Pasos de animal grande -animal imperial, por lo tanto, exageradamente grande- parecen dirigirse hacia Cuba, específicamente hacia el general Raúl Castro.
La jueza Ariana Fajardo, del 11 Distrito Judicial de Florida, firmó, el 16 de octubre, la respectiva orden de detención (arrest warrant) de Castro -según lo revelado, tres días después, en conferencia de prensa, por el fiscal general floridense, James Uthmeier-.
Castro es señalado por su responsabilidad en el derribamiento, en 1996 -hace treinta años-, de dos avionetas civiles de Hermanos al Rescate/Brothers to the Rescue -organización opositora cubana con sede en la ciudad de Opa-Locka, en el extremo sur del sudoriental estado de Florida-, acción que cobró la vida a cuatro tripulantes.
El hecho de que la reactivación del caso se lleva a cabo tres décadas después de ocurrido el brutal incidente, es fuerte indicio de que, en su desesperación ante la previsible/fenomenal derrota en las inminentes elecciones de medio período en Estados Unidos -programadas para el 4 de noviembre-, el trumpismo probablemente está tratado de hacer méritos -ante los votantes en general, y los hispanos en particular-.
La orden de captura contra Castro -quien se ha desempeñado, entre otros cargos, como ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (1959-2008) (ministro de Defensa), presidente del Consejo de Estado y de Ministros (2008-2018) (presidente de Cuba), primer secretario del Partido Comunista de Cuba (2011-2021)-, se suma a la acusación penal anunciada, el 20 de mayo, por el estadounidense Departamento de Justicia (Department of Justice, DOJ).
Castro figura, en la acusación, junto con otros cinco personajes del régimen, pero es -al menos por ahora- el único requerido para detención.
La orden de arresto fue emitida por una autoridad judicial de Florida, y se enmarca en la legislación penal de ese estado, por lo que no es de implementación nacional ni internacional -lo que significa que, en el caso de visita por parte del requerido, el país del caso no tiene la obligación de capturarlo-.
Aviones militares cubanos MIG-29 -de fabricación rusa- lograron derribar a dos de las tres pequeñas aeronaves bimotoras marca Cessna -de fabricación estadounidense- cuyo vuelo interceptaron, matando a sus cuatro tripulantes -dos estadunidenses de ascendencia cubana, un cubano naturalizado estadounidense, y un cubano con residencia en Estados Unidos-.
Las víctimas fueron identificadas, respectivamente, como Carlos Costa, Mario de la Peña (estadounidenses), Armando Alejandre (naturalizado), Pablo Morales (residente).
La otra avioneta -piloteada por José Basulto, fundador de Hermanos- no fue alcanzada por el fuego militar cubano, lo que permitió el regreso a su base, en el aeropuerto de Opa-Locka.
La organización -al igual que Estados Unidos- sostiene que el derribo ocurrió fuera del espacio aéreo cubano, mientras que la dictadura sostiene que las aeronaves civiles sobrepasaron, en vuelo, el paralelo 24, violando la soberanía de la isla.
El paralelo 24, cruza la zona media -marítima y aérea- del Estrecho de Florida, ubicado entre territorio estadounidense -su costa norte- y cubano -su costa sur-, separadas algo más de 90 millas (poco menos de 150 kilómetros) entre sí, en su distancia menor.
Las aguas y el espacio aéreo internacionales son el área ubicada a partir de 12 millas náuticas (unos 22 kilómetros) de las respectivas costas.
Al momento de redacción de esta nota, se desconoce el texto completo de la orden de detención, aunque versiones periodísticas -lo mismo estadounidenses que internacionales- han revelado algunos aspectos.
En una de las referencias más exactas, Jurist -plataforma periodística estadounidense especializada en temas de Estado de Derecho- explicó -citando a Uthmeier, y a otras autoridades judiciales floridenses- que, en el marco de los Estatutos de Florida (Florida Statutes) -el código de leyes local-, en el caso de Castro fueron tipificados, como intento delictivo (atempted offense), los delitos de conspiración (conspiracy) y de premeditación de asesinato en primer grado (first-degree premeditated murder).
