Desamparados, San José. — El auditorio de la iglesia Iglesia Profética Remontados sobre las Águilas se transformó la mañana del domingo 15 de marzo de 2026 en un escenario donde la fe, las lágrimas y los gritos de esperanza se entrelazaron en una intensa jornada espiritual. Desde antes de las 10 de la mañana, decenas de personas comenzaron a llenar las filas del recinto. Familias completas, jóvenes con biblias en mano, adultos mayores apoyados en bastones y creyentes de distintas comunidades llegaron con una misma expectativa: presenciar lo que los organizadores describieron como un momento de restauración espiritual.
A las 10 en punto el culto evangelístico de fe y sanidades comenzó oficialmente. Cerca de 220 personas permanecían de pie, muchas con los ojos cerrados, mientras los primeros acordes del grupo de adoración Ministerio Kabod envolvían el auditorio. Las luces del escenario iluminaban lentamente a los músicos mientras las voces del público empezaban a unirse en un canto colectivo que parecía elevarse por encima de las paredes del templo.
La jornada no era un culto cualquiera. Para los organizadores formaba parte de lo que han denominado el “Año de la transformación”, una etapa que, según los líderes de la congregación, busca provocar un despertar espiritual dentro de la iglesia contemporánea.
Un llamado que nació un año antes
Durante la apertura del encuentro, los líderes recordaron que todo comenzó en marzo de 2025, cuando desde esa misma iglesia se lanzó una convocatoria que, según ellos, marcaría un “antes y un después” en la comunidad. De ese llamado surgió la idea de formar una compañía de profetas, un grupo de creyentes dedicados a la proclamación del evangelio.
El 4 de mayo de ese mismo año, contaron los organizadores, el movimiento tomó forma con 14 integrantes iniciales. Un mes después ya eran 37 personas participando activamente en el proyecto espiritual. Con el paso del tiempo se sumaron pastores, profetas y ministerios cristianos que comenzaron a colaborar en lo que describen como una red espiritual con la misión de anunciar un avivamiento.
El ambiente dentro del auditorio parecía confirmar que ese objetivo moviliza a la congregación. Cada intervención era recibida con aplausos, manos levantadas y exclamaciones de “¡Amén!” que resonaban con fuerza entre los asistentes.
Cantos que estremecieron el auditorio
Uno de los momentos más intensos del culto fue la etapa de alabanza. Las canciones Haz llover, Abre las puertas del cielo, Queremos verte, Muéstranos tu gloria y conocerte Dios y La tierra clama se convirtieron en verdaderos himnos colectivos.
Las voces de los asistentes se unían a la banda en un coro multitudinario. Algunas personas lloraban mientras cantaban; otras levantaban las manos hacia el techo del auditorio como si quisieran alcanzar algo invisible.
En medio de la música, un grupo de mujeres ejecutó una danza ministerial. Vestidas con telas que se movían como alas, giraban sobre el escenario mientras los cantos continuaban. Para la congregación, aquellas coreografías no eran espectáculo sino una forma de oración en movimiento.
En ciertos momentos el auditorio entero parecía respirar al mismo ritmo. “Queremos ver a Jesús descender una vez más”, repetían algunas voces entre el público.
Profetas y predicadores
La predicación central estuvo a cargo de los invitados internacionales Danny Stewart y Gino Holmes, quienes compartieron mensajes enfocados en la restauración espiritual y la esperanza cristiana.
Holmes tomó la palabra en uno de los momentos más reflexivos de la jornada. Habló sobre la fe como un camino de reconciliación con Dios y explicó que, desde la perspectiva cristiana, el mayor milagro que puede experimentar una persona es transformar su relación espiritual.
Durante su intervención también relató experiencias recientes de evangelización en la localidad de Cañas, donde —según dijo— algunas personas afirmaron haber vivido experiencias de sanidad espiritual. Al finalizar entregó libros a varios ministros presentes como símbolo de comunión entre comunidades cristianas.
