El Estado policial trumpiano se extiende al patio trasero imperial latinoamericano

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Foto/Agencias

Sin seguridad, no hay prosperidad -y garantizar ambas, es responsabilidad de los
gobiernos-.

Tal es el enunciado, la consigna que el secretario de Estado del trumpismo, Marco Rubio, repitió -a manera de mantra- durante la breve gira que recientemente realizó por el triángulo noroeste de Sudamérica.

El recorrido, del 8 al 10 de setiembre -por Colombia, Ecuador, y Perú-, mostró que, después de exhibir músculo en Venezuela, el imperio está ajustando el alineamiento en su patio trasero latinoamericano.

Los respectivos gobiernos son tres olas del tsunami derechista que -con minoritarias aunque gloriosas excepciones- anega a Sudamérica, y aunque no cabe siquiera un atisbo de duda respecto a su incondicional sumisión al imperio, el trumpismo consideró oportuno fortalecer/exhibir el alineamiento del trío -quizá, a manera de mensaje subliminal para los demás-.

Rubio -un estadounidense de ascendencia cubana, casado con una estadounidense de ascendencia colombiana- enfatizó -en declaraciones que formuló alternando español e inglés- que seguridad y bonanza son inseparables, y aseguró que, si cumplen con su alineamiento, los aliados de Estados Unodos -en particular, del régimen Maga- tienen garantizado el apoyo para lograr ambas.

Por ello, las visitas a los tres incondicionales aliados -Abelardo “El Tigre” de la Espriella (Colombia), Daniel Noboa (Ecuador), Keiko Fujimori (Perú)- se centraron en seguridad y economía -en el segundo caso, con particular énfasis en el comercio, y poniendo el foco en recursos naturales-.

El Departamento de Estado sintetizó, en un escueto comunicado que emitió al cierre de la gira regional, que Rubio visitó los tres países, “para fortalecer alianzas clave de Estados Unidos en nuestra región”.

“A lo largo del viaje, el secretario reafirmó el compromiso, de la administración Trump, con un Hemisferio Occidental seguro, próspero, y democrático”, precisó.

En ese sentido, en declaraciones que formuló el 9 de setiembre, vía teleconferencia, a la colombiana Radio Cadena Nacional (RCN), Rubio subrayó: “la responsabilidad más importante de cualquier gobierno, a cualquier nivel -municipal, departamental, estatal como decimos en Estados Unidos, o a nivel federal o nacional-, es la seguridad”.

“Es la cosa más importante que un gobierno hace: seguridad”, reafirmó el funcionario visitante, quien se desempeña, además, como asesor presidencial en Seguridad Nacional.

“La seguridad de un país, la seguridad de una comunidad, la seguridad, la seguridad de su pueblo, y esa es la cosa más importante”, insistió.

“Y, en cierta medida, creo que eso fue un tanto ignorado en el pensar del gobierno anterior, los pasados tres o cuatro años”, aseveró, en referencia a la administración (2022-2026) del izquierdista presidente Gustavo Petro, un tenaz opositor al trumpismo quien integró el ex guerrillero (1974-1990) Movimiento 19 de Abril (M-19).

De inmediato, Rubio dirigió elogios a “El Tigre”, quien fue juramentado el 7 de agosto, para el cuatrienio 2026-2030 -sucesor inmediato de Petro-.

“Ustedes tienen un presidente quien fue muy claramente elegido, quien aclaró, durante su campaña -y ha aclarado ahora, como presidente-, que su prioridad número uno es restablecer la estabilidad y la seguridad para el pueblo colombiano, y vamos a ayudar de toda manera posible”, aseguró.

A continuación, retomó su mantra justificador del intervencionismo imperial: “encima de ese cimiento de seguridad, está la prosperidad”.

“La prosperidad es imposible sin la seguridad”, reafirmó, para agregar que “es imposible invertir en un país que no es seguro; es imposible invertir en un país que es dominado por carteles o pandillas criminales”.

