La mediocridad represora de los dictadores no es más fuerte que la verdad expuesta por los medios

0
13

La dictadura del guatemalteco Alejandro Giammattei detuvo a Rubén Zamora, el periodista fundador y director del diario elPeriódico.

Al igual que su colega nicaragüense Daniel Ortega, el autoritario Giammattei optó por cometer la estupidez de creer que la represión puede más que la verdad.

Cuantitativamente, pareciera no haber posibilidad de comparación entre ambas situaciones -la de Nicaragua y la de Guatemala-, pero cualitativamente se trata de lo mismo: castigar a los periodistas y los medios que revelan corrupción, violación a los derechos humanos, impunidad.

Es la misma mentalidad de las dictaduras fascistas que el siglo pasado oprimieron a América Latina -hasta que se terminaron, lo que, invariablemente, ocurre a toda dictadura y a todo régimen autoritario-.

El nocturno allanamiento de la casa de Zamora, y de las instalaciones de elPeriódico, por un alto número de efectivos policiales, ha resultado -al momento de redactar esta nota- en la detención del periodista, la imposición de la medida cautelar de prisión preventiva, el inicio de un proceso que, según el fiscal encargado del caso, está “bajo reserva” -para no proporcionar información-.

La captura se llevó a cabo no obstante el hecho de que la Comisión Interamericana de derechos Humanos (Cidh) había ordenado, en 2021, medidas cautelares, para proteger a Zamora.

Al informar, en redes sociales, sobre la barbaridad ocurrida la noche del 29 de julio, en la capital guatemalteca, el medio de comunicación denunció la presencia de “decenas de fiscales y policías dentro de ambos lugares. Frente a la vivienda de Zamora se apostó un vehículo Hi Lux sin placas y la patrulla FEP069. En las oficinas centrales prohibieron la comunicación a los trabajadores”.

Dos de los personajes clave en la implementación de esta arbitrariedad -la fiscala general y jefa del Ministerio Público (MP), Consuelo Porras, y el jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad (Feci) del MP, quien lleva el caso, Rafael Curruchiche- son funcionarios sancionados, por actos de corrupción, por Estados Unidos.

Respecto a la fiscala, en un comunicado que emitió el 16 b de mayo, el Departamento de Estado indicó que, “como parte de un amplio esfuerzo del Gobierno de Estados Unidos, el Departamento de Estado designa a Porras como un actor corrupto”.

“Bajo esta autoridad, los funcionarios designados de gobiernos extranjeros involucrados en corrupción significativa y sus familiares inmediatos no son elegibles para ingresar a Estados Unidos”, agregó.

Por su parte, el secretario de Estado, Antony Blinken, aclaró, en la red social Twitter, que “los actos corruptos de la fiscal general Porras socavan la democracia en Guatemala”.

En lo que tiene que ver con Curruchiche, el Departamento de Estado señaló, el 1 de julio, a ese funcionario, “por obstruir investigaciones de actos de corrupción, al interrumpir casos de alto perfil contra funcionarios y levantando aparentemente afirmaciones espurias contra fiscales de la FECI, abogados y ex jerarcas de la (disuelta) CICIG (Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala)”.

No obstante los señalamientos -dentro y fuera de Guatemala- sobre la conducta de Porras, la funcionaria fue ratificada por cuatro años más en el cargo, en mayo, por el presidente.

De acuerdo con diversas versiones periodísticas, Zamora fue detenido bajo los cargos de lavado de dinero u otros activos, proposición y conspiración para el lavado de dinero u otros activos, chantaje, tráfico de influencias.

Se confirmó, así, lo denunciado, en octubre de 2021, por Zamora, en el sentido de que Giammattei y Porras estaban en proceso de fabricar un caso judicial, para someterlo a prisión.

En un mediocre intento por obviar la flagrante violación a la libertad de expresión perpetrada por el régimen giammatteista, y por negar que la captura del periodista se enmarca en una evidente persecución política, Curruchiche, declaró, a medios de comunicación, que el profesional “está capturado como empresario, no como periodista”.

Una precisión para la fiscala y su subalterno, lo mismo que para el jefe de ambos: la mediocridad represora de los dictadores no es más fuerte que la verdad expuesta por los medios.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here