La CCSS, que cumple 85 años, recorre ríos y montañas para atender a los pueblos bribri y cabécar con respeto a su cultura.
SEPECUE, TALAMANCA, LIMÓN.— “Es una pequeña punzadita. Respire profundo”, le dice la enfermera Itzel Morales a doña Maira, mientras le sube la manga de la blusa y le aplica la vacuna contra el tétanos, que la protegerá durante los próximos diez años. Después viene un control básico: presión arterial, glicemia, temperatura y peso. Los 45 kilos que marca la báscula confirman que todo está bien. Es la primera cita de control de doña Maira en 2026, y ocurre en un lugar que, para llegar a él, exige caminar.
Un país pequeño con territorios muy distantes
Costa Rica es un país centroamericano de poco más de cinco millones de habitantes, conocido por su democracia estable y su sistema público de salud. Ese sistema es administrado por la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), la institución encargada de la seguridad social y de la mayor parte de la atención médica del país, que en 2026 cumple 85 años de existencia. Pero el país también incluye territorios de montaña, selva y ríos caudalosos donde viven los pueblos indígenas, entre ellos los bribri y los cabécar, dos de los pueblos originarios reconocidos en Costa Rica.
Una de esas zonas es Talamanca, un cantón de la provincia de Limón, en el sureste del país y cercano a la frontera con Panamá. Allí, en territorio bribri, funciona el ebáis de Sepecue. “Ebáis” es la sigla de Equipo Básico de Atención Integral en Salud: el puesto de primer nivel donde las personas reciben consulta general, vacunas, controles y atención preventiva sin tener que viajar a un hospital.
Sepecue está a 26 kilómetros de la sede del área de salud de Talamanca, entre quebradas y ríos como el Telire. Atiende a personas bribri y cabécar de comunidades como Coroma, Bajo Cohen, Oro Chico, Arenal, San José Cabécar y Alto Cohen. En algunas de ellas, la gente debe caminar entre ocho y doce horas y cruzar hasta tres ríos para llegar a ciertos servicios de salud. No hay transporte público, y las pendientes son empedradas.
Deyanira Almengor y su hija Yunneidi, de 14 años, salieron de su casa en Coroma a las cinco de la mañana y caminaron una hora y media, con el cruce obligado del río Cohen, para que la joven se hiciera exámenes de laboratorio. “El camino es pesado, pero vale la pena porque siempre recibimos un buen servicio”, reconoció Deyanira.
Johana Hernández salió con su hijo Anderson a las 3:30 de la madrugada y recorrió cuatro kilómetros hasta la consulta. “La CCSS es muy importante por su apoyo a todas estas comunidades alejadas”, afirmó.
Itzel Morales, enfermera indígena bribri con ocho años de laborar en el ebáis, cruza a diario dos ríos para llegar a su trabajo. Recuerda que una persona de la zona puede tener que dejar a su familia, tomar un camino casi intransitable o pagar hasta 15 mil colones por un bote para alcanzar un punto de salud. Entre sus casos más marcados está el de un niño que llegó caminando desde Oro Chico, a tres horas a pie, con una severa mordedura de serpiente. El ebáis contaba con suero antiofídico, se lo aplicaron a tiempo y lo trasladaron al hospital Tony Facio, en Limón, y de ahí al Hospital Nacional de Niños, en San José. “Ese día salvamos la vida de un niño y se hizo porque el ebáis estaba en territorio indígena”, afirmó Itzel.
Funcionarios que hablan la lengua de su gente
La CCSS organiza su atención por redes. La Red Integrada de Prestación de Servicios de Salud Huetar Atlántica, que abarca el Caribe del país, tiene una población adscrita de unas 528 744 personas, de las cuales 36 908 son indígenas, principalmente cabécar, bribri y ngäbe. Es una de las redes con mayor diversidad cultural y mayor complejidad geográfica de Costa Rica.
Luis Jackson López, asistente técnico de atención primaria (atap) bribri, tiene 22 años en la institución. Ha llegado a los pacientes a caballo, en bote, en motocicleta, en cuadraciclo e incluso caminando durante días. “Somos la institución que está en el territorio indígena”, dijo, y señaló que también se llega a comunidades sin conectividad, donde muchas otras instituciones no entran. Ornisio Reyes, también atap bribri, suma 25 años de experiencia, 22 de ellos en Sepecue. Ha cruzado ríos, recorrido montañas y viajado en helicóptero, y ha sido traductor: hablar con los pacientes en su propia lengua, explicó, permite una atención más cálida y cercana.
