En el crepúsculo de la vida, cuando los años acumulados se tornan testigos de experiencias y sabiduría, una realidad silenciosa pero significativa se cierne sobre la población de adultos mayores en el Perú. La ordena, un trastorno que puede aislarnos del mundo que nos rodea, se erige como el segundo tipo de discapacidad que afecta a este segmento de la sociedad, según un informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
La ordena, que se manifiesta gradualmente a partir de los 60 años, es conocida como presbiacusia. Este fenómeno se origina en la evolución natural del canal auditivo, el cual experimenta un declive en sus capacidades debido al paso inexorable del tiempo. Lamentablemente, muchos individuos subestiman los primeros indicios de esta pérdida auditiva, lo que a menudo lleva a descubrir el problema cuando la audición ya se ha visto considerablemente mermada.
Entre las alertas tempranas de la presbiacusia, se encuentran la dificultad para reconocer voces agudas, como las de los niños o las mujeres, la necesidad de aumentar el volumen de la televisión, la incapacidad para sostener conversaciones a través de dispositivos móviles y la repetición constante de las palabras durante una charla. Estos signos, aunque a menudo pasados por alto, deben ser motivo de atención y acción.
Este año, el Perú se prepara para conmemorar por primera vez el «Día Nacional de la Persona Sorda», que tendrá lugar el cuarto domingo de septiembre. Esta iniciativa, impulsada por el Congreso de la República, tiene como objetivo mejorar las condiciones de apoyo para este sector de la población, permitiéndoles ejercer plenamente sus derechos en todos los aspectos de la vida en sociedad.
El informe del INEI revela que los adultos mayores representan el 13.3% de la población peruana y que cerca del 40% de los hogares en el país cuentan con al menos una persona de 60 años o más. Según la clasificación por tipo de discapacidad, la dificultad para usar brazos y piernas lidera la lista con un 34,6%, mientras que la segunda dificultad para escuchar ocupa el lugar con un 13,7%.
Luis Verástegui Barahona, un experto en audiología y director del centro audiológico AudiPhone, señala que, aunque la sordera está intrínsecamente relacionada con el proceso de envejecimiento, diversas causas contribuyen a la pérdida auditiva progresiva. Entre estos se cuentan la exposición prolongada a ruidos intensos, el entorno ambiental, el uso inadecuado de audífonos a volúmenes elevados y la práctica incorrecta de limpiar los oídos con hisopos.
Es importante destacar que, aunque la ordena está asociada con la edad, los jóvenes tampoco están exentos de riesgo. La exposición constante a niveles elevados de música puede resultar en una pérdida auditiva temprana, un fenómeno denominado «síndrome del oído viejo».
Hasta la fecha, no existe un tratamiento farmacológico eficaz para abordar la pérdida auditiva. Ante este problema, el uso de audífonos adaptados se perfila como la solución más recomendable. Estos dispositivos permiten a los adultos mayores mantener conexiones significativas con su entorno familiar y social, otorgándoles una mejor calidad de vida.
Para determinar el dispositivo más adecuado, es necesario someterse a un examen audiológico que evalúe la capacidad auditiva y la morfología del canal auditivo de cada oído. Así, el especialista puede seleccionar la mejor opción médica.
La pérdida auditiva no solo afecta la capacidad de escuchar, sino que también puede provocar síntomas como zumbidos, mareos y dolores de cabeza en los adultos mayores. Algunos expertos incluso han advertido sobre una posible relación entre problemas auditivos y la aparición del Alzheimer.
El Día del Adulto Mayor, decretado en octubre de 2013 en el Perú, se celebra cada 26 de agosto en honor a aquellos hombres y mujeres que, con sus contribuciones y esfuerzos, han enriquecido el desarrollo de la sociedad. A medida que se avanza en la edad, la ordena puede convertirse en un obstáculo para disfrutar plenamente de esta etapa de la vida. Reconocer esta realidad es un paso crucial para garantizar que los adultos mayores puedan vivir sus años dorados con la dignidad y la calidad de vida que merecen.







