La precariedad laboral y los bajos ingresos aparecen como los principales factores asociados a esta situación, incluso en países con sistemas de salud universal
08 de julio de 2026
Un estudio científico reveló que seis de cada diez personas con el VIH atendidas en una zona transfronteriza entre Francia y Suiza enfrentan algún grado de vulnerabilidad social, una realidad que demuestra que la cobertura sanitaria universal no elimina por completo las desigualdades económicas y sociales que afectan la calidad de vida de quienes viven con esta condición.
La investigación, publicada en junio de 2026 en la revista AIDS Care, analizó la situación de 639 personas con VIH residentes en zonas rurales y urbanas de los Alpes franceses cercanos a la frontera suiza. De las 595 personas con información social completa, el 61,5% presentaba condiciones asociadas a vulnerabilidad social.
Los principales factores relacionados con esta situación fueron la inestabilidad laboral y contar con ingresos mensuales inferiores a 1.500 euros, elementos que pueden dificultar el acceso a recursos básicos, generar estrés económico y afectar la continuidad de los cuidados médicos.
El VIH más allá de la atención médica

Aunque los avances científicos han permitido que el VIH sea considerado actualmente una condición crónica controlable mediante tratamiento antirretroviral, los investigadores señalan que los factores sociales continúan teniendo un peso determinante en la salud de las personas.
La vulnerabilidad social puede influir en la asistencia regular a consultas médicas, la adherencia al tratamiento, el bienestar emocional y la posibilidad de mantener una vida estable.
El estudio destaca que incluso en Francia, donde existe un sistema sanitario universal, persisten barreras relacionadas con el empleo, los ingresos, el aislamiento social y las dificultades materiales.
Para medir estas condiciones, los investigadores utilizaron el índice EPICES, una herramienta desarrollada y validada en Francia que permite evaluar diferentes dimensiones de la situación social de una persona, más allá del nivel económico. Este instrumento considera aspectos como estabilidad laboral, apoyo social, condiciones de vida y acceso a recursos.
La precariedad laboral aumenta los riesgos
Los resultados identificaron que las personas con empleos inestables y quienes tenían menores ingresos económicos presentaban mayores probabilidades de encontrarse en situación de vulnerabilidad.
Según los especialistas, la falta de seguridad laboral puede provocar dificultades para cubrir necesidades diarias, mantener tratamientos médicos adecuados y acceder a servicios de apoyo.
La región analizada presenta además un desafío particular: combina áreas urbanas con mayor disponibilidad de servicios y zonas rurales donde las distancias, el transporte limitado y la dispersión poblacional pueden convertirse en obstáculos adicionales.
Por esta razón, los investigadores plantean que las estrategias de atención deben adaptarse a las características de cada territorio y no limitarse únicamente al tratamiento médico.

La pandemia profundizó las desigualdades
El estudio también examinó el impacto del primer confinamiento provocado por la pandemia de COVID-19 y encontró que la crisis sanitaria agravó la situación social de algunos grupos.
Entre las personas que inicialmente no presentaban vulnerabilidad social, un 10% pasó a encontrarse en esa condición durante ese periodo. Además, aumentó el índice utilizado para medir la precariedad social, reflejando un deterioro general de las condiciones económicas y sociales.
El impacto fue mayor entre personas de origen subsahariano, con bajos ingresos o empleos inestables, lo que evidencia que la pandemia funcionó como un amplificador de desigualdades que ya existían previamente.
La pérdida de empleo, la reducción de ingresos, las dificultades administrativas y el aislamiento pudieron aumentar los problemas que enfrentaban algunas personas con VIH.
Se requieren respuestas integrales

Los autores del estudio señalan que los resultados deben impulsar nuevas estrategias que combinen atención sanitaria y apoyo social.
Entre las medidas recomendadas están la identificación temprana de situaciones de vulnerabilidad durante las consultas médicas, la coordinación entre servicios de salud y programas sociales, así como acciones específicas para personas migrantes, trabajadores con empleos precarios y población con bajos ingresos.
La investigación concluye que combatir las desigualdades sociales es una parte fundamental de la respuesta al VIH. Garantizar medicamentos y atención médica resulta indispensable, pero no suficiente si las personas continúan enfrentando condiciones económicas y sociales que afectan su bienestar.
El VIH, señalan los especialistas, debe abordarse desde una perspectiva integral donde la salud, los derechos humanos y la inclusión social formen parte de una misma estrategia.
Fuente: gTt-VIH.
Referencia científica: Parriault MC, Fontaine J, Piet E, et al. Social deprivation among people living with HIV in the French-swiss Cross-border area: the need for targeted interventions. AIDS Care. 2026. doi:10.1080/09540121.2026.2680247.







