Exclusión, incomprensión, desafíos, comunicación, visibilidad.

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La barrera invisible del cine español: ser actor sordo sigue siendo un desafío monumental

Miriam Garlo hizo historia al convertirse en la primera actriz sorda en ganar un Premio Goya por su papel en Sorda. Sin embargo, detrás de este hito, la realidad del cine español muestra que la inclusión plena de personas con discapacidad auditiva todavía es un objetivo lejano.

Carlos Soroa, conocido por su papel en la serie de Netflix Bienvenidos a Edén, ejemplifica los retos diarios de los actores sordos. La comunicación, incluso con la prensa, depende de sistemas de videointerpretación como SVisual, donde un intérprete traduce cada palabra, ralentizando la interacción y recordando lo inaccesible que puede ser un entorno pensado para oyentes.

“Para mí, lo más importante es que haya cada vez más concienciación, que las personas oyentes conozcan más de la comunidad sorda, que no se quede todo en esta entrevista”, explica Carlos a través de su intérprete. Su testimonio refleja que, en España, los actores sordos son apenas 30 o 35 personas, conectadas principalmente a través de un grupo de WhatsApp donde comparten oportunidades y noticias del sector.

Un hito que ilumina lo invisible

El reconocimiento de Miriam Garlo no solo premia su talento, sino que visibiliza una comunidad históricamente silenciada. Sorda, dirigida por Eva Libertad, retrata la experiencia de Ángela, una mujer sorda que teme no poder comunicarse con su hija. La película expone la complejidad de la sordera y demuestra que un actor con discapacidad puede encarnar personajes profundos y variados, no definidos únicamente por su condición.

Garlo, postlocutiva, perdió la audición a los seis años y aprendió a leer los labios para integrarse en un mundo diseñado para oyentes. Su transición hacia la lengua de signos marcó un despertar identitario: “Hasta los treinta viví en blanco y negro, y a partir de ahí empecé a vivir en color”, relató Álvaro Cervantes, su compañero de reparto.

Marc Blauk, actor sordo presente en la película y en otros proyectos como La última noche en Tremor, señala que la obra marca un antes y un después. “Visibiliza algo que hasta ahora era invisible para la sociedad. Es una gran oportunidad para que la gente conozca nuestra diversidad y entienda que las personas sordas formamos parte activa de la sociedad”.

La formación como obstáculo

Más allá de la visibilidad, la inclusión enfrenta barreras estructurales. Tanto Garlo como Soroa y Blauk coinciden en que los espacios de formación artística son insuficientes o inapropiados para personas sordas. Las escuelas de teatro y academias carecen de recursos o preparación para enseñar en lengua de signos, y muchas veces los docentes desconocen cómo organizar la clase para incluir a todos los estudiantes.

“Hace falta anticiparse para organizarlo todo. Adaptarse sobre la marcha no es tan fácil”, comenta Garlo, subrayando que los retos van más allá de la técnica: la integración emocional, energética y social es vital para que los actores sordos puedan desarrollarse plenamente.

Lo que queda por hacer

El cine español ha dado un paso importante con Sorda, pero aún persisten barreras que relegan a los actores sordos a papeles limitados o estereotipados. La necesidad de formación inclusiva, oportunidades equitativas en casting y rodajes adaptados, así como una conciencia social más amplia, son urgentes para que la representación deje de ser anecdótica.

Como afirmó Garlo al recibir su Goya: “Sin comunicación somos muebles, sin comunicación no hay respeto. Sin respeto somos un fracaso cultural como sociedad”. Su mensaje resuena más allá del cine: es un llamado a derribar la barrera que mantiene a los actores sordos como “extranjeros en su propio país”.

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