“En muchos casos, no son sólo pandillas colombianas, son transnacionales, operando en Ecuador, México, y otros países de la región”, agregó Rubio -un ex senador republicano (2011-2025) y ex vicepresidente de la Comisión de Inteligencia del Senado, además de rival de Donald Trump por la candidatura presidencial republicana en 2016-.

“Entonces, para nosotros, la seguridad es fundamental, es la cosa más fundamental que un gobierno hace, y esas amenazas nos afectan también”, agregó en alusión a Estados Unidos, subrayando que, “por lo tanto, vamos a ayudar de toda manera posible”.

“Pero no se trata solamente de seguridad, se trata de seguridad y prosperidad. Las dos, van juntas”, volvió a insistir.

También se refirió a la limítrofe Venezuela, denunciando que la organización guerrillera colombiana Ejército de Liberación Nacional (ELN) -fundada en 1964-, y remanentes de las disueltas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) -activas en 1964-2016-, realizan acciones, desde ese país, en territorio de Colombia.

El ELN y lo que queda de las Farc “operan abiertamente, y con impunidad, desde territorio venezolano”, aseguró, para agregar que “esto, viene ocurriendo hace más de 10, 15 años”, y, a continuación, dar la orden de que “eso tiene que ser resuelto”.

“Les hemos aclarado eso a las autoridades interinas de Venezuela”, explicó, en referencia al régimen instalado, el 3 de enero, por Estados Unidos, con la ex vicepresidenta Delcy Rodríguez como presidenta encargada (interina).

Ello, tras el derrocamiento y secuestro, esa madrugada, del entonces dictador (2013-2026) venezolano, Nicolás Maduro, en el marco de una operación militar relámpago estadounidense.

“Ningún país puede permitir que pandillas criminales y terroristas operen con impunidad al otro la lado de su frontera, ataquen dentro de su territorio natural, y después regresen bajo la protección de las fronteras de otro país”, planteó en alusión al límite terrestre Colombia-Venezuela (algo más de 2,200 kilómetros).

“Eso no se puede permitir, y vamos a ayudar con eso, y ya hemos hablado con las autoridades venezolanas, incluido el tema de drones”, señaló, para advertir que “la tecnología es una amenaza global”.

“Hasta pandillas criminales pueden poseerlos, y usarlos para atacar y amenazar a un estado”, dijo, además de plantear que “una de las cosas que se necesita mundialmente, no sólo en Colombia, es establecer nuevas defensas modernas contra esta nueva amenaza
-específicamente drones que usan fibra óptica-, lo que presenta un enorme peligro, porque, a este momento, no hay ninguna defensa convencional contra ellos”.

En cuanto a la certificación que, en materia de combate antinarco, Estados Unidos retiró
-durante el gobierno de Petro-, a Colombia, el encargado de la política exterior trumpiana aseguró que “tenemos una visión completamente diferente cuando se trata del nuevo presidente y de la nueva administración, este equipo”.

Al señalar que, durante el primer mes del gobierno de De la Espriella, “hemos visto más acción concreta, contra esos grupos criminales, que lo que posiblemente vimos en cuatro años”, Rubio dijo que, “si siguen en ese camino, no hay duda de que la certificación será restablecida”.

Y se comprometió: “voy a hacer todo lo posible para ayudar a Colombia, y, obviamente, si el nuevo gobierno sigue como ya está -no es que estén haciendo promesas, están haciéndolo, y han empezado a actuar contra eso-, espero que eso (el retiro de la certificación) cambie”.

El funcionario visitante reiteró esos conceptos, en conferencia de prensa, también el 8 de setiembre, en la norteña ciudad caribeña colombiana de Barranquilla, donde se reunió con De la Espriella.

“La relación entre Estados Unidos y Colombia, respecto a temas de seguridad, se ha mantenido durante veinte años y más”, dijo, para agregar que “son las más fuertes en el hemisferio”.

El funcionario hizo así referencia, al vínculo binacional que ha incluido el Plan Colombia (1999-2015), iniciativa que oficialmente apuntó a poner fin a la guerra interna (estallada en 1960), y a construir una estrategia para combatir al narcotráfico en el país sudamericano.

