La guerra en Ucrania continúa dejando una profunda huella en la población, con un aumento constante de las necesidades médico-humanitarias. Tras años de conflicto, los ataques a hospitales, ambulancias e infraestructuras médicas han sobrecargado el sistema sanitario, limitando el acceso a la atención médica, especialmente para las personas mayores y los enfermos crónicos.
En respuesta a esta crisis, equipos médicos han desplegado proyectos de rehabilitación en varias regiones, brindando fisioterapia postoperatoria y apoyo en salud mental a las personas afectadas por el conflicto. En ciudades como Cherkasy y Odesa, el número de pacientes con trastorno de estrés postraumático y amputaciones ha aumentado, reflejando el impacto devastador de la guerra.
Los bombardeos diarios cerca de la línea del frente han obligado a adaptar la atención médica, trasladando pacientes a hospitales con mayor capacidad y estableciendo clínicas en búnkeres o sótanos. Las ambulancias han evacuado a miles de personas heridas, pero la inseguridad y la falta de recursos siguen siendo un desafío.
El sistema de salud ucraniano enfrenta una crisis sin precedentes, con hospitales dañados y personal médico sobrecargado. Aunque el conflicto terminara hoy, las consecuencias médicas y psicológicas perdurarán durante años. Ante esta realidad, la necesidad de apoyo humanitario es más urgente que nunca.







