Originario de Buenos Aires de Puntarenas, César vivió una infancia humilde, marcada por el esfuerzo del trabajo en el campo. Desde joven, participó en la recolección de café, una tarea que, si bien demandante, le enseñó importantes valores de disciplina y responsabilidad. A pesar de las dificultades económicas, César nunca perdió de vista sus aspiraciones académicas. Con determinación y esfuerzo, logró ingresar a la Universidad Nacional, donde se formó para convertirse en orientador, una labor que desempeña con vocación y entrega.
Actualmente, César vive en Grecia, Alajuela, junto a su esposa y su hija, quienes han sido un pilar fundamental en su vida. Su ceguera total, lejos de ser una barrera, ha sido una motivación para demostrar que la discapacidad no define a una persona ni limita sus sueños. Como orientador, César no solo ha guiado a sus estudiantes en temas académicos, sino que también les ha enseñado importantes lecciones de vida, mostrándoles que, con esfuerzo y perseverancia, se pueden superar los obstáculos.
Su historia es un claro ejemplo de superación y resiliencia. A lo largo de su carrera, César ha sido testigo de los cambios en la educación costarricense, adaptándose a las nuevas tecnologías y metodologías para brindar el mejor apoyo a sus estudiantes. Su dedicación ha sido reconocida no solo por sus colegas, sino también por los padres de familia, quienes valoran su capacidad para empatizar y comprender las dificultades que enfrentan los niños y niñas en el sistema educativo.
La labor de César en el MEP no solo ha impactado a cientos de estudiantes, sino que también ha inspirado a otros educadores , profesionales a ver más allá de las limitaciones físicas y buscar siempre la excelencia en su trabajo. Su mensaje es claro: la discapacidad no es un impedimento para lograr grandes cosas, y su vida es un testimonio viviente de que el esfuerzo y la determinación pueden llevar a cualquier persona a alcanzar sus metas.
En un país que aún lucha por la verdadera inclusión de personas con discapacidad, César Ortiz es un faro de esperanza y un ejemplo de que la integración es posible. Su trabajo diario es una inspiración para sus estudiantes, quienes ven en él una figura no solo de orientación académica, sino también de fortaleza y superación personal.