“Obviamente, queremos escuchar más detalles sobre cuáles son las ideas del presidente respecto a cómo podemos cooperar, pero estamos dispuestos a hacer todo lo necesario dentro de los límites de la ley en Colombia, dentro de las decisiones tomadas por sus gobernantes soberanos”, dijo.

Además, reveló la naturaleza expansionista del interés trumpiano en impulsar seguridad/prosperidad.

“El presidente nos ha invitado a abrir un centro de operaciones en Medellín, para toda la región, no solamente Colombia”, informó, en alusión a “El Tigre” y a la ciudad ubicada en la zona noroccidental colombiana.

“Creo que la capacidad que existe en el sistema de seguridad de Colombia es enorme, es increíble”, declaró, a continuación -describiendo, de hecho, a ese país, como un orwelliano hub del control imperial sobre América Latina-.

De modo que el alineamiento del nuevo presidente, con la expansión del Estado policial trumpiano, es pleno, teniendo en cuenta que formalizó, un mes antes de la visita de Rubio, la incorporación de Colombia a la imperial iniciativa intervencionista denominada Escudo de las Américas (Shield of the Americas).

Los jefes de Estado de 12 países latinoamericanos y caribeños se reunieron, el 7 de marzo, en la ciudad de Doral, en el sudoriental estado de Florida, con Trump, para dar lanzamiento al escudo.

Los países representados entonces fueron -además de Estados Unidos- Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana, y Trinidad y Tobago.

La reunión cumbre fue complementada, el 5 y el 6 de marzo, por un encuentro de ministros de Seguridad y de Defensa de 18 países de la región -los 13 del Escudo, más Bahamas, Belice, Guatemala, Jamaica, y Perú-, constituidos en la Coalición de las Américas Contra los Carteles (Americas Counter Cartel Coalition, Accc o A3C) -como parte del Escudo-.

Los ministros firmaron, al cierre de sus deliberaciones, la Declaración Conjunta de Seguridad de la Conferencia de las Américas Contra los Carteles (Americas Counter Cartel Conference Joint Security Declaration), que se enmarca en la iniciativa del Escudo.

Los jerarcas gubernamentales, incluido su anfitrión y colega estadounidense, el secretario de Defensa -según el trumpismo, secretario de Guerra-, Pete Hegseth, expresaron, en el documento, la “intención de expandir la cooperación multilateral y bilateral para mejorar nuestra seguridad en el Hemisferio Occidental”.

También se comprometieron a “cooperar en las siguientes áreas: plenos esfuerzos gubernamentales respecto a seguridad fronteriza; combatir el narcoterrorismo y tráfico; asegurar la infraestructura crítica; y otras áreas a ser mutuamente determinadas”.

Igualmente, expresaron la voluntad de “impulsar ‘Paz a través de Fuerza’, para enfrentar futuras amenazas a nuestros mutuos intereses”, además de “ingresar a una coalición para combatir al narcoterrorismo y otras amenazas compartidas al Hemisferio Occidental”.

La incorporación de Colombia, al Escudo y al A3C, fue formalizada, el 12 de agosto, por el secretario de Defensa de Estados Unidos, el escandalosamente incompetente Pete Hegseth, y el ministro de Defensa colombiano, el servil Jorge Eduardo Mora, en el marco de la reunión que la coalición realizó, el 11 y el 12 de agosto, en Panamá.

“El Tigre” demostró su incondicional alineamiento con el trumpismo, expresando, inmediatamente después de haber dialogado con Rubio, que “Barranquilla ha sido el escenario de una conversación muy estratégica para el presente y para el futuro de Colombia y de nuestra relación con los Estados Unidos de América”.

“De esta reunión, hay un lineamiento que hemos llamado los Acuerdos de Barranquilla, y siguen tres temas que son altamente relevantes para nuestro país y para el hemisferio”, dijo, en perfecto alineamiento con el trumpismo.

“Vamos a reconstruir la patria, vamos a recuperar la economía, y vamos a proteger el hemisferio”, aseguró.

