La muerte de Hanzel Steven Cubillo Valverde, un hombre de 34 años con trastorno del espectro autista (TEA), volvió a colocar bajo escrutinio la capacidad del sistema de salud costarricense para atender de forma adecuada a personas neurodivergentes. El caso, ocurrido tras un accidente de tránsito durante la Semana Santa de 2026, ha provocado indignación entre familiares, organizaciones de apoyo al autismo y defensores de los derechos humanos, quienes exigen cambios profundos en los protocolos de atención de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
Según el relato de su madre, Grettel Valverde, Hanzel presentaba intensos dolores abdominales después del accidente. Debido a su condición, tenía dificultades para expresar lo que sentía y únicamente repetía la palabra «panza». La familia sostiene que durante varias horas solicitó exámenes más exhaustivos y una valoración médica especializada, pero que sus manifestaciones fueron interpretadas como conductas propias del autismo y no como signos de una emergencia clínica. Cuando finalmente fue intervenido quirúrgicamente, ya presentaba una perforación intestinal que derivó en una infección generalizada. Falleció el 6 de abril de 2026.
Tras la difusión pública del caso, la CCSS informó que el Hospital de San Carlos abrió una investigación preliminar para esclarecer los hechos y determinar si la atención brindada se ajustó a los protocolos institucionales. Inicialmente la institución defendió el procedimiento aplicado, pero posteriormente confirmó la apertura de la indagación administrativa. Hasta julio de 2026 no se habían divulgado conclusiones públicas sobre esa investigación.
Un problema que trasciende un caso
El fallecimiento de Hanzel ha reabierto el debate sobre la atención que reciben las personas con autismo en los servicios de emergencia. Organizaciones de familiares y especialistas señalan que, aunque existen lineamientos generales para la atención de personas con discapacidad, en muchos centros médicos no se aplican protocolos específicos para pacientes con TEA.
Lorena Arias, representante de la Fundación Mariposa Azul, indicó que numerosas familias reportan experiencias similares, especialmente relacionadas con la falta de espacios tranquilos, largas esperas y poca capacitación del personal para interpretar conductas derivadas de la sobrecarga sensorial propia del autismo.
Especialistas explican que muchas personas dentro del espectro presentan dificultades para comunicar dolor intenso, procesar estímulos ambientales y tolerar el ruido, las luces o las aglomeraciones propias de un servicio de emergencias. Sin protocolos adaptados, estas conductas pueden confundirse erróneamente con problemas de comportamiento, retrasando diagnósticos oportunos.
Capacitación y accesibilidad, tareas pendientes
El caso también ha impulsado llamados para fortalecer la capacitación del personal sanitario en materia de neurodiversidad y comunicación accesible. Diversos especialistas consideran prioritario que los hospitales implementen rutas diferenciadas para pacientes con autismo, incorporando evaluaciones clínicas adaptadas, acompañamiento familiar permanente y ambientes con menor estimulación sensorial.
Mientras tanto, la propia CCSS continúa desarrollando proyectos dirigidos a mejorar la atención de personas con discapacidad, como la apertura del primer Laboratorio de Marcha del Hospital Nacional de Niños para pacientes con trastornos neuromotores. Sin embargo, organizaciones sociales sostienen que estos avances tecnológicos deben complementarse con una transformación en la atención humanizada y en los protocolos para personas neurodivergentes en todos los niveles de la red hospitalaria.
Llamado a una reforma integral
El fallecimiento de Hanzel Steven Cubillo ha trascendido el ámbito judicial y administrativo para convertirse en un símbolo de las barreras que aún enfrentan muchas personas con autismo al acceder a los servicios de salud. Familiares, organizaciones y defensores de derechos humanos coinciden en que el respeto a la dignidad, la capacitación del personal médico y la aplicación efectiva de protocolos especializados no deben depender de casos trágicos para convertirse en una prioridad nacional.
La investigación abierta por la CCSS será determinante para establecer responsabilidades, pero también representa una oportunidad para revisar los procedimientos institucionales y garantizar que ninguna persona con autismo vea comprometido su derecho a recibir una atención médica oportuna, accesible y libre de discriminación.









