Alberto Cabezas/Foto-Medios
“Cuando era joven no creí que las políticas GLBTI+Q con las que contamos se iban implementar algún día en Costa Rica” argumento Rodrigo Campos Hernández, quien activista de derechos humanos de Costa Rica.
“Mi involucramiento en el movimiento de la diversidad sexual y de género es relativamente reciente, fue más o menos a inicio del año 2000 cuando tuve la oportunidad de conocer a Marco Castillo Rojas, reconocido abogado costarricense. Nunca me había percatado de la lucha de las poblaciones sexualmente diversas por el acceso a la justicia, equidad y no discriminación como derechos humanos fundamentales. Y aunque había participado en luchas sociales en épocas de universitario, no tenía la menor idea de que la identidad sexual fuera un tema de demandas y discusión de derechos.
Con Campos conversó el Periódico Informativo JBS.

Entrevista
¿Cómo se encuentra Costa Rica con respecto a otros países de la región en cuanto a políticas públicas LGBTIQ+?
Con respecto a los otros países de la región centroamericana, Costa Rica, a partir de la administración de Luis Guillermo Solís (2014-2018) ha venido dando pasos significativos en lo que a la formulación de normas, reglamentos, decretos y políticas relacionadas con las poblaciones de la diversidad sexual y de género del país.
La posibilidad de asegurar a la pareja del mismo sexo, solicitar un bono de vivienda, tener acceso gratuito a los medicamentos para el combate del VIH, visitas conyugales en las cárceles, política de no discriminación por orientación sexual e identidad de género en las instituciones del sector público, y más recientemente el matrimonio civil para parejas del mismo sexo, han sido logros significativos que se han alcanzado en poco menos de una década, ya que la actual administración de Carlos Alvarado Quesada (2018-2022) ha continuado impulsando importantes medidas como la institucionalización de una oficina para una comisionada de gobierno en Asuntos de la Diversidad Sexual y de género.
Es decir, en menos de una década, teniendo como principal oposición al cristianismo evangélico y católico conservador y siendo un estado confesional, Costa Rica ha logrado lo que desgraciadamente no se ha alcanzado en el resto de los países de la región.
A pesar de ser considerados estados laicos y contar con movimientos fuertemente comprometidos, luchadores y estratégicamente organizados.
Llama la atención dos casos, el de Nicaragua y el de El Salvador, ambos en su momento considerados “estados socialistas” y, sin embargo, en ninguno de los dos países se alcanzaron logros significativos y permanentes para las personas de la diversidad sexual y de género de sus respectivos países, y más bien, se experimenta un retroceso muy peligroso en esta materia.
¿Cuéntame de tu niñez, juventud y adolescencia y tus principales desafíos, obstáculos, proyectos, triunfos en ese momento como persona gay?
En realidad, durante mi niñez no enfrenté discriminación alguna por mi homosexualidad, tampoco en mi juventud, sabía que lo era desde muy chico, pero nunca se me discriminó por esto, sino por otros factores, por mi pertenencia de clase, por mi sobrepeso, por mis inclinaciones evangélicas, pasé muchos años asistiendo a iglesias pentecostales.
Allí sufrí mucha persecución y discriminación, no por mi orientación sexual, sino por mis ideas muy ligadas a la teología de la liberación y a la necesidad de comprometernos con los más necesitados.
Muchas veces fui expulsado de esas congregaciones por defender un evangelio más inclusivo y comprometido con las personas más pobres y por enfrentar la naciente “teología de la prosperidad”.
Hoy, después de mucho tiempo, de participar en organizaciones, movimientos y colectivos de la diversidad sexual, de vivir abiertamente mi homosexualidad con mi familia, amigos, estudiantes y colegas me hace sentir muy orgulloso y pleno.







