Owen Castellón, Escritor nicaragüense/Foto-Medios

Estos tiempos de pandemia nos han robado la seguridad en nosotros mismos y de quienes nos rodean. El alcohol se ha convertido en nuestro mejor aliado y el nuestro buen enemigo. Pero si hay algo que este virus no nos ha podido arrebatar es ese espíritu aventurero, la magia que encuentras en la sonrisa de tus amigos y ese segundo único que marca la manecilla del reloj de escuchar a los tuyos, a aquellos que con hechos y palabras llamamos familia.
Pero hoy decidí salir no porque sea valiente, sino porque comprendí que no puedo ser un cautivo de mis temores, quise volver a experimentar el cansancio de recorrer kilómetros y ver frente a mi rostro carreteras abiertas llenas de sueños al horizonte. Necesitaba experimentar de nuevo lo que se siente esperar minutos longevos por una orden de un restaurant.
Reírte de la loquilla del bar, el que no te guste el famoso coctel que anhelabas probar. La adrenalina de subirte a un Kayak aun cuando no sabes nadar.
Y descubrí que por más que el mundo cambié la esencia de vivir sigue ahí las ganas de seguir, reír hasta morir, la melancolía de dejar atrás algo semejante al paraíso y volver al pedacito de tierra al que llamamos hogar, el lugar que alberga nuestros sueños, y el deseo de tener alas y volar de nuevo hacia un nuevo destino.







