Este jueves, sacerdotes católicos, activistas y lugareños protagonizaron una marcha simbólica para denunciar los abusos que enfrentan los migrantes en su tránsito hacia Estados Unidos. La manifestación recorrió cerca de dos kilómetros desde la Casa del Migrante Sin Frontera en Tecún Umán, Guatemala, cruzando el río Suchiate en las mismas balsas precarias que usan los migrantes, hasta culminar en una misa en Ciudad Hidalgo, México.
Gemayel Fuentes, coordinadora de la Casa del Migrante, explicó que el objetivo de la movilización es sensibilizar sobre la dura realidad migratoria. «Lo que buscamos es que los migrantes sean reconocidos no sólo desde su país de origen, sino también en los países de tránsito y destino», señaló.
La travesía: riesgos y abusos
El río Suchiate, de 150 metros de ancho, es un cruce habitual para los migrantes que, impulsados por la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades, se enfrentan a múltiples peligros en su camino hacia el norte.
Según un comunicado conjunto de las diócesis de San Marcos (Guatemala) y Tapachula (México), los migrantes no sólo enfrentan los riesgos naturales del trayecto, sino también la acción de grupos criminales en Chiapas, donde sufren robos, extorsiones, secuestros e incluso asesinatos. Además, son víctimas de cobros indebidos, abusos sexuales, trata de personas y tráfico de menores, en medio de una notable ausencia de políticas efectivas para su protección.
La labor de la Casa del Migrante
Desde su apertura en 1996, la Casa del Migrante Sin Frontera se ha convertido en un refugio esencial para los migrantes. En 2023 atendieron a más de 30.000 personas y este año la cifra ya supera los 31.000. Ofrecen alojamiento, alimentos, atención médica y legal, y otros servicios gratuitos a unas 150 personas diariamente.
La marcha, que incluyó banderas de Guatemala, México, otras naciones latinoamericanas y de Estados Unidos, también sirvió para visibilizar el éxodo masivo que atraviesa Centroamérica y México, un corredor migratorio crucial hacia el sueño americano.
Un llamado urgente
Activistas y líderes religiosos exigieron a los gobiernos de la región acciones inmediatas para garantizar los derechos humanos de los migrantes. «Huyen de represalias, violencia, hambre y falta de empleo, pero encuentran más peligros en el camino», denunciaron. La marcha concluyó con un llamado a la solidaridad y al compromiso colectivo para atender esta crisis humanitaria.
En un contexto de creciente migración, la frontera entre México y Guatemala continúa siendo un punto neurálgico donde se enfrentan sueños, peligros y la dura realidad de miles de personas en busca de una vida mejor.







