Costa Rica. Una investigación científica identificó bajo la península de Osa una zona de alto acoplamiento tectónico que ha acumulado entre 1,75 y 2 metros de déficit de deslizamiento desde el terremoto ocurrido en 1983.
El estudio, publicado en el Journal of Geophysical Research: Solid Earth, estima que este sector podría tener capacidad para generar, en un eventual escenario de ruptura, un terremoto de entre magnitud 7,2 y 7,4.
Sin embargo, los especialistas advierten que estos resultados no permiten determinar cuándo ocurrirá un terremoto.
El hallazgo se basa en mediciones geodésicas obtenidas mediante estaciones del Sistema Global de Navegación por Satélite (GNSS), que permiten conocer cómo se mueve la superficie terrestre y detectar sectores donde las placas tectónicas permanecen parcialmente bloqueadas.
Una zona que permanece trabada
La península de Osa se encuentra frente a la zona donde la placa del Coco se introduce debajo de Costa Rica. Este proceso genera deformaciones que pueden acumularse durante décadas.
Cuando una parte de la zona de contacto entre las placas permanece trabada y no libera todo el movimiento esperado, se produce un déficit de deslizamiento.
En Osa, los investigadores calcularon que ese déficit alcanza entre 1,75 y 2 metros desde el terremoto de 1983.
El sismólogo Marino Protti, del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori-UNA) y uno de los autores del estudio, explicó que las mediciones permiten localizar sectores donde se concentra esa deformación.
La investigación identifica un parche de alto acoplamiento situado bajo la península de Osa y que se extiende hacia parte de la península de Burica.
Para este sector específico, el potencial sísmico estimado se encuentra entre magnitud 7,2 y 7,4.
No significa que el terremoto sea inminente
Uno de los principales puntos que destacan los científicos es la diferencia entre identificar una zona con potencial sísmico y predecir un terremoto.
Los instrumentos permiten establecer dónde se está acumulando deformación y elaborar modelos sobre el tamaño que podría alcanzar una eventual ruptura.
Pero no existe una fecha determinada.
En otras palabras, el estudio indica que la zona tiene condiciones para liberar energía acumulada, pero no permite establecer si el próximo gran terremoto ocurrirá en meses, años o décadas.
Los investigadores también analizaron diferentes escenarios dependiendo de cuánto del déficit acumulado llegue a liberarse y de qué extensión de la falla participe en una eventual ruptura.
Por esa razón, el estudio contempla magnitudes de 7,4, 7,5 e incluso un escenario cercano a 7,8 cuando se considera una ruptura de mayor extensión.
Estos valores no representan predicciones independientes sobre el próximo terremoto, sino diferentes escenarios derivados de los modelos científicos.
Osa registra grandes terremotos
La preocupación científica por esta región también está relacionada con su historial sísmico.
El estudio identifica grandes terremotos superiores a magnitud 7 ocurridos en 1904, 1941 y 1983, además de evidencia de un posible evento ocurrido en 1867.
Los investigadores han estimado un intervalo de recurrencia cercano a cuatro décadas para grandes terremotos en Osa.
No obstante, este intervalo no funciona como un calendario.
La ocurrencia de un terremoto puede adelantarse o retrasarse considerablemente respecto de los promedios históricos. Por eso, que hayan transcurrido varias décadas desde el último gran evento no significa que exista una fecha determinada para el siguiente.
Más instrumentos para vigilar Osa
El avance en el conocimiento de esta zona también está relacionado con el crecimiento de la red de monitoreo geodésico.
Antes de 2017 existían ocho estaciones GNSS continuas en el sur de Costa Rica y solamente una se encontraba en Osa.
Para el nuevo análisis fueron utilizadas velocidades obtenidas mediante 33 estaciones regionales, con registros correspondientes al periodo comprendido entre 2016 y 2024.
Algunas de estas estaciones se encuentran a menos de 40 kilómetros de la fosa donde ocurre la subducción de la placa del Coco.
Esta cercanía permite obtener información particularmente detallada sobre los movimientos de la corteza terrestre en una de las zonas sísmicamente más activas del país.
La ciencia puede anticipar, no fechar
El caso de Osa recuerda que la ciencia sísmica ha avanzado considerablemente en la identificación de zonas de riesgo, pero todavía no permite determinar el momento exacto de un terremoto.
Los datos permiten conocer dónde se concentra la deformación, cuánto movimiento se ha acumulado y qué magnitudes podrían producirse bajo determinados escenarios.
El mensaje para la población, por tanto, no es que un terremoto de magnitud 7,4 esté por ocurrir, sino que existe una zona identificada científicamente con capacidad para generar un evento de gran magnitud.
Ante esa realidad, el monitoreo permanente y la preparación de la población continúan siendo las principales herramientas para reducir los efectos que podría provocar un futuro terremoto en Costa Rica.