“Y estamos iniciando una relación histórica y cercana que fue interrumpida durante cuatro años, pero que siempre ha estado ahí en las áreas más profundas, en la base más profunda de Colombia, porque Estados Unidos siempre ha sido nuestro socio”, agregó, para afirmar que “hemos sido su aliado y socio, y, cuando Estados Unidos y Colombia han trabajado juntos, lo único que hemos tenido es desarrollo, seguridad, y progreso”.

“El propósito de este acuerdo es la reconstrucción, y la recuperación económica”, planteó.

“Nos gustaría atraer inversiones para la infraestructura, la energía, la energía para los hogares, y la reconstrucción productiva de Colombia”, indicó, además de comprometerse a “hacer lo que tengamos que hacer respecto a la disciplina fiscal, la seguridad legal, la eficiencia, la expansión de mejores condiciones para invertir”.

Igualmente, dijo que “le pedí, al señor secretario de Estado, que nos acompañe ante organismos multilaterales, para habilitar instrumentos que nos permitan financiar estas transiciones sin sacrificar la transición económica de nuestros países”.

Revelando su complicidad con el expansionismo del Estado policial trumpiano, informó que “otro punto muy importante, es la seguridad de la lucha contra el narcoterrorismo”, precisando que “Colombia quiere convertirse en el primer socio de Estados Unidos, en seguridad hemisférica, y vamos a ser el socio número uno en Sudamérica”.

Al respecto, anunció que “es por eso que hemos propuesto, al gobierno (estadounidense) -y lo digo, otra vez, hoy- el Plan Patriota Siglo XXI (…) para actualizar aviones, drones, radares, helicópteros, sistemas antidrones, defensa aérea, movilidad, inteligencia, ciberdefensa, fuerzas especiales, y el mantenimiento y la operatividad”.

De acuerdo con datos del Ministerio de Defensa Nacional, y versiones periodísticas, los objetivos principales del plan incluyen el combate al crimen organizado trasnacional
-incluido el narcotráfico-, fortalecer la operatividad militar, impulsar el Escudo de las Américas, consolidar a Colombia como principal socio estratégico regional de Estados Unidos.

Además de los anuncios que formuló respecto a los resultados que la reunión con Rubio produjeron, “El Tigre” exageró en vasallaje, elogiando a su huésped, de quien dijo que “ha sido una inspiración por su batalla por la democracia, la institucionalidad, y la libertad”.

Como si eso hubiese sido poco, declaró, en el clímax del servilismo: “no hay ningún latino, en el mundo, que no se sienta representado por Marco Rubio, que siempre ha hecho las cosas de la mejor manera posible”.

En Ecuador, la segunda de las tres escalas de la gira regional, Rubio también recibió muestras de obsecuencia, en este caso, del millonario presidente, Daniel Noboa.

En el marco de la reunión que desarrollaron, el 9 de setiembre, en el Palacio Carondelet -la sede del Poder Ejecutivo-, en el centro de Quito -la capital nacional-, Noboa condecoró a Rubio con la Orden Nacional al Mérito en el Grado de Gran Cruz -la más alta distinción otorgada por el gobierno del andino país amazónico-.

Según el Decreto Ejecutivo firmado por Noboa, la decisión presidencial atribuye, a Rubio, “contribución al fortalecimiento de las relaciones de amistad, cooperación y entendimiento entre Ecuador y Estados Unidos”.

Y, de acuerdo con lo expresado por Noboa, durante la actividad de entrega del galardón, “lo que continuaremos haciendo con el señor secretario Rubio es poner cuidado en preservar la cultural del continente americano, salvando sus valores, y dando paz no solamente para Estados Unidos sino para toda la región”.

Queda claro que, para Noboa, como presidente de Ecuador, la prioridad es el imperio.

También expresó -sin atisbo de vergüenza- que Rubio es “un secretario diferente de lo normal, es especial”, y que “se conoce, mundialmente, que ha resuelto muchos problemas que son difíciles de resolver”.

“Ahí está, Marco Rubio, resolviendo cada problema, sabiendo que, aunque ese problema no tiene una solución, el señor Marco Rubio encontrará una solución”, agregó, haciendo méritos en materia de servilismo regional.

