LA RESPONSABILIDAD SÍ HACE LA DIFERENCIA, Y NOSOTROS SOMOS LOS PRIMEROS QUE DEBEMOS ATENDER AL LLAMADO: APRENDO EN CASA EL CORTE DEL SILENCIO

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Grupo de personas usuarias de silla de ruedas participa en una actividad

En el tejido social de Costa Rica, una realidad palpable se disimula entre las sombras del silencio: la gestión menstrual, un aspecto intrínseco de la vida de las mujeres que, paradójicamente, se ve obstaculizado por barreras económicas y sociales. La falta de acceso a productos de higiene menstrual afecta a miles de mujeres y niñas, exacerbando la brecha de género y marginando a aquellas que no pueden afrontar el costo asociado a una condición biológica.

COSTOS OCULTOS DE LA MENSTRUACIÓN

La vida fértil de una mujer abarca hasta cuatro décadas, durante las cuales enfrenta al menos 13 ciclos menstruales al año, cada uno con una duración aproximada de cinco días. Se estima que, para gestionar adecuadamente su menstruación, una mujer debe cambiar sus toallas sanitarias cada cuatro horas. Esto se traduce en un uso promedio de 30 toallas por período y 390 al año. A lo largo de su vida, una mujer podría necesitar aproximadamente 15,640 toallas sanitarias, con un costo mínimo de ₡90 cada una. En términos económicos, esto representa un gasto total de ₡1,400,000.

Este costo, aparentemente trivial para algunos, se convierte en una carga inasumible para muchas mujeres y sus familias. En un país donde el 20% de los hogares vive con menos de ₡2,000 al día y el 60% con menos de ₡7,270 al día, la gestión menstrual se convierte en un lujo que muchas mujeres simplemente no pueden permitirse. Esta situación lleva a decisiones difíciles, como priorizar la compra de alimentos sobre productos de higiene menstrual.

UNA INJUSTICIA QUE IMPACTA LA EDUCACIÓN Y LA PARTICIPACIÓN SOCIAL

Para algunas niñas, este desafío económico resulta en la interrupción de su educación, ya que la falta de acceso a productos de gestión menstrual las obliga a faltar a la escuela durante sus períodos. Esta realidad contribuye a aumentar la brecha de género y perpetúa la desigualdad social.

A pesar de que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha reconocido el acceso a productos de higiene menstrual como un derecho humano, muchas mujeres recurren a soluciones precarias, como el uso de trapos o periódicos, para enfrentar su menstruación. Es un recordatorio crudo de que, incluso en pleno siglo XXI, las mujeres luchan contra estigmas y obstáculos para gestionar un proceso biológico natural.

EL CAMINO HACIA LA JUSTICIA MENSTRUAL

En respuesta a esta problemática, surge el Proyecto de Ley N.° 22.421, una iniciativa integral que busca abordar la injusticia menstrual desde múltiples frentes:

  1. Reducir el impuesto al valor agregado (IVA) de los productos de gestión menstrual.
  2. Comprometer a centros penitenciarios y de detención a proporcionar productos de gestión menstrual a su población.
  3. Establecer la educación menstrual en todas las instituciones educativas y facilitar el acceso a estos productos.
  4. Promover la educación sobre la menstruación a través de instituciones como el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU), instituciones educativas y el sistema penitenciario.

LA CAMPAÑA «AL VIENTO»

Con el propósito de llevar la Justicia Menstrual al centro de la conversación nacional, la campaña «Al Viento» propone un enfoque innovador y audaz. Utilizando el arte urbano como medio de expresión, se transformarán vallas publicitarias en pancartas gigantes, llevando el mensaje a cada rincón del país.

MANIFESTACIÓN EN VIVO Y PARTICIPACIÓN DIGITAL

La campaña no se limita a lo físico; también se extiende al ámbito digital. Se utilizarán las redes sociales y plataformas digitales para compartir historias, datos impactantes y, sobre todo, para movilizar a la ciudadanía en apoyo a la Justicia Menstrual. Fotografías con filtros personalizados y manifestaciones virtuales agregarán un componente poderoso a esta lucha.

RECOLECCIÓN DE FIRMAS Y ACCIÓN EN LA CALLE

La iniciativa culmina en una fase de recolección de firmas, utilizando el material de las vallas desmanteladas como símbolo tangible del apoyo ciudadano. Además, se buscará la participación de los diputados, invitándolos a unirse a esta causa.

CONCLUSIÓN: LA RESPONSABILIDAD DE TODOS

«Al Viento» es más que una campaña; es un llamado a la responsabilidad colectiva. La gestión menstrual no debería ser un privilegio, sino un derecho. La aprobación de la Ley de Justicia Menstrual es un paso crucial hacia la equidad y la dignidad para todas las mujeres costarricenses. Unidos, podemos hacer la diferencia y romper el silencio que ha rodeado este tema por demasiado tiempo. ¡Sumémonos al viento de cambio!

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