El doctor Gonzalo Mena Selles, el primer médico indígena de Talamanca, originario de Shiroles, en territorio bribri, advierte que la barrera del idioma es real: en muchas comunidades predomina la lengua materna, lo que puede dificultar la comunicación entre el personal de salud y las personas usuarias. Entre los problemas de salud más frecuentes que identifica están la desnutrición, las enfermedades diarreicas y respiratorias, las parasitosis, las mordeduras de serpiente y las intoxicaciones por plaguicidas, además de dificultades para atender a tiempo emergencias obstétricas y dar seguimiento a enfermedades crónicas. Por eso sostiene que la atención no puede ser uniforme, sino adaptada a cada territorio. Hoy Mena es médico asistente en la Dirección de la Red Huetar Atlántica.
¿Qué significa “pertinencia cultural”?
Es el principio de que un servicio de salud debe tomar en cuenta el idioma, la historia, las costumbres y la cosmovisión de quienes lo reciben. La doctora Kenia Quesada Mena, del Programa de Normalización de la Atención en Salud de los Pueblos Indígenas de la CCSS, explica que antes predominaba un modelo biomédico y homogéneo, con poca consideración de las diferencias culturales, lingüísticas y territoriales. Hoy, afirma, la institución avanza hacia un modelo centrado en las personas, con un enfoque intercultural.
Ese cambio se apoya en el Lineamiento Técnico Operativo para la Atención con Pertinencia Cultural en Salud de los Pueblos Indígenas y en medidas concretas: atención extramuros (fuera de los establecimientos), visitas planificadas según la geografía , el clima, y transporte terrestre, aéreo y fluvial para llegar a comunidades de difícil acceso. También se aplica el protocolo de egreso seguro, cuya implementación comenzó en el hospital William Allen Taylor, en Turrialba, y se creó el perfil de asistente indígena comunitario (AIC), personal con conocimientos lingüísticos, culturales , territoriales que facilita la comunicación y el acompañamiento. Actualmente hay diez: cinco en la región Huetar Atlántica, tres en la Brunca y dos en la Central Sur.
En capacitación, hospitales como el de Ciudad Neily y el William Allen Taylor han formado a su personal en derechos de la mujer embarazada, prevención de la violencia obstétrica, parto respetado y pertinencia cultural. La CCSS también ha incorporado criterios culturales en infraestructura: rotulación en idiomas indígenas, espacios para el acompañamiento familiar en la atención materna y condiciones que permiten prácticas como el parto vertical. Además, contrató personal indígena con arraigo en el territorio en los ebáis de Salitre y Térraba y ha abierto mecanismos de diálogo con las comunidades.
Desde 2019, el Expediente Digital Único en Salud (edus), el sistema electrónico donde se registra la historia clínica de las personas, incluye la variable etnia-indígena. Según el área de Estadística en Salud, a finales de 2025 había unas 104 557 personas indígenas registradas, cifra equivalente, de forma referencial, a alrededor del 101 % de las 103 104 personas indígenas censadas en 2011 y al 141,3 % de la población indígena autoidentificada con pueblo y territorio. Para la doctora Quesada, esa información permite visibilizar a esta población, identificar inequidades y planificar mejor.
La Dirección de Compras de Servicios de Salud reportó, además, que entre el primer semestre de 2024 y el mismo período de 2026 el acceso temprano al control prenatal en mujeres indígenas subió del 38 % al 48 %, y que la completitud de ese control, medida por el cumplimiento del paquete básico de intervenciones según la edad gestacional, pasó del 14 % al 39 %.
Los retos pendientes
La CCSS reconoce que persisten desafíos: la articulación entre instituciones, la sostenibilidad de las acciones, el uso de la información y la participación de los pueblos indígenas en las decisiones sobre su propia salud. La doctora Quesada afirmó que la institución continúa una trayectoria sostenida para lograr “una atención más humana, inclusiva y respetuosa de la diversidad cultural que caracteriza a Costa Rica”.









