En los exuberantes paisajes de Costa Rica, conocidos por su biodiversidad y la filosofía de «pura vida», la realidad está cambiando drásticamente. Lo que una vez fue un refugio de paz y un imán para ecoturistas, hoy se enfrenta a la creciente amenaza del narcotráfico. En sus frondosas selvas y vastas costas, se ocultan rutas de tráfico de drogas que han convertido al país en un punto crítico en la guerra contra el narcotráfico.
Uno de los principales cambios que ha afectado a esta nación centroamericana es la infiltración de cárteles de drogas internacionales. En particular, los cárteles mexicanos y colombianos han encontrado en Costa Rica un corredor ideal para transportar drogas hacia Norteamérica y Europa. Aprovechan las densas selvas y los manglares que cubren gran parte del territorio nacional para evadir a las autoridades.
La transformación de las selvas en almacenes de droga
Christian Puchi, guarda forestal con más de 20 años de experiencia, explica cómo su trabajo ha cambiado dramáticamente. Mientras que antes su enfoque era la conservación de la vida silvestre, ahora su principal preocupación es enfrentar el narcotráfico. “Ahora las zonas protegidas se han convertido en almacenes de drogas”, afirma. Esta transición refleja el creciente uso de las áreas naturales como puntos estratégicos para el tráfico de cocaína.
La ola de violencia
El narcotráfico ha traído consigo una oleada de violencia sin precedentes en Costa Rica. Entre 2020 y 2023, los homicidios aumentaron un 53%, según datos gubernamentales. Las bandas criminales locales, en su lucha por el control de las rutas del narcotráfico, han generado un clima de terror en las calles, con tiroteos en lugares públicos, como escuelas y hospitales.
Mario Zamora Cordero, ministro de Seguridad Pública, ha calificado este fenómeno como «la mexicanización de la violencia». El país, que no tiene ejército desde 1948, cuenta con una fuerza policial insuficiente para hacer frente a la sofisticada operación de los cárteles. Con solo 15.000 efectivos para una población de más de 5 millones, las autoridades costarricenses enfrentan grandes dificultades para frenar el flujo de drogas y la violencia asociada.
El puerto de Limón y el auge del tráfico de cocaína.
El puerto marítimo de Moín, en la costa de Limón, se ha convertido en uno de los puntos clave para el tránsito de cocaína hacia Europa y Estados Unidos. Inaugurado en 2019, Moín ha sido un catalizador para el aumento del narcotráfico. Los cárteles utilizan los cargamentos de frutas —principalmente piña y plátano— para ocultar la droga y enviarla al extranjero. El puerto, diseñado para mover grandes cantidades de productos perecederos con rapidez, facilita el contrabando de cocaína.
En Limón, la violencia ha alcanzado niveles alarmantes. Las locales bandas, aliadas con cárteles internacionales, luchan por el control del puerto y sus lucrativas oportunidades. Esto ha provocado un aumento en las tasas de homicidios y delitos violentos, colocando a Limón como la ciudad más peligrosa de Costa Rica.
Innovación criminal: cocaína líquida y submarinos
La creatividad de los traficantes es impresionante. Las autoridades costarricenses han descubierto que los cárteles emplean submarinos caseros para mover la cocaína a través del océano Pacífico. Además, el reciente hallazgo de cocaína líquida dentro de botellas de refresco, listas para ser enviadas a Europa y Oriente Medio, revela el ingenio con el que operan los narcotraficantes.
Randall Zúñiga, director del Organismo de Investigación Judicial, destacó que estas innovaciones son una señal preocupante de la creciente sofisticación de las redes de narcotráfico en Costa Rica. Según Zúñiga, aunque México solía ser el principal punto de entrada de drogas hacia Estados Unidos, Costa Rica ha tomado un papel crucial como puente hacia Europa.
Adaptación en tiempos difíciles
Frente a esta realidad, las autoridades costarricenses están luchando por adaptarse. Los guardaparques, encargados de proteger las vastas áreas naturales, carecen del equipo necesario para enfrentar a los cárteles, armados con metralletas y granadas. A pesar de sus esfuerzos, muchos se ven superados por la magnitud del problema.
El futuro de Costa Rica, una nación históricamente pacífica, está en juego. Mientras las autoridades intentan frenar el narcotráfico y la violencia, queda claro que la transformación de este paraíso turístico en un campo de batalla contra las drogas presenta desafíos colosales.