El delito de conspiración implica pena máxima de prisión de 30 años, según Jurist, que, además, precisó que, “aunque los asesinatos ocurrieron fuera de Florida, el estado puede procurar cargos, bajo la Sección 910.005 (de los estatutos), que permitan el juzgamiento de delitos cometidos enteramente o parcialmente dentro del estado’”.
El medio de comunicación agregó que “Florida debe, por lo tanto, demostrar que elementos de la planificación conspirativa ocurrieron dentro del estado”.
Al respecto, Uthmeier fue citado, en el comunicado que la Fiscalía General (Office of the Attorney General) de Florida emitió, el 19 de octubre -fecha en que se anunció la orden de captura-, en el sentido de que “Raúl Castro ordenó el asesinato, a sangre fría, de cuatro floridenses, y Florida nunca dejará de procurar responsabilidades por esa conspiración comunista”.
El fiscal aseguró que, en tal contexto, “los espías del régimen de Castro operaron en nuestras comunidades, proporcionaron inteligencia a La Habana, y ayudaron a poner, a pilotos civiles, en la mira de los MiGs cubanos”.
Citando la acusación penal de mayo, la fiscalía señaló, en el mismo comunicado, que Castro -entonces ministro, además de vicepresidente- “fue un tomador de la decisión final en la cadena de mando que autorizó el derribamiento”.
“Castro dio, a altos jefes militares, ordenes definitivas: ‘está bien, derríbenlos en el mar, cuando aparezcan, y los que tienen autoridad, no van a consultar a nadie’”, agregó.
“Agentes de la Dirección de Inteligencia -DI- cubana, operando como parte de la Red Avispa en los condados (floridenses) de Miami-Dade y Monroe, se infiltraron en Hermanos al Rescate, informaron sobre planes de vuelo, y apoyaron la Operación Escorpión”, reveló.
La fiscalía hizo, así, referencia a la estructura cubana de inteligencia que operó, en la década de 1990, en Florida Sur (South Florida).
La red fue creada por la DI, con la misión principal de infiltrar exiliadas organizaciones opositoras cubanas con sede en Miami, además de llevar a cabo misiones de inteligencia militar.
Como parte de la Red Avispa, la Operación Escorpión tuvo, como objetivo específico, el espionaje a Hermanos al Rescate, para lograr el desmantelamiento de la organización que inició operaciones en 1991 y cerró, gradualmente, a raíz del incidente de febrero de 1996.
La red (1991-1998) llevó a cabo múltiples acciones de inteligencia militar, incluida -en la década de 1990- la Operación “Surco”, cuyo objetivo fue la infiltración del Comando Sur de Estados Unidos (United States Southern Comando, Southcom).
Esa estructura cubana de espionaje fue abruptamente desmantelada cuando el estadounidense Buró Federal de Investigación (Federal Bureau of Investigation, FBI) detuvo, el 12 de setiembre de 1998, en Florida Sur, a sus cinco principales agentes -Fernando González, René González, Antonio Guerrero, Gerardo Hernández, Ramón Labañino-, quienes pasaron a ser conocidos como “Los Cinco”.
Los espías de la dictadura fueron sometidos a juicio (2000-2001), hallados culpables (8 de junio de 2001), condenados a prisión (14 de diciembre de 2001).
Las condenas: Hernández, dos prisiones perpetuas; Labañino, prisión perpetua -reducida a 30 años-; Guerrero, prisión perpetua -reducida a 22 años-; González, 19 años -reducida a 17 años y nueve meses-; González, 15 años-.
Sin embargo, todos fueron puestos en libertad, y regresados a su país de origen, en el marco del proceso de normalización diplomática entre Cuba y Estados Unidos, y como parte de un intercambio de prisioneros.
La normalización fue iniciada el 17 de diciembre de 2014, a iniciativa de Raúl Castro y del entonces presidente estadounidense (2009-2013, 2013-2017), el demócrata Barack Obama, pero Trump la desmanteló principalmente en el campo económicos, e intensificó el bloqueo iniciado en 1962 por Estados Unidos -a nivel diplomático, ambos países mantienen sus respectivas embajadas-.
El intercambio tuvo lugar, básicamente, el 17 de diciembre de 2014 -cuando los cinco fueron liberados-, y concluyó el 12 de enero de 2015.
