La campaña electoral de Javier Milei tuvo, como base general, el combate a la corrupción, algo que -además de lenguaje recurrentemente soez, y conducta sistemáticamente procaz- incluyó la promesa de aplicar una motosierra de presunta ética con la cual erradicar a “la casta” -la clase política corrupta-.
También presentó el compromiso de desmantelar el Estado, entre otras razones, a causa de sus gastos.
En su condición de implacable “liberal libertario”, Milei -autoapodándose “el león”- hizo, estridentemente oír rugidos tales como “yo odio al Estado”, al que, entre otras presentaciones, describió como una “organización criminal”.
También se declaró radicalmente contrario a los subsidios, con afirmaciones de campaña tales como que “hay que lograr que la gente entienda que las cosas no son gratis, alguien las tiene que pagar”.
Habiéndolos convertido en arma política -politiquera, para mayor precisión-, anunció, el 8 de enero -casi un mes después de haber asumido la presidencia-, por intermedio de su ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, la reducción de los subsidios al transporte en el interior del país -castigando, así, a gobernadores quienes no son de su agrado-.
Al hacerlo, el motosierrista contrario a “la casta” -o sea, opuesto la clase política corrupta-, hizo a un lado el detalle de que su familia -trasportista- se enriqueció con el millonario subsidio que recibió, principalmente, en el período 2005-2007 -dinero del cual, para efectos tributarios, declaró apenas la tercera parte-.
El hipócrita discurso anticorrupción que el nuevo presidente usó, en campaña, para confundirá a millones de ingenuos, quedó, irrefutablemente al descubierto, cuando una oenegé de investigación periodística anticorrupción reveló el modus operandi del clan Milei para consolidar su millonaria fortuna.
También quedó en evidencia el hecho de que -como norma- las exageraciones -incluidos el motosierrismo, el libertarionismo, el antiestatismo-, no obstante ser ridículas, tienen efectividad como distractores respecto a turbias realidades ocultas.
De acuerdo con los hallazgos resultantes de un detallado y profusamente documentado estudio de la oenegé Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (Clip), detrás de las expresiones que Milei usa para reafirmar, groseramente, su condición de “liberal libertario” -y, como tal, de tenaz luchador contra la corrupción- las cosas no son blanco/negro, ni son éticamente asépticas.
“La historia de su familia tiene un capítulo hasta ahora desconocido de millonarias ayudas estatales a las empresas de transporte que manejó su padre entre 2003 y 2007”, indicó la organización que, creada en 2019, tiene sede en Costa Rica.
“Norberto Milei, el padre del mandatario, fue presidente y accionista de Rocaraza SA y Teniente General Roca SA, dos compañías de autobuses que funcionan en el área metropolitana de Buenos Aires”, agregó, en el documento que dio a conocer el 5 de junio.
“‘Beto’ Milei, como todos lo conocen en el mundo del transporte, pasó de conducir un autobús en los 70’ a ser accionista y presidente de tres empresas, cuya cabecera fue la firma Francisco de Viedma SA desde 2001”, comenzó a narrar.
“El padre del presidente argentino controlaba mediante esa sociedad a la compañía Teniente General Roca SA que, a su vez, era dueña de la mitad de las acciones de Rocaraza SA”, señaló, a continuación, para indicar que “su salto del autobús al escritorio fue contundente: sólo Teniente General Roca llegó a ostentar una flota de 115 autobuses, según consta en los papeles de la empresa”.
“El rol de Norberto Milei fue preponderante dentro de ese conglomerado: presidió las compañías entre 2001 y 2007. Más aún, durante los primeros años fue, también, su accionista mayoritario, según decenas de balances de estas tres firmas que fueron revisados para esta investigación”, precisó.
“Las empresas operaban las líneas de autobuses 21, 31, 108 y 146, que trasladaban a miles de personas que atravesaban Buenos Aires de norte a sur y de este a oeste”, puntualizó, además.
“Pero el transporte de pasajeros sufrió la gran crisis de Argentina en 2001”, agregó.
Clip hizo, así, alusión al devastador colapso económico que generó, ese año, dramáticamente elevados niveles de desocupación, masiva agitación social, y fuerte inestabilidad política, lo que resultó, en diciembre, en la renuncia del entonces presidente (1999-2001), el centroderechista Fernando de la Rúa.
El dimitente fue reemplazado, durante siete días (al final de diciembre de 2001), por su vicepresidente, Adolfo Rodríguez, y el cuatrienio presidencial fue completado (2002-2003), mediante designación parlamentaria, por el centroizquierdista Eduardo Duhalde – entonces senador-, a quien siguió -por la vía electoral- el peronista centroizquierdista Néstor Kirchner, para el período 2003-2007.
Kirchner -fallecido en 2010- y sus simpatizantes son sistemáticamente denostados por Milei, quien los señala como destacados integrantes de “la casta”, y quien considera que “el kirchnerismo” es la madre de todos los males de Argentina.
