*Francisco Cordero Gene /Foto-Medios
Es necesario primero al rememorar cómo se vivió el drama de lo que se ha llamado la independencia de los países centroamericanos, partiendo de que la historia “oficial” y resumida deja muchos detalles importantes.
En todos los alzamientos previos a la independencia participaron activamente los criollos, las organizaciones municipales y los llamados comuneros que desde siglos antes se habían manifestado en España contra el absolutismo del Rey.
Mucho antes que los académicos peninsulares los políticos mantuanos y las oligarquías de las nuevas repúblicas latinoamericanas, fueron los esclavos, los indígenas y comuneros criollos los que pedían independencia, y en Haití se inició el grito de rebelión anti imperialista desde 1803.

En muchos conflictos con la corona, los mismos militares españoles lograban sus objetivos muchas veces con apoyo «del común», asimismo el clero usualmente hacía de vocero de los clamores populares, y en Costa Rica la oligarquía cafetalera de la primera república se las arregló para invisibilizar las gestiones que hiciera por ejemplo el Bachiller Osejo para recoger firmas y darle voz a los cabildos desde 1808.
Recientemente se invisibilizó el reclamo hecho por once alcaldes al señalar que el 14 de agosto de 1820 se habían reunido en Cartago en cumplimiento de la vuelta a tener vigencia la Constitución de 1810, por tanto, adelantándose un año a la celebración del bicentenario de la independencia declarada desde las bases de la sociedad.
¿Por qué no se le da el reconocimiento a los pueblos como principal actor de los movimientos de independencia?
Debemos investigar y divulgar la importancia que tuvo el movimiento de los comuneros para inspirar la luchas militares y políticas que desembocaron en la fundación de nuestras repúblicas.
ACTO PRIMERO – Los abogados, las jerarquías eclesiásticas y las cofradías al enterarse que los revolucionarios en Francia declaran los Derechos del Hombre y el Ciudadano, reconocen que el movimiento de los enciclopedistas en Francia han decretado el fin del antiguo régimen y comienza.
Con la guillotina ruedan las cabezas de los detentadores del poder heredado desde la edad media, cuando la Iglesia Católica legitimaba emperadores, reyes, principados para que el poder la insurrección liberal, la de muchos clérigos inspirados por gente como Bartolomé de las Casas, Benito Feijoo y el Cura Hidalgoanado por la fuerza, fuera bendecido por Dios, y se quemaban en la hoguera, brujas, herejes y disidentes rebeldes.
Al triunfar la independencia de las trece colonias contra el imperio Británico, y el ejemplo del triunfo en Haití, con la liberación de los esclavos haciendo valer la revolución francesa, reaccionan movimientos insurgentes en norte, centro y Suramérica.
ACTO SEGUNDO – Napoleón Bonaparte invade España y dicta la Constitución de Bayona, en 1808, rechazada por los españoles leales a su rey, secuestrado por Napoleón.
No sólo los hidalgos y conquistadores de indias se sublevan, sino todo el pueblo, especialmente los comuneros, tanto allá como en los Virreinatos.
Se llama a elegir diputados a las Cortes de Cádiz y se aprueba la Constitución de 1810, llamada la “Pepa” por ser promulgada el día de San José.
Por Centroamérica participó como delegado el Pbro. Florencio del Castillo, nacido en Paraíso de Cartago, quien llegó a ser Presidente en esa Asamblea.
De acuerdo a esa Constitución los cabildos y alcaldías tenían la legítima representación del pueblo, por lo que proliferaron los movimientos populares y la organización de ejércitos criollos al grito de “Independencia”.
Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Santander, O’ Higgins y San Martín entre muchos otros próceres, libran cruentas batallas que terminan por derrotar a los ejércitos españoles.
Se inicia entonces el proceso de organizar Estados Nación con constituciones republicanas inspiradas en el ejemplo de los Estados Unidos de América.
ACTO TERCERO – Al quedar derrotado Napoleón y volver el Rey Fernando a España se pone en vigencia de nuevo la constitución de Cádiz, pero ya las oligarquías, los terratenientes criollos, y hasta la Iglesia Católica estaban apoyando la independencia, sobre todo los curas párrocos y las cofradías.
Como parte del empoderamiento de los Cabildos, por ejemplo en Costa Rica, se reunieron en la capital provincial de Cartago el 14 de agosto de 1820.
No convenía una independencia que cayera en manos de democracias lideradas por el pueblo llano, por lo que en la Capitanía General se apresuran a declararla el 15 de septiembre de 1821, quienes de por sí estaban en el poder desde la colonia.
La noticia se esparció por correo, y en Costa Rica se recibió el 29 de octubre, con la consecuencia de que unos pueblos querían adherirse al Imperio de Agustín de Iturbide, con sede en México, otros pretendían un gobierno autónomo con sede en Guatemala, y hasta La Unión de Tres Ríos pretendía anexarse a la Gran Colombia, con gobierno en Santa Fé de Bogotá.
No fue sino hasta 1824 que se establece la República de las Provincias Unidas de Centroamérica, con la ausencia de la provincia de Chiapas, que quedó anexada a México.

EPÍLOGO – Como resultado de las guerras intestinas de conservadores y liberales, los golpes de estado y la adopción de todas las malas mañas heredadas de españoles y cacicazgos en el trasiego del poder, al finalizar la dictadura de Carrera en Guatemala, se van desmembrando las provincias unidas, a partir de 1838, proceso que culmina con la fundación de las repúblicas independientes en 1948.
Así, en Costa Rica vemos que no fuimos República Independiente con personería y embajadores propios, sino hasta que el último Jefe de Estado, fue electo Primer Presidente de la República, el Dr. José María Castro Madriz.
Todavía es cuestionable el grado de independencia y auto gobierno de Centroamérica, porque la influencia hegemónica del imperio de Estados Unidos se manifiesta en lo económico, político y militar.
* Relacionista Internacional costarricense que tuvo relación con el proyecto sandinista desde que conoció a Fonseca Amador en la UCR, como con don Pepe y Edén antes del 78.
Cordero estuvo a cargo del proyecto de SELA para la Reconstrucción de Nicaragua, viviendo en Managua del 79 al 82.
Asesor del expresidente Luis Alberto Monge y consejero de uno de los ex presidentes de la Asamblea Legislativa. Actualmente es jubilado.