En la actualidad, la revelación de la orden de captura, generó la inmediata/lógica respuesta del régimen cubano.
El presidente del isleño país caribeño, Manuel Díaz-Canel, escribió, el 19 de octubre -el día del anuncio-, en la red social X, que “la repudiable acción contra el General de Ejército esta mañana en un patético circo miamense, con trasfondo electoral, no tiene, ni tendrá jamás, el más mínimo sentido jurídico y mucho menos práctico”.
“Raúl es Raúl, y ante cada afrenta a su figura siempre encontrarán la determinación de un pueblo a defender a la Revolución”, agregó, en la segunda de las tres partes en que dividió el texto.
“Esa maniobra de vestidura legal montada por políticos anticubanos contra Raúl y contra Cuba merece nuestra firme condena. Forma parte del afán agresivo y responde los tropiezos al intentar justificar el Bloqueo y el castigo colectivo contra nuestro pueblo”, precisó, a continuación.
Por su parte, en el comentario editorial que publicó, el mismo día, el periódico Granma
-órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC)- denunció que “no cesa el imperio en su afán de intentar doblegar al pueblo cubano”.
“Sus herramientas ‘diplomáticas’ en este empeño son las de siempre: amenazas, presiones, campañas de odio en las que faltan a la verdad”, agregó, en el texto que tituló “Frente al afán agresivo del imperio, la determinación de un pueblo”.
Coincidentemente, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, dijo, en conferencia de prensa realizada dos días después, que la acción estadounidense carece de validez.
“La orden de detención (…) es un acto infame y estéril, que no tiene ningún valor legal, no tiene ningún valor ético, y no tiene tampoco -como declaró el presidente Díaz-Canel, recientemente- ningún valor práctico”, señaló el ministro.
“Este tipo de acciones -y la concentración de ellas en las últimas semanas, como la persistencia del Departamento de Estado, con raras excepciones, en anunciar los jueves nuevas y adicionales sanciones contra Cuba- están dirigidas no solo a incrementar las medidas de asfixia, a cerrar cualquier salida que nuestro pueblo, en nuestro modelo económico, en sus relaciones internacionales amplias, productivas, trate de encontrar; a cerrar toda válvula”, agregó.
“Yo tengo la convicción de que la política del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, tendrá que cambiar”, vaticinó, para agregar, en alusión a Trump y a sus colaboradores inmediatos, que “tendrá que cambiar, o con este gobierno, o con el siguiente, o con el próximo”.
“Tendrá que cambiar porque, en primer lugar, la resistencia victoriosa, la defensa a ultranza de la independencia y la soberanía nacional, la disposición a defender la patria ante cualquier amenaza, basada en ideas profundas, en un elevado nivel de conciencia”, comenzó a explicar.
“Algún día tendrá que cambiar, también porque es la voluntad de los ciudadanos estadounidenses, y porque será imposible seguir ocultando a los estadounidenses la verdad de lo que ocurre en Cuba (…) será imposible contener a los cubanos residentes en los Estados Unidos que no quieren y se oponen al sufrimiento al que hoy se someten a sus familias”, agregó respecto al bloqueo iniciado hace más de seis décadas e intensificado este año.
“En tercer lugar, porque lo que está ocurriendo hoy, y el orden internacional que se trata de imponer, es insostenible, es peligroso, amenazador e insostenible”, subrayó.
“No será duradero, o habrá una catástrofe, una conflagración mundial, porque (…) la amenaza de los enormes arsenales de armas nucleares y la desenfrenada carrera armamentista con utilización de la inteligencia artificial, o el reconocimiento por Estados Unidos de la militarización del espacio ultraterrestre (…) no permitirán que el orden que se trata de establecer a punta de pistola por la fuerza de las armas, sea duradero”, reflexionó.
Entretanto, el régimen de Rusia -aliado clave de la tiranía cubana-, reaccionó, el 20 de octubre, advirtiendo sobre el riesgo de desestabilización regional, a causa de la medida trumpista.
En el comunicado que emitió ese día, con el título “Declaración del MAE de Rusia en relación con la expedición de una orden de arresto del líder histórico de Cuba, Raúl Castro”, el Ministerio de Asuntos Exteriores (MAE) ruso, advirtió que la acción “podría entrañar una desestabilización en toda la región latinoamericana y el Caribe”.
