
George Rodríguez/Foto-Archivo
Nuevamente usando, para una actividad proselitista, el recurso del estado que es la Casa Blanca, el derechista presidente estadounidense, Donald Trump, concretó su primera aparición pública tras su hospitalización por el nuevo coronavirus, y ofreció, a un grupo de simpatizantes, más de lo mismo.
Utilizando la habitual retórica reaccionaria -exactamente la que el par de centenares de recalcitrantes seguidores quería oír de su amado líder-, el candidato a la reelección por el gobernante Partido Republicano, volvió a cargar, ofensivamente, contra su adversario, el ex vicepresidente (2009-2013, 2013-2019) Joe Biden, contra el opositor Partido Demócrata -que lo postula-, y contra “los políticos de izquierda”.
Volvió a afirmar inexactitudes tales como que el virus -al que insistió en referirse como “el virus de China”- está en proceso de ser eliminado a nivel mundial, y que el muro antinmigrante que ordenó construir en la frontera sur de Estados Unidos -el límite terrestre de 3155 kilómetros con México-, estará, en breve, construido.
Por si eso no hubiese sido suficiente, se refirió, en reiterada hipocresía, a las comunidades negra y latina, fuertemente afectadas por el racismo y la xenofobia de su administración.
Trump no solamente se ha negado a condenar a los grupos supremacistas blancos que operan en Estados Unidos sino que, públicamente, lanzó una orden a una de esas organizaciones paramilitares, en el sentido de prepararse-.
También mantiene la brutal política de detener a los migrantes indocumentados-principalmente provenientes del Triángulo Norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala, Honduras), una de las regiones más violentas a nivel mundial- cuando logran cruzar la frontera sur.
Las detenciones implican arrancar, a niños y niñas, de sus respectivas familias, para encerrarlos en jaulas, someter a niñas y mujeres a violencia sexual -en algunos casos, obligando a adultas a someterse a la histerectomía (remoción quirúrgica del útero)-, y, en general, mantener, a los migrantes detenidos, en instalaciones insalubres.
Trump describió la actividad -llevada a cabo, durante algunos minutos, el 10 de octubre, en el Jardín Sur de la Casa Blanca- como un acto pacífico de protesta en apoyo a las fuerzas de policía.
Ello, en el marco de las masivas y sostenidas protestas, que tienen lugar hace meses, a nivel nacional- contra la brutalidad policial racista, que, a causa del uso excesivo e injustificado de fuerza, ha cobrado vidas de ciudadanos afroestadounidenses.
Entre los casos más recientes, figura el asesinato a balazos, en el marco de un violento allanamiento a una casa, de la joven Breonna Taylor, herida de seis disparos.
También, la fatal asfixia provocada a George Floyd, por un agente policial quien, durante ocho minutos y 46 segundos, le aplicó una rondilla a la garganta, mientras la víctima estaba esposada, sobre el asfalto de una calle, gritando que no podía respirar, mientras otros dos agentes observaban.
Asimismo, el caso de Jacob Blake, herido por un efectivo policial quien les disparó siete veces en la espalda, habiéndole generado lesiones que lo mantienen discapacitado.
La impunidad que rodea a esos y la mayoría de otros casos, generó masivas y prolongadas manifestaciones de protesta, reprimidas por efectivos policiales y de la militar Guardia Nacional, en varias ciudades estadounidense.
También fueron motivo para el lanzamiento del movimiento popular nacional Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan, BLM).
Una de las acciones más destacadas de BLM fue la pinta, en grandes letras amarillas, del nombre completo del movimiento, en la nororiental ciudad de Nueva York, en la cuadra de la Quinta Avenida, entre las calles 56 y 57, en la que se ubica la Torre Trump -propiedad del presiente estadounidense-.
Entre las numerosas personas quienes participaron en esa actividad antirracista figuraron el alcalde de la cuidad, Bill de Blasio, su esposa, Chirlane McCray, y el veterano y popular reverendo afroestadounidense Al Sharpton.
“Me siento honrado de darles la bienvenida -le llamamos a esto una ‘protesta pacífica’ a la Casa Blanca, en apoyo a los increíbles hombres y mujeres del cumplimiento de la ley, y toda la gente que trabaja tan bien con nosotros, y debo decirles: nuestra comunidad negra, nuestra comunidad hispana, muchas gracias, muchas gracias”, afirmó.
Trump formuló un llamado, a sus simpatizantes, a votar en los comicios generales programados para el 3 de noviembre, para, según el mandatario, derrotar al Partido Demócrata.
“No permitan que nuestro país se convierta en una nación socialista”, expresó, a las personas presentes, hablándoles desde una terraza de la Casa Blanca.
“No podemos dejar que eso pase, y eso es lo que pasaría, o peor, a propósito, o peor”, afirmó, a continuación, en su referencia al Partido Demócrata y, en particular, a Biden y a su candidata vicepresidencial, la senadora mestiza Kamala Harris, parlamentaria a quien Trump a calificado de “monstruo”.
“Todos los días, más negros y latinos estadounidenses están dejando atrás a los políticos izquierdistas y sus fracasadas ideologías, eso es lo que son”, afirmó, para agregar que “fracasaron por mucho años, y muchas, muchas décadas”.
