En el corazón de Alta Verapaz, Guatemala, cientos de comunidades siguen esperando la construcción de un puente sobre el río Pueblo Viejo, en la aldea del mismo nombre. La falta de infraestructura ha convertido la vida cotidiana en un desafío, especialmente en la temporada de lluvias, cuando el caudal crece de tal manera que el tránsito vehicular se vuelve prácticamente imposible.
Un paso precario y peligroso
Ante la ausencia de un puente, los habitantes de la zona construyeron un badén improvisado, que con el tiempo y la fuerza de la naturaleza se ha deteriorado gravemente. A pesar del evidente peligro, unas 200 aldeas dependen de este paso, exponiéndose a riesgos mortales.
El caso más trágico ocurrió en octubre pasado, cuando una niña cayó de una motocicleta mientras viajaba con dos adultos y fue arrastrada por la corriente. Su cuerpo nunca apareció. Sin embargo, la falta de alternativas obliga a los pobladores a seguir utilizando este frágil cruce, aumentando el temor de que tragedias similares se repitan.
Intentos de solución
El empresario Benjamín Cabrera, especialista en la fabricación de puentes tipo Warren, ha expresado su disposición para colaborar en la instalación de un puente en la zona. Además, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) ha declarado el área como una «zona de alto riesgo», lo que subraya la urgencia de una solución efectiva.
Como respuesta, la Municipalidad de Panzós firmó un acuerdo con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Guatemala, en el que se establece que la comuna se encargará de la construcción de las bases, mientras que la institución armada trasladará e instalará el puente. No obstante, el proyecto aún no ha iniciado, y la incertidumbre sigue marcando la vida de los habitantes.
Exigencia de a
cciones concretas
Los pobladores de la región claman por respuestas concretas de las autoridades. Cada día sin un puente representa un riesgo latente para quienes deben cruzar el río Pueblo Viejo. Mientras las promesas continúan y los proyectos siguen en el papel, la población sigue en peligro, atrapada entre la necesidad y la falta de infraestructura.
La comunidad espera que el proyecto no se convierta en otra promesa incumplida y que las acciones necesarias se concreten antes de que ocurra otra tragedia.