El homenajeado reiteró, por enésima vez, el discurso de que seguridad y prosperidad son inseparables, además de que “el principal objetivo del gobierno es la seguridad de su pueblo”, de modo que, “cuando vemos amenazas a su seguridad, tenemos que trabajar”.

“Y su presidente está haciéndolo de manera increíble”, agregó, retribuyendo elogios, para agregar que “hemos visto eso en cada trabajo que hemos hecho juntos”.

“Tenemos los mismos principios, y es por eso que continuaremos viendo un fuerte compromiso de parte del presidente Trump y nuestra administración para ayudarlos a ustedes a que sigan trabajando”.

Inmediatamente después de la reunión que desarrollaron, el 10 de setiembre, Rubio y su cola el canciller ecuatoriano, Roberto Kury, ratificaron la sumisión, del régimen noboísta, al trumpismo.

Según Kury, la visita de su contraparte estadounidense es, “sobre todo, un claro ejemplo de que estamos compartiendo una visión común, una visión que está enfocada en la seguridad, que está enfocada en la libertad, en la democracia, y, sobre todo, en la prosperidad compartida”.

El ministro describió “tres ejes” en los cuales “constantemente trabajamos con Estados Unidos”.

“Un tema se relaciona con seguridad, nuestra seguridad, enfocada en combatir contra amenazas transnacionales, y también las amenazas que estamos confrontado ahora no son solamente locales” sino que “no reconocen fronteras”, comenzó a explicar.

“Y, de la misma manera, necesitamos enfrentarlas de manera multinacional y coordinada, no solamente local”, agregó.

“Por lo tanto, operación técnica y apoyo político son partes fundamentales del rompecabezas para este esfuerzo, y hoy queremos reafirmar que la fuerza institucional y el intercambio de inteligencia, el fortalecimiento de nuestras capacidades, son la única manera de avanzar para poder regresar la paz absoluta para nuestros pueblos”, aseguró.

Como segundo punto, señaló que “la paz sostenible no puede sostenerse sólo través de seguridad sino que también es muy necesario tener desarrollo económico, empleo, y verdaderas oportunidades para nuestro pueblo”.

Y, en la eterna competencia de la derecha regional por ganar puntos ante el imperio, aseguró que “Ecuador se ha posicionado como un socio estratégico que es confiable, que abre la puerta al comercio hemisférico en diferentes sectores para poder trabajar junto con los Estados Unidos de América”.

Como “tercer eje, me gustaría resumir que esta es una asociación no sólo a nivel diplomático, ni es una asociación a corto plazo: nuestra relación con Estados Unidos es visualizada para ser duradera, porque nuestras naciones trascienden un simple momento político”.

“Esta visita por parte del secretario Rubio nos permitirá crear unan hoja de ruta -y una muy ambiciosa hoja de ruta- para los próximos años, asegurando que nuestro diálogo puede traducirse en resultados tangibles para todos y cada uno de nuestros ciudadanos, y nuestra región”, vaticinó.

Dirigiéndose a su colega/jefe estadounidense, expresó que “su presencia en suelo ecuatoriano ratifica que no sólo trabajamos mano a mano sino también que estamos trabajando por un futuro mejor para nuestras dos naciones”.

“Confíe que, en nosotros, usted encontrará un país que es una liado leal, un aliado activo, y un aliado decisivo para poder construir un hemisferio más seguro, un hemisferio libre, y un hemisferio próspero”, garantizó, en máxima genuflexión.

Por su parte, al señalar que cumplía su segunda visita a Ecuador, como secretario de Estados -la primera fue en setiembre de 2025, además de la que realizó, en febrero de 2023, como senador-, Rubio aseguró -con exceso de demagogia- que “esta asociación de nuestros países es muy importante”, ya que “no tenemos mejor aliado, en la región, respecto a confrontar la gran amenaza de las organizaciones criminales transnacionales”.

(Perdón: no era que, en materia de seguridad regional, las relaciones con Colombia “son las más fuertes en el hemisferio”?)

“Estuvimos acostumbrados a grupos criminales que cooperaban dentro de una frontera nacional, pero, ahora, vemos redes de organizaciones terroristas”, explicó el secretario de Estado, además de plantear que “no las llamemos grupos criminales: son grupos terroristas que están atacando país tras país, amenazando al estados, el bienestar, la salud, y la seguridad de nuestro pueblo”.

