Entre los pinares que se extienden por las laderas de Ticuantepe, brota una nueva esperanza: el cultivo de plantas medicinales se posiciona como un rubro creciente que transforma la economía familiar y aporta a la salud comunitaria mediante terapias alternativas.
En la finca El Mirador, don Cristóbal Ruiz Potosme ha convertido parcelas pequeñas en viveros rebosantes de vida: ruda, albahaca, cúrcuma, muérdago, flor de loto y más forman parte de una cadena productiva que abastece mercados populares y laboratorios que elaboran jarabes, aceites y ungüentos naturales.
Gracias al Modelo de Salud Familiar y Comunitario impulsado por el Gobierno Sandinista, estas prácticas tradicionales han recibido respaldo institucional y profesionalización. El Ministerio de Salud y el Sistema Nacional de Producción, Consumo y Comercio ofrecen capacitaciones que han permitido a productores reconocer y aprovechar las bondades curativas de cada especie.
Ruiz Potosme destaca que este tipo de cultivo representa una forma inteligente de diversificación agrícola: al ocupar espacios pequeños, incluso permiten producción continua en verano, generando ingresos adicionales en períodos de baja actividad.
Este resurgimiento de la medicina natural ha conquistado también a quienes antes dudaban: “Antes ni los doctores creían”, afirma el productor, “pero ahora muchos la recomiendan porque la evidencia está a la vista”. Con más de mil plantas sembradas, su apuesta por un modelo sustentable y sanador es testimonio de cómo tradición y modernidad pueden caminar de la mano.