Esto, obviamente, incluye a la peronista centroizquierdista Cristina Fernández de Kirchner
-popularmente, CFK-, ex primera dama, sucesora inmediata de su ex esposo (2007-2011, 2011-2015), ex senadora (2005-2007, 2017-2019), y ex vicepresidenta (2019-2023).
Clip señaló que, “tras la caída del presidente Fernando de la Rúa y una fuerte devaluación, el Estado nacional congeló las tarifas (del transporte urbano de pasajeros) y, a cambio, inició la entrega de subsidios que permitieron, con altibajos, mantener a flote la actividad y, en algunos casos, embolsar ganancias fabulosas”.
“En ese contexto, la Secretaría de Transporte distribuyó subsidios para Teniente General Roca y Rocaraza, las empresas manejadas por Milei, por al menos US$ 33 millones (a los tipos de cambio entonces vigentes) entre 2005 y mediados de 2007”, detalló, de inmediato.
Clip explicó, también, que “la cifra se desprende de cientos de planillas PDF que esa dependencia publicaba mes a mes en su página web con el monto detallado de ayudas por empresa y que fueron revisadas para esta investigación”.
Asimismo, aclaró que “las empresas, sin embargo, consignaron que recibieron subsidios por montos menores en los balances que presentaron con la firma del padre del presidente argentino ante la Inspección General de Justicia”.
Al respecto, denunció que “las compañías declararon ayudas públicas por unos US$ 10 millones entre 2003 y 2007, apenas un tercio de lo que indican las planillas de la Secretaría de Transporte”.
“La ayuda del Estado fue clave para que Norberto Milei consolidara su fortuna”, aseguró, a continuación.
La oenegé indicó, por otra parte, que “‘Beto’ Milei vendió su participación accionaria en medio de esa lluvia de subsidios, allá por 2006, pero continuó como ejecutivo del conglomerado hasta mediados de 2007”.
“No está claro el destino de aproximadamente US$ 23 millones, fondos que la Secretaría de Transporte publicó en su sitio web como pagados a las empresas del padre de Milei durante más de dos años, pero que no aparecen en los balances de estas compañías”, reveló.
“Lo que sí se conoce es que el padre del actual presidente montó otras empresas cercanas al sector del transporte y del mundo agropecuario”, agregó.
Clip puso, asimismo, en evidencia, que “Beto” Milei “también ayudó a sus hijos”.
La entidad investigadora hiso, así, mención al actual presidente argentino y a su influyente hermana, Karina Milei, quien se desempeña como secretaria general de la Presidencia -o sea, principal colaboradora oficial de su hermano-, habiéndose convertido en la primera mujer en el desempeño de ese cargo.
“Karina Milei recibió un departamento de 150 metros cuadrados en una de las zonas más acomodadas de Vicente López, que rotuló como ‘herencia’ al presentar su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción”, informó la oenegé, al referirse a un sector de la periferia norte capitalina, ubicado en un segmento de la orilla argentina del Río de la Plata.
La Oficina Anticorrupción (OA), que depende del Ministerio de Justicia, tiene el cometido oficial de “fortalecer la ética y la integridad en la administración pública nacional, a través de la prevención e investigación de la corrupción y la formulación de políticas de transparencia”.
Respecto a la propiedad de Karina Milei, Clip aclaró que “esa ‘herencia’ corresponde a un adelanto de herencia de su padre, según pudo corroborar este equipo de fuentes con conocimiento del caso”.
Pero “el león” motosierrista/anticasta/“liberal libertario” -quien sostiene que estuvo, durante algún tiempo, distanciado de sus padres- no se quedó atrás, de acuerdo con las revelaciones de la organización investigadora.
“Por su parte, Javier Milei accedió a una Ford Ecosport 2.0 negra, modelo 2005, con dinero de su padre, indicó a este equipo una fuente que interactuaba con el libertario en esos años”, precisó la oenegé.
“Milei luego vendió esa camioneta para, con dinero propio, comprar una coupé Peugeot RCZ que mantiene hasta la actualidad”, siguió señalando.
“En ese sentido, el Presidente declaró ante la OA que dicho coche (automóvil) fue adquirido en 2013 con ‘fondos propios’”, indicó.
También explicó que, “consultado sobre este tema, el vocero presidencial Manuel Adorni recibió pero no respondió las consultas enviada por este equipo periodístico”, y agregó que “una fuente cercana del presidente argentino se limitó a decir que ‘son cosas de hace 20 años, de terceras personas, y los bienes de Norberto Milei están todos declarados como corresponde’”.
Según el manual trumpiano de autoritarismo, lo que dice el oficialismo -en este caso, alguien allegado al jefe- es la realidad, por lo que no hay que respaldar ninguna afirmación ni hay que dar pruebas de nada.
Además, es imprescindible proteger al jefe, contra las calumnias profieran “el kirchnerismo”, “el socialismo”, “los comunistas”, “la izquierda”, “los zurdos”, porque son, todos, enemigos de que “viva la libertad, carajo!” (siempre, gritado tres veces).
