En las tierras altas del Valle Central, rodeada de exuberante vegetación y con una vista panorámica que abraza el valle de Orosi y el majestuoso volcán Turrialba, se encuentra la Finca Agroecológica La Flor. Un proyecto que ha florecido durante más de 20 años, gracias al arduo trabajo de la Asociación para el Desarrollo de la Conciencia Ambiental y Humana (ASODECAH), una organización sin fines de lucro con la visión de fomentar la educación ambiental y fortalecer el vínculo entre los seres humanos, los animales y el medio ambiente.
En un mundo cada vez más consciente de los desafíos que enfrenta el planeta, la voz de Humberto Castillo, Silvicultor de la Finca Agroecológica La Flor, resuena con fuerza. Humberto es un apasionado defensor de la naturaleza y afirma que en «La Flor, todo se cultiva al natural, sin el uso de químicos, priorizando la producción orgánica. El método de cultivo se basa en la utilización de recursos sostenibles, aprovechando los desechos de cabras, caballos y compostaje de hierbas para fertilizar las plantas».
«Los jardines embellecen el lugar. Aquí por eso tenemos abejas, colibrís y muchos más insectos, animales que favorecen mucho la fauna y flora», afirma Castillo. Estas palabras resaltan la importancia de mantener un equilibrio ecológico en la zona, favoreciendo la coexistencia de diversas especies y el florecimiento de la biodiversidad.
Sin embargo, Humberto también alerta sobre los desafíos que enfrenta la región debido a los efectos del cambio climático, una problemática a la que no es ajena. A lo largo de los años, ha sido testigo de cómo la deforestación y la contaminación han afectado el suministro de agua, especialmente en áreas cercanas a Turrialba. La relación entre la degradación ambiental, la disminución del agua en la región es clara, y Humberto aboga por un conjunto de esfuerzos para revertir esta situación.
«Los bosques provocan la lluvia. Ayuda este tipo de sitios a los animales, pero también a nosotros a poder ver un sitio fresco bonito, en este tipo de lugares hay frutas para los animales, también leña por si se usa en el fuego, no destruyendo el bosque, sino recolectando lo que se puede cortar o lo que se sazona», agrega el Silvicultor.
La importancia de la Finca Agroecológica La Flor y proyectos similares radica en su rol fundamental en la conservación del medio ambiente y la promoción de un estilo de vida en armonía con la naturaleza. ASODECAH invita a grupos académicos, voluntarios, estudiantes de idiomas, artistas, practicantes de yoga y visitantes en general a sumergirse en esta experiencia única, que ofrece la oportunidad de estar en contacto directo con la flora y fauna del lugar.
Los senderos que serpentean a través de las 10 hectáreas de bosque regenerado permiten a los visitantes maravillarse con la belleza natural y aprender sobre la importancia de la conservación. Las huertas orgánicas, medicinales son espacios enriquecedores para entender la sostenibilidad agrícola, cómo es posible cosechar de manera responsable y respetuosa con el entorno.
Además, la presencia de animales de granja, como gallinas, caballos, cabras, brinda a los visitantes una conexión especial con la vida rural y las prácticas tradicionales. Asimismo, el salón de yoga se convierte en un rincón de paz y reflexión para aquellos que se encontrarán consigo mismos y con la naturaleza.
La Finca Agroecológica La Flor es un ejemplo inspirador de cómo es posible armonizar la relación entre el ser humano y la naturaleza, demostrando que la conservación del medio ambiente es una tarea colectiva y vital para el bienestar de todos. En un mundo donde la deforestación, la contaminación amenazan la salud del planeta, proyectos como este nos recuerdan que cada pequeño esfuerzo puede marcar la diferencia y contribuir a un futuro más verde y sostenible para las generaciones venideras.







