electoral, Milei apoyó, con exagerado matonismo/excesiva procacidad, la candidatura presidencial de su correligionario liberal, exhibiendo, espectacularmente, varias de sus repulsivas características.

Con superabundancia de procacidad, Milei arremetió, procazmente, contra Lula –“la basura calva”, “zurdo”, “el riesgo Lula”-, y profirió, además, a gritos, algunas de sus favoritas expresiones de recurrente denuesto ideológico para referirse a la izquierda y al socialismo
–“zurdos de mierda!”, “los socialistas, son ladrones!”-.

En su décimo mensaje al mundo, desde el podio de la Asamblea General, Lula dijo que “quiero concluir con un mensaje, de mi país, dirigido a todos los que nos escuchan”.

“El 4 de octubre, millones de brasileños acudirán a las urnas para decidir su destino”, indicó, para explicar que “no sólo votarán por el Presidente de la República, gobernadores estatales, y representantes del poder legislativo, sino que decidirán entre la democracia y el negacionismo, si Brasil avanza hacia un futuro con más oportunidades o si retrocede a un pasado de exclusión”.

“Tendremos unas elecciones competitivas y transparentes en las que cada candidato goce de la máxima libertad de expresión”, no obstante lo cual, “sabemos que algunos abusan de esta libertad para alinearse con intereses extranjeros en contra del país”.

“No infravaloramos la capacidad de las redes de desinformación que quieren mermar la confianza, pero contamos con un sistema electoral moderno y sólido, bajo la atenta mirada de una ciudadanía plural y de una prensa libre”, precisó, a continuación.

Al respecto, subrayó el compromiso de que “no permitiremos que los enemigos de la democracia -ya sean nacionales o extranjeros-, socaven la voluntad popular”.

Y advirtió: “la democracia brasileña pertenece a los brasileños y brasileñas. Brasil sigue siendo un país soberano. Nadie, nadie nos desviará de este camino”.

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