“Y, para poder abordar problemas transnacionales, tenemos que crear una coalición de países, y uno de los países que h participado más activamente y está haciendo lo máximo para enfrentar esto, es Ecuador, y es por eso que hoy estamos con ustedes”, agregó.

“Estamos haciendo muchas cosas juntos”, aseguró, para señalar que “nuestras fuerzas de élite están trabajando conjuntamente, día con día, de manera que no tiene precedente, para tratar de desmantelar esas organizaciones terroristas que están causado tanto daño a este país, a nuestro país, y a bastantes otros países en nuestra región”.

“Al mismo tiempo, hemos trabajado -y voy a pedirle al Congreso de Estados Unidos, 45 millones de dólares adicionales- para seguir aportando a este esfuerzo por desmantelar esos gripes terroristas, y terminar con ellos de una vez por todas”, subrayó.

Además informó que “estamos dando aquí, a Ecuador una flota, de la Guardia costera de Estados Unidos”, donación que totalizará 12 embarcaciones.

Sumado a ello, “estamos lanzando un esfuerzo de 10 millones de dólares para poder enfrentar la minería ilegal que está robando las riquezas de su país”, anunció.

Rubio reafirmó que, en materia de estructuras de crimen organizado, “no estamos hablando de mafia, de mafia normal, non estamos hablando de criminales: estamos hablando de terroristas, que, en mucho casos tienen armas y equipo que es muy similar a los de ejércitos de ciertos países”.

“Participan en delincuencia común, por supuesto, pero tienen capacidades más allá de eso”, dijo, para, a continuación, reafirmar que “son grupos terroristas, y eso es algo que tenemos que confrontar, tenemos que desmantelar, y tenemos que vencerlos”.

Al respecto, lanzó la advertencia de que “estamos plenamente comprometidos con eso”.

Perú marcó el cierre de la gira, y, aunque con menos ostentación de sumisión, la obediencia del gobierno presidido por Keiko Fujimori quedó garantizada.

La línea imperial fue también planteada al sector privado, específicamente durante la reunión que Rubio desarrolló, el 10 de setiembre, en el capitalino Museo de Arte de Lima, con la Cámara de Comercio Americana del Perú (AmCham Perú).

Con adaptaciones al contexto local, y al auditorio, el libreto fue, esencialmente, el mismo: seguridad y prosperidad van juntas, las estructuras de crimen organizado plantean la amenaza de que son organizaciones terroristas transnacionales.

En este caso, fingiendo preocupación social, Rubio llegó al colmo de señalar que el impacto de esas estructuras, en la economía, afecta a los trabajadores.

Además de señalar que “la relación entre Perú y Estados Unidos” está en “un momento de extraordinarias oportunidades”, expuso el leitmotiv: “el principal papel de cualquier gobierno es seguridad y estabilidad”, porque “sin seguridad, no se puede lograr nada”.

Perú y la región enfrentan “una amenaza extraordinaria”, porque, “usualmente, esas amenazas (…) tenían lugar dentro de grupos nacionales”, y “lo que ha cambiado en el mundo, lo que ha chamado en la región es que esos grupos ahora son transnacionales”, dijo.

“Operan desde Colombia, contra Perú; operan en Perú, contra Bolivia; operan en Bolivia, contra Ecuador”, precisó, para advertir que, “si no los confrontamos y los derrotamos (…) sencillamente, impactarán la sociedad”.

“Y, quién sufrirá más?”, preguntó, para responder, hipócritamente: “la clase trabajadora, por supuesto (…) ellos están pagando el precio”.

Ante ello, “estoy contento de que ustedes tiene una administración, con la presidenta Fujimori, que está comprometida a confrontar a esos delincuentes, esos criminales, y nosotros le proporcionaremos la ayuda que ella necesita”.

“Esto no es, simplemente, para ayudar a Perú, para ayudarla a ella” sino que “también es para ayudarnos a nosotros mismos, porque esos grupos terroristas son una amena para Perú, pero también son una amebas para Estados Unidos y para el pueblo norteamericano”, aclaró.

