Cuando el diario The New York Times publicó el titular «Mapa: un terremoto de magnitud 5,3 sacude Costa Rica», muchos costarricenses se sorprendieron, ya que en el país la mayoría de los medios de comunicación informó sobre un temblor de magnitud 5,3 ocurrido el 7 de julio de 2026.
¿Se trató de un error? La respuesta es no necesariamente. La diferencia radica principalmente en el uso del lenguaje periodístico y científico, así como en el contexto cultural de cada país.
En Costa Rica, la palabra «temblor» es la más utilizada para describir los movimientos sísmicos que, aunque pueden sentirse con fuerza, no ocasionan daños generalizados ni un alto número de víctimas. Es un término profundamente arraigado en el lenguaje cotidiano y permite transmitir una sensación más precisa de lo ocurrido para la población local.
Uso periodístico y significado científico
En cambio, en medios internacionales como The New York Times, el término «terremoto» suele emplearse como traducción del inglés «earthquake», palabra que engloba prácticamente todos los sismos perceptibles, sin hacer una distinción basada en la magnitud o los daños ocasionados. Desde la perspectiva científica, un terremoto y un sismo son el mismo fenómeno: la liberación repentina de energía en la corteza terrestre que genera ondas sísmicas.

En Costa Rica existe además una diferencia de uso popular. Aunque técnicamente todos los terremotos son sismos, muchas personas reservan la palabra «terremoto» para eventos destructivos, como los ocurridos en Limón en 1991 o en Cinchona en 2009, mientras que utilizan «temblor» para movimientos de menor impacto.
El contexto cultural de cada término
Esta diferencia lingüística explica por qué los medios nacionales evitaron hablar de un terremoto. Al no registrarse una destrucción masiva ni pérdidas humanas de gran magnitud, emplear ese término podía generar una percepción exagerada del evento entre la población.
También influyó el enfoque informativo. Los medios costarricenses priorizaron informar sobre la intensidad con que se sintió el movimiento, las réplicas, el monitoreo de las autoridades y el llamado a la calma. Por su parte, un medio internacional busca que lectores de distintos países identifiquen rápidamente que ocurrió un evento sísmico, utilizando una terminología estandarizada y ampliamente reconocida.
En conclusión, ambos enfoques describen el mismo fenómeno geológico. La diferencia no está en el hecho ocurrido, sino en la forma de comunicarlo. Mientras el periodismo costarricense privilegia un lenguaje cercano a la percepción social del riesgo, los medios internacionales utilizan una terminología más general, donde «earthquake» —traducido como «terremoto»— se aplica a prácticamente cualquier sismo que sea registrado y sentido por la población. Esta diferencia evidencia cómo el contexto cultural y el público al que se dirige cada medio influyen en la manera de titular una misma noticia.