En ese sentido, planteó la perspectiva de “la futura exacerbación de la situación en torno a Cuba, que está sobreviviendo unos tiempos ya difíciles, relacionados con el bloqueo económico-comercial, financiero y energético sin precedentes”.
“En caso de que se produzca una explosión social en Cuba, será posible una amplia migración de ciudadanos cubanos a los países vecinos, lo que, para ellos, podría resultar en una crisis social”, agregó.
Respecto a la orden de captura, señaló que “dicha resolución judicial podría haber sido percibida únicamente como expresión de sentimientos de un grupo determinado de personas, si no fuera por lo que ocurrió a inicios de este año en Venezuela, cuyo líder fue secuestrado contrariamente a todas las normas y principios del Derecho Internacional”.
La perspectiva de un “raúlazo”, en Cuba -luego del exitoso “madurazo”, la madrugada del 3 de enero, en Venezuela- se agudizó a raíz de las declaraciones formuladas, el 23 de octubre, respectivamente, por el jefe del Comando Sur de Estados Unidos (United States Southern Command, Southcom), general Francis Donovan; la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA), y el secretario de Estado, Marco Rubio.
Donovan aseguró, en X, que “el futuro de Cuba pertenece a quienes actúan”, y llamó, a los cubanos, a que “tomen el momento, y construyan el cambo que ustedes quieren ver”.
“No más promesas rotas, corrupción desenfrenada, ni tolerar a una clase de élite viviendo en lujo mietras los ciudadanos son ignorados”, planteó, a continuación.
Como cierre de la subversiva exhortación, escribió: “ahora es el momento”.
Donovan incluyó, en su mensaje, textos, respectivamente, de la CIA y de Rubio.
La agencia -con extensa historia de conspiraciones golpistas en América Latina y el
Caribe-, emitió un llamado en español “a aquellos que buscan crear un cambio positivo en Cuba – Este es el momento. La decepción de las promesas fallidas, la corrupción, y las vidas privilegiadas de unos pocos – Aprovecha esta oportunidad de crear el cambio que deseas a través de una asociación discreta con la CIA”.
La agencia incluyó, también en español, un instructivo sobre como establecer ese contacto.
Por su parte, Rubio, reprodujo, en inglés, la exhortación de la CIA.
El funcionario fue interrogado al respecto, durante una teleconferencia llevada a cabo el 26 de octubre -tres días después de los mensajes en X-: “por qué insta a los cubanos a colaborar con la CIA en lugar de organizarse de forma pacífica? Qué les está pidiendo que hagan?”.
Rubio respondió, evasiva aunque amenazantemente, que “no puedo responder a eso más allá de decir que creemos que Cuba necesita un cambio muy drástico”.
“Quiero decir, es un caso totalmente distinto al de Venezuela, se presenta de forma muy diferente. Y lo dejaré ahí, lamentablemente”, agregó.
Efectivamente, son realidades diferentes.
En términos generales, en América Latina, la imperial dictadura trumpista se muestra dispuesta a eliminar a las dictaduras criollas que se presentan como estorbos a su plan de reafirmación del poder hegemónica en su histórico patio trasero (backyard) regional.
Pero el régimen cubano -instalado hace casi medio siglo- es un enemigo más complejo -al menos especulativamente- que el madurista -que duró poco más de una década-, además de que Castro es intelectualmente superior al fenomenalmente mediocre Maduro.
La tiranía cubana se parece más, en términos de resiliencia, a la criminal teocracia musulmana iraní que a la fácilmente derrocada dictadura venezolana.
Todos los intentos imperiales por derribar al régimen caribeño han resultado en fracaso, desde Playa Girón hasta los recurrentes/frustrados planes de asesinato de Fidel -que fueron numerosos y, en algunos casos, bastante creativos-.
Habrá que ver si Marco Rubio logra lo que, hasta ahora, ha sido imposible para el imperio.
Y hay que determinar cuál es su concepto de “cambio muy drástico” en Cuba -porque pareciera que considera que, en el caso de Venezuela, no lo fue-.







