George Rodríguez
El ultraderechista presidente de Brasil, capitán de reserva retirado Jair Bolsonaro, ha llevado su patanería, a un nuevo nivel de procacidad.
Lo consiguió, el 4 de este mes, al referirse soezmente –además de justificarlo- al asesinato, mediante tortura, durante la militar dictadura de Chile (1973-1990), del oficial antigolpista chileno Alberto Bachelet, el padre de la actual Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los derechos Humanos, Michelle Bachelet.
Ello, a causa de que la funcionaria internacional formuló, horas antes, en conferencia de prensa en la ciudad suiza de Ginebra –sede de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh) y del Consejo de Derechos Humanos de la organización mundial-, fundadas críticas al régimen bolsonarista.
El presidente difundió, en la red social Facebook, las ofensivas expresiones contra el oficial Bachelet, un general de brigada de la Fuerza Aérea Chilena (Fach) opuesto al cruento golpe de Estado que, el 11 de setiembre de 1973, derrocó al socialista presidente Salvador Allende –quien murió, en resistencia armada contra la insurrección militar, en el bombardeado Palacio de La Moneda, sede del Poder Ejecutivo-.
La insurrección militar ultraderechista, llevó, al cobarde y corrupto general Augusto Pinochet, al poder –por los siguientes 17 años-.
El general Bachelet fue detenido el día del golpe, liberado horas después, nuevamente arrestado el 14 de setiembre -durante un allanamiento militar a su vivienda- y sometido a tortura por personal de la Fach, pasado en octubre a arresto domiciliario, otra vez detenido el 18 de diciembre, junto a varios oficiales y suboficiales de esa fuerza armada, y vuelto a torturar, hasta que falleció, en prisión, el 12 de marzo de 1974.
En sus afirmaciones del 4 de este mes, en Facebook, Bolsonaro acusó Bachelet de haberse alineado con el presidente francés, Emmanuel Macron, de quien el brasileño afirmó, recientemente, que lo insultó y que ha interferido en asuntos internos del país sudamericano.
“Michelle Bachelet, Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, siguiendo la línea del Macron en entrometerse en los asuntos internos y en la soberanía brasileña, arremete contra Brasil en la agenda de derechos humanos -de delincuentes-, atacando a nuestros valientes policías civiles y militares”, planteó el capitán retirado, un notorio y agresor misógino.
“Dice además que Brasil pierde espacio democrático, pero se olvida de que su país solamente no es una Cuba gracias a los que tuvieron la valentía de dar un basta a la izquierda en 1973, entre esos comunistas su padre brigadier en la época”, aseveró.
Bolsonaro –quien ha expresado añoranza por la dictadura militar brasileña (1964-1985), de la que ha afirmado, como única crítica, que “el error de la dictadura fue torturar y no matar”-, considera como “valentía” la represión del régimen chileno cuyas víctimas fueron más de 40 mil personas –incluidos más de tres mil desaparecidos-, así como decenas de miles de detenidos quienes fueron sistemáticamente sometidos a tortura.
No conforme con haberlos afirmado en declaraciones escritas en Facebook, el presidente reiteró los ofensivos conceptos, en declaraciones a periodistas –pronunciando el apellido de la comisionada, como “Baquelet”-.
“Señora Michelle Bachelet: si no fuese porque la gente del general Augusto Pinochet derrotó a la izquierda, en 1973 -entre ellos, su padre-, hoy, Chile sería una Cuba”, aseveró, a los reporteros, para agregar, de inmediato, que “yo creo que no es necesario decirle nada más, a ella”.
La irracional reacción del gobernante brasileño se dio porque, horas antes, en conferencia de prensa, en Ginebra, y en respuesta a preguntas específicas, de periodistas, sobre Brasil, Bachelet fue crítica del régimen bolsonarista.
“Estos últimos meses, hemos observado una reducción del espacio cívico y democrático”, en Brasil, fenómeno “caracterizado por ataques contra los defensores de los derechos humanos, restricciones impuestas al trabajo de la sociedad civil”, expresó la comisionada, una socialista ex presidenta (2006-2010, 2014-2018) de Chile, quien también fue presa política de la dictadura pinochetista.
También criticó, entre otros aspectos específicos, la reiterada apología -por parte de Bolsonaro- de la dictadura militar brasileña, así como la represiva política de seguridad impuesta por el mandatario, incluida la promoción de libre posesión de armas por parte de civiles.
En natural apoyo a Bolsonaro –cuyo extremismo le ha significado el apodo popular de “Bolsonazi”-, la cancillería brasileña emitió, horas después, un comunicado cuestionando, también irrespetuosamente –aunque no tanto como el presidente-, lo expresado por Bachelet.
