Tokio ha dado un paso firme en su política de tolerancia cero hacia los estupefacientes. Desde diciembre pasado, el consumo de marihuana en Japón dejó de ser un tabú social o una zona gris legal para convertirse en un delito penal. La aplicación de esta nueva legislación ya ha tenido sus primeras consecuencias: a finales de marzo, la policía de Tokio detuvo a dos personas, un hombre de 44 años y una mujer, tras dar positivo en una prueba de orina.
Este endurecimiento de las normas afecta tanto a ciudadanos japoneses como a extranjeros. La medida refuerza la postura del país asiático contra el consumo de drogas, una política que históricamente ha sido estricta y que ahora se vuelve aún más rigurosa.
El impacto de esta legislación en el turismo es una de las principales preocupaciones. Japón es un destino popular para viajeros de todo el mundo, y la criminalización del consumo de cannabis podría generar incertidumbre entre los visitantes. Además, las consecuencias legales para quienes sean encontrados culpables incluyen penas de prisión, deportación, lo que podría afectar la percepción internacional del país como un destino turístico seguro y acogedor.
Este cambio en la legislación japonesa se enmarca en una tendencia global de regulación del cannabis, aunque en dirección opuesta a la de muchos países occidentales, donde se han flexibilizado las leyes sobre su consumo. Mientras en lugares como Canadá y varios estados de EE.UU. la marihuana se ha legalizado para uso recreativo, Japón refuerza su postura prohibitiva.
La pregunta que surge es si esta política logrará reducir el consumo de drogas en el país o si, por el contrario, generará un mercado clandestino más difícil de controlar. Lo cierto es que Japón ha dejado claro que no tolerará el consumo de cannabis dentro de sus fronteras, sin importar la nacionalidad de quienes lo consuman.







