Era cuestión de tiempo, y el tiempo se cumplió, en este caso, rápidamente: el guerrerista dictador imperial pudo más que el patético dictador criollo -como no podía ser de otra manera-.
Antes de cumplir el primero de sus nuevos cuatro años en la Casa Blanca, Donald Trump derribó a Nicolás Maduro, tomando así posesión, por la fuerza, de los recursos naturales de Venezuela, principalmente su petróleo -el objetivo mayor de la agresión militar disfrazada de combate antinarco-.
Ahora, un grupo de golpistas secuestradores estadounidenses va a gobernar, de facto, al caribeño país sudamericano, de acuerdo con lo anunciado por el autócrata norteamericano.
Los preparativos para el golpe de Estado y el secuestro de Maduro, insumieron algunos meses, y empezaron a ser evidentes con el posicionamiento aeronaval militar estadounidense, a mediados de 2025, en el sector sur del Mar Caribe -exactamente frente a la costa de Venezuela.
En tal contexto, el autócrata norteamericano movilizo alrededor de una decena de embarcaciones de guerra -incluido un submarino equipado con misiles nucleares-, con la excusa de impedir que lanchas supuestamente usadas por el narcotráfico internacionales siguieran transportado droga hacia Estados Unidos.
La activación de esa desproporcionada fuerza determinó, desde el 2 de setiembre hasta el momento de redactar esta nota, el hundiendo de por lo menos 35 “narcolanchas”, y el asesinato de alrededor de 114 “narcos”.
Al jactarse del éxito de esas misiones, el régimen trumpista ha, sistemáticamente, omitido el necesario respaldo de prueba de que esas embarcaciones, efectivamente, transportaban droga con destino a Estados Unidos.
Más bien lo contrario fue revelado, el 16 de diciembre, a legisladores estadounidenses, por los secretarios Pete Hegseth (Defensa) y Marco Rubio (Estado), según declaraciones del senador demócrata Chris Murphy, reproducidas, un día después, por el periódico digital The New Republic (TNR).
“Recordando detalles de una reunión clasificada”, Murphy dijo que Hegseth y Rubio “reconocieron que no hay fentanilo saliendo de Venezuela”, indicó el medio de comunicación estadounidense, para agregar que, “en cambio, los botes están transportando cocaína -hacia Europa-”.
“‘Puedo decir esto’, dijo Murphy, señalando que no estaba abordando información clasificada. ‘La administración no tuvo ninguna justificación legal, y no tuvo ninguna justificación de seguridad, para esos ataques”, señaló, a continuación, TNR.
“Así que estamos gastando miles de millones de dólares de los contribuyentes para librar una guerra, en el Caribe, para impedir que cocaína vaya, de Venezuela, a Europa”, planteó Murphy, de acuerdo con la versión periodística, y reafirmó que “eso es un masivo desperdicio de recursos de seguridad nacional, y sus dólares de los contribuyentes”.
TNR informó, asimismo, que “Murphy subrayó que Trump había excedido su autoridad al tratar de usa la aparentemente fabricada amenaza de drogas para librar la guerra contra Venezuela sin el expreso permiso del Congreso”.
Culminación de eso, apenas iniciado el 3 de enero, la fuerza militar imperial golpeó varios objetivos militares y sectores civiles de Caracas -a capital venezolana- y otras ciudades, marco en el cual soldados y agentes antinarco gringos, capturaron, en el capitalino Palacio de Miraflores -la sede del Poder Ejecutivo-, a Maduro y a su esposa, Cilia Flores.
El régimen trumpista procura, desde entonces, justificar la ilegal agresión -violatoria de la soberanía venezolana y de la Constitución estadounidenses, por cuanto fue perpetrada sin autorización del Congreso- como una operación de apoyo al cumplimiento de una orden judicial de detención, y para reconstruir la infraestructura petrolera del país cofundador -en 1960- de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) -entidad de 16 países que tiene sede en Viena, la capital de Austria-.
En modo imperial, Trump anunció, horas después del ataque militar, en la red social X, que “Los Estados Unidos de América han exitosamente llevado a cabo un ataque en gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolas Maduro, quien ha sido, junto con su esposa, capturado y sacado vía aérea del País”.
“Esta operación se hizo en conjunto con personal de cumplimiento de la ley de Estados Unidos”, agregó.
“Detalles luego. Habrá una conferencia de prensa hoy, a las 11 A.M. en Mar-a-Lago”, precisó, en alusión a su lujosa residencia en el área de la ciudad de Miami, en el sudoriental y costero estado de Florida.
El diálogo con periodistas incluyo una declaración de algo más de una hora, durante la cual Trump -apoyado por Hegseth, Rubio, y el presidente del militar Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine- presentó la versión oficial de la agresión.
Durante su presentación -obviamente, la más extensa-, Trump justificó la incursión militar en Venezuela, esgrimiendo la defensa de los intereses de Estados Unidos -principalmente, económicos y de seguridad.
Con un enfoque netamente imperialista/capitalista, dijo -al exponer la excusa oficial-, que la operación se llevó a cabo “para traer, al dictador Nicolás Maduro, a la justicia”.