“El gobierno brasileño recibió con indignación las declaraciones a la prensa (…) por la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos”, comenzó planteando, el ministerio, para agregar –cual dueño de la verdad- que “al rechazar firmemente esos alegatos, el gobierno viene a restablecer los hechos sobre la real situación de los derechos humanos en Brasil”.
“No es la primera vez que la alta comisionada trata a Brasil con desprecio por la verdad factual”, aseveró, además de expresar que “Brasil se enorgullece de la solidez y la resiliencia de su democracia”, y señaló que, “en los más de treinta años pasados desde la promulgación de la Constitución Federal de 1988, el país demostró notable estabilidad institucional”.
“Democráticamente electo con más de 57 millones de votos, el gobierno del Presidente Jair Bolsonaro recibió claro mandato de la población para garantizar su pleno ejercicio del derecho a la vida, a la seguridad, a la integridad física y a la propiedad, entre otros”, agregó la cancillería encabezada por Ernesto Araújo –un negacionista, al igual que Bolsonaro, del cambio climático, fenómeno que atribuye a una conspiración marxista-.
Lo que el ministerio, obviamente, no mencionó fue que la victoria electoral de Bolsonaro, en octubre del año pasado, fue posible gracias a que el candidato presidencial masivamente favorito –el izquierdista ex presidente brasileño (2003-2007, 2007-2011) Luiz Inácio Lula da Silva-, se vio impedido de participar, a causa de la internacionalmente cuestionada condena a prisión que cumple, por un caso de corrupción.
El entonces juez Sérgio Moro, actuando en el marco de la Operación “Lava Jato” (“Lavacar”) –investigación de altos funcionarios, por casos de corrupción-, condenó, en el marco del período electoral, a Da Silva, a 12 años de prisión –reducidos, luego, a ocho-.
El premio de Bolsonaro, a Moro: nombrarlo ministro de Justicia.
No obstante esto, la cancillería de Araújo se permitió aseverar, entre otras monumentales falacias, en el penúltimo de los doce párrafos de su comunicado, que Brasil es “un país democrático (…) donde los tres poderes funcionan en absoluta independencia y tiene vigencia el pleno Estado de Derecho”.
Desde la instalación policial donde permanece preso, Da Silva difundió, igualmente, el 4 de setiembre, en la red social Twitter, una fuerte declaración de apoyo a Bachelet y de descalificación del mandatario.
“Bolsonaro no se cansa de vomitar ignorancia y avergonzar a Brasil ante el mundo”, señaló Da Silva, quien expresó “mi solidaridad a la presidenta Michelle Bachelet y al pueblo chileno, que hoy tuvieron la memoria de sus muertos y desaparecidos violentada por este señor”.
Pero las críticas no se limitaron a la izquierda sino que hasta otro derechista aliado de Bolsonaro, como es el presidente de Chile, Sebastián Piñera –un declarado simpatizante de Pinochet-, cuestionó –aunque muy suavemente- las afirmaciones del brasileño.
“Sin perjuicio de las distintas miradas que pueden existir respecto a los gobiernos que tuvimos en la década de los 70 y los 80, siempre, estas visiones, deben expresarse con respeto por las personas”, afirmó, en declaraciones a periodistas, también el 4 de setiembre, en La Moneda, haciendo referencia al truncado gobierno constitucional de Allende, y al sanguinario régimen de facto encabezado por Pinochet.
“En consecuencia, no comparto, en absoluto, la alusión hecha, por el presidente Bolsonaro, respecto a una ex presidenta de Chile, especialmente en un tema tan doloroso como la muerte de su padre”, agregó, sin siquiera nombrar a Bachelet.
Entretanto, el portal informativo Brasil 247, indicó, un día después, que la Ordem dos Advogados de Brasil (Orden de los Abogados de Brasil, OAB) y el también brasileño y no gubernamental Instituto Vladimir Herzog –organismo promotor de la democracia y los derechos humanos- proyectan denunciar, en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, al régimen bolsonarista.
El instituto lleva el nombre de un periodista asesinado, en octubre de 1975, por torturadores de la dictadura militar brasileña.
La denuncia, a ser presentada el 10 de este mes, se refiere a los “retrocesos a la democracia y por hacer apología de las dictaduras”, informó, el 5 de este mes, Brasil 247, y aseguró: “no hay precedente al gesto. Nunca antes un presidente brasileño por elección fue denunciado en la ONU”.