Una conexión con el mundo
La actividad local también tuvo un momento de proyección internacional. Desde el escenario se anunció una conexión en vivo con el evento global Healing Streams Live Healing Services, liderado por el pastor nigeriano Chris Oyakhilome.
En las pantallas del auditorio aparecieron imágenes de una transmisión que, según los organizadores, era seguida simultáneamente por miles de creyentes alrededor del mundo. Se informó que cerca de 25 mil personas estaban conectadas en ese momento como parte de la antesala del encuentro global de sanidades espirituales.
Para muchos asistentes aquello reforzaba la sensación de estar participando en algo que trascendía las paredes del templo.
Voces de diferentes comunidades
Entre los participantes también se encontraba Cirilo, un predicador originario de la región de Talamanca. El líder indígena relató que domina dos lenguas y que utiliza ambas para anunciar el mensaje cristiano entre su gente.
Aunque actualmente reside en San José, explicó que mantiene una relación constante con su comunidad de origen, donde continúa predicando.
Su intervención fue breve pero simbólica: la fe, según dijo, también habla en los idiomas de los pueblos originarios.
El valle de los huesos secos
El momento más intenso llegó con la predicación de Stewart, quien basó su mensaje en el capítulo 37 del libro de Ezequiel, conocido como la visión del valle de los huesos secos.
El predicador describió la escena bíblica con dramatismo: un valle cubierto de huesos, restos de algo que alguna vez tuvo vida. Luego explicó que, según la narrativa bíblica, esos huesos vuelven a levantarse cuando el profeta proclama la palabra de Dios.
Para Stewart, aquella imagen simboliza la restauración espiritual. “Hay vidas que parecen secas, historias que parecen terminadas”, dijo, mientras el auditorio permanecía en silencio. “Pero Dios puede devolverles vida”.
Utilizó incluso ejemplos cotidianos. Habló de los huesos de pollo que muchas personas desechan después de comer, comparándolos con la sequedad espiritual que puede surgir cuando una persona se aleja de la fe.
Según explicó, el proceso de restauración descrito en la Biblia ocurre por etapas: primero los tendones, luego la carne, después la piel y finalmente el aliento de vida.
“Dios trabaja paso a paso”, afirmó.
Entre lágrimas y oraciones
Al final de la predicación el ambiente se volvió profundamente emotivo. Algunas personas se acercaron al frente del auditorio para recibir oración. Otras permanecían en sus asientos con los ojos cerrados.
El murmullo de oraciones llenaba el recinto.
Los líderes espirituales caminaban entre los asistentes colocando las manos sobre quienes pedían oración. Se escuchaban susurros de agradecimiento, súplicas y palabras de consuelo.
En ese momento el culto parecía haberse transformado en algo más que una reunión religiosa: era una experiencia colectiva donde cada persona llevaba su propia historia de esperanza, dolor o búsqueda espiritual.
Más que un evento religioso
Para los organizadores, el encuentro no pretendía ser simplemente un espectáculo de fe. Su objetivo, dijeron, era crear un espacio donde los creyentes pudieran renovar su compromiso espiritual y asumir un papel activo dentro de la comunidad cristiana.
Citaron el pasaje bíblico de Ester 4:14 para describir lo que consideran un momento decisivo para la iglesia.
“No estamos llamados a ser espectadores”, se escuchó desde el escenario. “Estamos llamados a provocar un cambio”.
Cuando el culto terminó, cerca del mediodía, muchas personas permanecían conversando en las afueras del templo. Algunos intercambiaban abrazos; otros comentaban la intensidad del encuentro.
Para quienes asistieron aquella mañana en Desamparados, el culto no fue solo una reunión religiosa más. Fue, para muchos, una experiencia cargada de emoción, fe y la convicción de que —al menos por unas horas— el cielo parecía estar un poco más cerca.