“Esta fue una de las más sorprendentes, efectivas (…) muestras de poderío y competencia militar en la historia estadounidense”, dijo, para aseverar, además, que “ninguna nación del mundo podía lograr lo que Estados Unodos logró ayer (en alusión a la madrugada) -o, francamente en sólo un corto período de tiempo”.
“Nuestros hombres y mujeres de nuestra fuerza militar, trabajando con agentes de cumplimiento de la ley, exitosamente capturaron a Maduro, en plena noche (…) junto con su esposa Cilia Flores, ambos ahora enfrentados a la justicia estadounidense”, agregó.
“Maduro y Flores están acusados en el (judicial) Distrito Sur de Nueva York (…) por campaña de letal narcoterrorismo contra Estados Unidos y sus ciudadanos”, aseveró.
“La estadounidense es la más fuerte y la más feroz fuerza militar en el planeta, por lejos (…) tenemos el mejor equipo en el mundo”, siguió alardeando.
En cuanto al futuro inmediato de Venezuela, anunció que “vamos a administrar el país hasta el momento en que podamos hacer una transición segura, adecuada, y prudente”.
“No queremos involucrarnos con tener a alguien más interviniendo y que tengamos la misma situación que tuvimos el último largo período de años”, afirmó, no obstante el hecho de que la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, fue designada, por la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) venezolana, para desempeñarse como presidenta interina.
“Pero tiene que ser prudente, porque eso somos”, precisó, además de indicar que “no podemos arriesgarnos a que alguien que no tenga en mente el interés del pueblo venezolano, tome Venezuela”.
“Hemos tenido décadas de eso, y no vamos a dejar que eso ocurra”, advirtió/amenazó, además de subrayar que “estamos ahí, ahora, pero nos vamos a quedar ahí hasta el momento en que una transición adecuada pueda tener lugar”.
Respecto a Rodríguez, dijo que “entiendo que fue recién juramentada, pero, como ustedes saben, fue seleccionada por Maduro”.
“Recién tuve una conversación, con ella, y está esencialmente dispuesta a hacer lo que es necesario para hacer a Venezuela grande otra vez”, agregó, para, a continuación, señalar: “muy sencillo”.
Trump informó, asimismo, que “ella tuvo una larga conversación con Marco, y ella dijo: ‘vamos a hacer lo que ustedes necesiten’”, y, de inmediato, aclaró, arrogantemente: ‘creo que fue bastante cortés, pero ella sabe que no tiene ninguna posibilidad”.
En cuanto al verdadero objetivo del hostigamiento, el derrocamiento, y la captura de Maduro, planteó que “como todos saben, el negocio petrolero en Venezuela ha estado quebrado, completamente quebrado, por un largo período de tiempo”.
“Estaba bombeando casi nada, en comparación con lo que podía estar bombeando”, de modo que “vamos a tener el ingreso de nuestras muy grandes compañías petróleo estadounidenses -las mayores del mudo-, que envíen miles de millones de dólares, reparar la muy quebrada infraestructura -la infraestructura petrolera-, y que empiecen a ganar dinero para el país”.
Simultáneamente, “estamos prontos para llevar a cabo un segundo y mucho más grande ataque, si necesitamos hacerlo”, amenazó, y reafirmó: “nos prepararemos para hacer una segunda ola, si necesitáramos hacerlo”, aclarando que “en realidad, asumimos que una segunda ola no era necesaria (…) una ola mucho más grande”.
Respecto al gobierno paralelo que, de facto, está organizando para el país sudamericano, anunció, ante insistentes preguntas de periodistas, que “lo vamos a administrar con un grupo, y nos vamos a asegurar de que administrado adecuadamente”.
“Está en consideración, ahora mismo, nombrando gente, estamos llamando gente, estamos designando a varias personas, y les vamos a decir a ustedes quiénes son esas personas”, agregó, en su habitual estilo evasivo de respuesta, pero, cuando se vio presionado para ser más preciso, dijo: “va a ser, por un período de tiempo, la gente está de pie, detrás de mí”.
Trump aludió así a Hegseth, Rubio, Caine, así como al asesor presidencial político y de seguridad interna, el ultraderechista y xenofóbico Stephen Miller.
También fue interrogado respecto a la opositora venezolana María Corina Machado, alineada con el régimen trumpista y ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025 -quien, en desmedida obsecuencia dedicó, al presidente estadounidense, la obtención del galardón-.
El servilismo no pareciera un punto a su favor, ya que Trump la descartó, sin ninguna consideración, como líder local en el proceso político en drástico desarrollo en Venezuela.
“Creo que sería muy duro, para ella, ser la líder: ella no tiene el apoyo interno ni el respeto dentro del país”, aseguró, categóricamente, en su habitual mezcla de patanería y misoginia.
Y reafirmó la bofetada: “es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”.
Al invadir militarmente a Venezuela, el imperio rehabilitó su “patio trasero” latinoamericano, y, simultáneamente, reactivó su tradicional papel de gendarme mundial.
La advertencia está lanzada -a América Latina y al resto del planeta-: no se admite oposición.







