Melvin Muranaka, un joven de 29 años de ascendencia filipina, siempre soñó con abrir su propio bar en Ni-chome, el distrito LGBTQIA+ de Shinjuku, Tokio. Para él, Ni-chome no es solo una ubicación geográfica, sino un refugio donde pudo ser auténticamente él mismo por primera vez. Con el declive de la pandemia de coronavirus, Muranaka pensó que había llegado el momento de hacer realidad su sueño.
Sin embargo, su entusiasmo se encontró con un desafío inesperado: la creciente demanda de propiedades en Ni-chome para abrir nuevos bares. A pesar de que la zona alberga alrededor de 400 bares, en su mayoría pequeños, la escasez de propiedades se ha convertido en un obstáculo para aquellos que, como Muranaka, desean contribuir a la diversidad y vitalidad de la comunidad.
Ni-chome se destaca como una de las concentraciones de bares LGBTQ+ más densas del mundo, siendo un refugio seguro para aquellos en una sociedad donde el matrimonio entre personas del mismo sexo no es legal y la aceptación social puede ser desafiante.
La declaración de un alto cargo del Primer Ministro, Fumio Kishida, en febrero sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo causó controversia, subrayando los desafíos que aún enfrenta la comunidad LGBTQ+ en Japón. Aunque Ni-chome ha resistido la pandemia con subvenciones gubernamentales y bajos gastos generales, la creciente demanda y la amenaza de demolición de edificios envejecidos plantean preguntas sobre el futuro a largo plazo de la zona.
Takamitsu Futamura, un agente inmobiliario de tercera generación en Ni-chome, señala que la mentalidad de la gente ha cambiado durante la pandemia, llevando a muchos a perseguir sus sueños de establecer negocios en la zona. A pesar de los desafíos, la comunidad LGBTQ+ de Ni-chome sigue siendo un símbolo en todo Japón, atrayendo a personas de diversas edades y trasfondos.
Los «boxes», como a menudo se denominan los bares en Ni-chome, han sido históricamente lugares íntimos que solo pueden albergar a unos pocos clientes. Aunque en sus inicios estaban dominados por hombres, la escena ha evolucionado para incluir más mujeres, lesbianas y personas transgénero.
A pesar de los posibles desafíos en el horizonte, el entusiasmo por Ni-chome persiste. A finales de septiembre, Futamura tenía entre 20 y 30 personas esperando la disponibilidad de propiedades en la zona. Muchos de ellos, de edades comprendidas entre los 20 y los 50 años, habían trabajado previamente en bares gays, algunos utilizando sus fondos de jubilación para perseguir su sueño empresarial.
Aunque se están abriendo grupos de bares LGBTQ+ en otras partes de Tokio, la autenticidad de Ni-chome sigue siendo insustituible para muchos. Muranaka, después de un año de perseverancia, finalmente abrió su propio bar llamado «AXL» en septiembre. Su enfoque es ofrecer un espacio acogedor y diverso, rompiendo la imagen a veces intimidante que Ni-chome puede tener para los jóvenes.
La comunidad de Ni-chome, a pesar de los desafíos actuales, sigue siendo un faro de aceptación y autenticidad para aquellos que buscan un refugio inclusivo en la dinámica ciudad de Tokio. Con la esperanza de atraer a una nueva generación de clientes, la zona LGBTQ+ de Ni-chome sigue siendo un símbolo poderoso de la resistencia y la diversidad en la sociedad japonesa.