Milei surfea la ola de autoritarismo que amenaza con inundar al mundo, como ocurrió en el muy reciente siglo 20, cuando las dictaduras, instaladas sobre la base de la brutal fuerza de las armas contaminaron todos los continentes.
Esos tan sanguinarios cuanto corruptos regímenes terminaron, ya sea por desgaste, ya sea porque, en algunos países, llegó lo que el tres veces presidente argentino (1946-1952, 1952-1955, 1973-1974) Juan Perón definió, en 1968, como “la hora de los pueblos”.
El ejemplo más reciente -y altamente preocupante-, del oleaje derechista actual es la Unión Europea (UE), con los resultados de la votación -del 6 al 9 de junio- para elegir a 720 integrantes de su estructura parlamentaria.
Los boques derechistas se apoderaron de casi la mitad de los escaños -habiendo aumentado, en más de 20, el número de asientos-, de acuerdo con los resultados preliminares conocidos inmediatamente después de cerrada la jornada electoral regional.
La tendencia totalitaria del siglo 21, se presenta como más pragmática que su antecesora del siglo 20: no requiere cruentos golpes de Estado militares, ni masivas movilizaciones de tropas, ni bombardeos, sino que -sin dejar de lado la corrupción como tradicional pilar fundamental- se apoya -usando la democracia que apunta a destruir- en la manipulación de la gente.
Para ello, apela a recursos tales como la desnaturalización de la institucionalidad democrática, así como al fomento de la irracionalidad, lo que logra mediante la fabricación de una nueva variante de caudillos.
A diferencia del caudillismo que caracterizó al siglo 20 -con un fuerte componente de autoridad armada, sea militar o insurreccional-, el actual presenta alta habilidad manipuladora -que también la tenía el anterior, aunque, menos tecnologizada-.
Siguiendo una línea de tiempo, el siglo 20 presentó ejemplares paradigmáticos -algunos, socialmente sensibles; muchos, brutalmente tóxicos-.
Los caudillos tóxicos son, en términos generales, dirigentes autoritarios cuyo discurso es notoriamente asertivo -que llega a ser insultante-, además de que su actitud es marcadamente agresiva, al tiempo que se presentan como poseedores de una conducta invariablemente correcta.
De esa manera, cierran el espacio al dialogo, disfrazan la arbitrariedad de sus acciones presentándolas como decisiones firmes, se autoproclaman paladines de la ética para ocultar la corrupción que imponen como una de las espurias bases de su poder -junto con la represión-.
Milei encaja, bastante bien, en ese cuadro.

Respecto a la familia del actual presidente argentino, Clip señaló que, “más de una década después, el negocio de los autobuses continuó rodando y, otra vez, el apellido Milei apareció entremedio”.
“Las acciones que alguna vez fueron de ‘Beto’ Milei hoy están bajo el control de los hermanos Faijá, dueños de DOTA, considerados por fuentes del sector como los hombres duros en el transporte de pasajeros”, indicó, para precisar que “DOTA no es sólo una empresa de transporte: ahora montó una fábrica (de) chasis (carrocerías) para buses que compite con Mercedes Benz”.
“‘La relación con Milei se terminó con la negociación por la venta, que se terminó en 2007’, dijeron desde DOTA, donde todavía lo recuerdan como una persona ‘con mucho carácter’”, agregó.
“Pero los caminos volvieron a cruzarse cuando otro Milei alcanzó la cúspide del poder”, siguió señalando la oenegé -en referencia al león motosierrista-.
“Días después de que Javier Milei ingresara en la Casa Rosada, Ángel Faijá (uno de los hermanos) cruzó esa puerta: el 27 de diciembre visitó al entonces ministro de Infraestructura, Guillermo Ferraro, en una reunión donde se conversó sobre la política de subsidios, según detalla el Registro Único de Audiencias”, reveló.
De acuerdo con la definición oficial, el Registro Único de Audiencias de Gestión de Intereses del Poder Ejecutivo Nacional, registra la “información sobre las Audiencias solicitadas a Funcionarios Públicos”.
Sobre ese diálogo, Clip precisó que “hubo más guiños: las líneas de autobuses de DOTA fueron las únicas que no se adhirieron al último paro general de la Confederación General de Trabajadores (CGT) por las políticas de ajuste de Milei hijo”.
Se trata de la medida de protesta sindical convocada, por la principal organización sindical argentina, para el 9 de mayo.
Fue la segunda acción de esa naturaleza, luego de la llevada a cabo el 24 de enero -poco más de un mes después de la juramentación presidencial de Milei-.
- Se comprueba -una vez más- la hipocresía del “liberal libertario”.
- “La casta” es mala, según a quién aporte votos.
- Los subsidios son malos, según a quién enriquecen.
El arbitrario razonamiento del “paladín anticorrupción” apunta a establecer -como paradigma liberal libertario mileísta- que “hay dos clases de corruptos: los malos (ellos) y los buenos (nosotros)”.