“Los demócratas han administrado casa ciudad en el interior en estados Unidos -y quiero decir que por cien años-, y sus políticas no han producido nada más que calamidad, pobreza, y problemas”, aseveró.
“Los negros y los latinos estadounidenses están rechazando a la izquierda radical, socialista, y están adoptando nuestra agenda pro-trabajos, pro-trabajador, pro-policía -queremos ley y orden, tenemos que tener ley y orden-, y pro-estadounidense”, dijo.
“El Somnoliento’ Joe Biden ha traicionado a los negros y a los latinos estadounidenses”, dijo de inmediato, para advertir que, “si ustedes creen que él puede gobernar este país, están equivocados”.
Respecto a la pandemia, aseguró que Estados Unidos superará al virus.
“Quiero que ustedes sepan que nuestra nación va a derrotar a este terrible virus de China, como lo llamamos, y estamos produciendo poderosas terapias y drogas, y estamos curando a los enfermos, y vamos a recuperarnos”, afirmó.
“La vacuna está saliendo muy, muy rápidamente, en tiempo récord, como saben, está saliendo muy, muy pronto”, siguió aseverando, para agregar que “tenemos grandes, grandes compañías haciéndolo, y estarán distribuyéndola, y nosotros lo haremos, a través de nuestros militares, muy, muy rápidamente, a través del poder del espíritu estadounidense, creo, más que cualquier otra cosa”.
Trump omitió indicar que laboratorios en numerosos países a nivel mundial están desarrollando la vacuna -en algunos casos, en procesos considerablemente avanzados-, y que, de acuerdo con la opinión de médicos, el medicamento podría usarse, en el mejor de los casos, el año próximo.
No obstante menospreciar los planteamientos científicos respecto a la enfermedad -por ejemplo el uso de mascarillas y el distanciamiento social-, Trump afirmó ahora que “la ciencia (…) erradicará este virus de China, de una vez por todas, estamos eliminándolo en todo el mundo”.
En su habitual manipulación de las realidades que no son de su conveniencia -con más de 20 mil mentiras o afirmaciones inexactas registradas por medios estadounidenses en lo que va de su mandato-, el presidente ignoró el hecho de que los contagios, a nivel mundial -lo mismo que en Estados Unidos- siguen aumentando, lo mismo que los casos fatales.
De acuerdo con los datos más recientes de la estadounidense Universidad Johns Hopkins -que son actualizados en tiempo real-, la cifra mundial de casos se ubicaba, al 11 de octubre, en algo más de 37.4 millones, mientras que los fallecimientos llegaban a poco más de un millón.
“Ustedes ven grandes brotes en Europa, grandes brotes en Canadá, muy grandes brotes en Canadá -lo vieron hoy-, muchos brotes, pero va a desaparecer, estás desapareciendo, y las vacunas van a ayudar, y las terapias van a ayudar mucho”, agregó.
Pero, nuevamente, Trump ignoró las dramáticas cifras de Estados Unidos.
El país ocupaba, al 11 de octubre, según Johns Hopkins, el primer lugar a nivel mundial, presentando caso 7.7 millones de casos, y 214, 768 víctimas fatales, mientras que la limítrofe Canadá -nación en la que se esforzó en centrar la atención- se ubicaba en el puesto 25, con 184,403 casos.
Trump sigue demostrando que, en su dictatorial actitud de plantear falsedades como si fuesen verdades absolutas, constituye un riesgo en el pésimo manejo de la presidencia de Estados Unidos.
El peligro también lo son sus seguidores, en particular los escuadrones paramilitares -los grupos supremacistas blancos y otras agrupaciones afines- que en Estados Unidos son conocidas como milicias, y utilizan armas de combate.
Sus mensajes autoritarios a esos sectores, y su negativa a condenarlos, están empoderándolos al punto que una de esas organizaciones terroristas de extrema derecha conspiró para secuestrar a la demócrata gobernadora del nororiental estado de Michigan, Gretchen Whitmer.
El plan, desarrollado durante meses este año, fue frustrado la semana pasada por el Buró Federal de Investigación (FBI) y la fuerza policial del estado.
A causa de las firmes declaraciones que Whitmer a formulado, respecto a la manipulación de la ayuda federal a los estados -según sus gobernadores sean demócratas o republicanos- en la emergencia por la pandemia, Trump se ha referido, a la gobernadora, en términos menospreciantes.
Se trata de la actitud general de Trump contra quienes se le oponen, en particular si se trata de mujeres en posiciones de poder.
En ese sentido, califica a su ex rival demócrata en las elecciones de 2016, Hillary Clinton, como “Crooked” (“Corrupta”) Hillary, menciona a la también demócrata presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi -una tenaz opositora- como “Crazy” (“Loca”) Nancy.
La rivalidad entre Pelosi y Trump condujo a la legisladora a rasgar, visiblemente, durante la sesión solemne parlamentaria, las hojas de su copia del Mensaje de Estado de la Unión (anual informe de labores presidencial) que el mandatario presentó este año.
En el caso de Whitmer, se ha referido a la gobernadora como “that woman from Michigan” (“esa mujer de Michigan”).
El carácter y la creatividad de Whitmore convirtieron el insulto en un eslogan, el que imprimó, en letras blancas, en una camiseta azul que se hizo confeccionar, prenda con la cual ha concedido por lo menos una entrevista.