También precisó que “es parte de nuestros trabajos, hacer más para poder tener más oportunidades para las compañías estadounidenses, en términos de oportunidad de comercio e inversión”.

Durante la conferencia de prensa conjunta en el marco de la reunión Rubio-Fujimori, en el capitalino Palacio de Gobierno, la presidenta destacó el tema de la seguridad.

Hija del criminal/corrupto ex presidente peruano (1990-1995, 1995-2000, julio 28-noviembre 21, 2000) Alberto Fujimori -fallecido en 2024-, Keiko Fujimori es la primera peruana en el ejercicio de la presidencia por la vía electoral, y la segunda después de Boluarte -quien, en el marco de una de las sucesivas crisis políticas nacionales, y siendo vicepresidenta, fue designada, en 2022, por el Congreso para desempeñarse en la primera magistratura-.

Además, Fujimori es la novena -de momento- en la lista de presidentes que Perú ha tenido en el decenio 2016-2026, en el contexto de inestabilidad política y corrupción que presenta el andino país sudamericano.

Después de tres consecutivos mandatos presidenciales cumplidos -en este siglo- según los tiempos constitucionales -respectivamente, de Alejandro Toledo (2001-2006), el segundo de Alan García (1985-1990, 2006-2011), y de Ollanta Humala, un militar retirado, ex comandante del Ejército del Perú, (2011-2016)-, el agitado ambiente político nacional registra, para el decenio 2016-2026, nueve sucesivos titulares de la presidencia.

De esa superpoblación presidencial, solamente dos llegaron al cargo por la vía electoral
-el centroderechista Pedro Pablo Kuczynski, y su tocayo izquierdista Pedro Castillo-, mientras que los demás resultaron de la designación parlamentaria para llenar las sucesivas vacantes presidenciales.

La lista y los períodos:

-Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018)
-Martín Vizcarra (2018-2020)
-Manuel Merino (noviembre 10-15, 2020)
-Francisco Sagasti (2020-2021)
-Pedro Castillo (2021-2022)
-Dina Boluarte (2022-2025)
-José Jerí (2025-2026)
-José María Balcázar (febrero 18-julio 28, 2026).
-Keiko Fujimori (desde el 28 de agosto).

En pleno alineamiento con el trumpismo, la recién instalada presidenta se inauguró con un discurso de gobierno fuerte -destacando, entre otras líneas de acción, el combate a la delincuencia y a la corrupción, además del pleno apoyo a las fuerzas represivas-.

Por lo tanto, la seguridad fue punto prioritario del diálogo con Rubio.

“El primer tema de nuestra reunión, ha sido cómo enfrentar al crimen organizado transnacional», informó.

Y, como no podía ser de otra manera, confirmó el alineamiento: “como presidenta de la República del Perú, tengo el agrado de informar, a nuestra nación, que Perú será parte del Escudo de las Américas”.

La incorporación peruana elevó a 19 el total de países “escuderos” -Perú participó en el encuentro ministerial de la A3C, pero no en la reunión cumbre con Trump-.

“Gracias, secretario Rubio, por esta oportunidad, porque nosotros hemos tenido que enfrentar al terrorismo, y sabemos lo difícil que es enfrentar a estas organizaciones criminales que no respetan ninguna frontera”, dijo, a continuación.

“Por esta razón, necesitamos unir esfuerzos con otros países”, agregó, para precisar que el Escudo de las Américas nos permitirá -como ya lo hemos demostrado-, obtener más rápida información, y actuar más firmemente”.

Sobrecumpliendo en servilismo, garantizó: “desde Perú, actuaremos con todos los poderes otorgados por la ley y la Constitución”.

Además, subrayó que “es esencial, para Perú, saber que Estados Unidos ahora tiene una visión política de América Latina”, mientras que “en administraciones anteriores, esa importancia no fue dada a la región”.

La visita de Rubio “marca esa diferencia: la visión del presidente Trump”, aseveró.

Su huésped retribuyó los elogios, expresando, a la anfitriona, que “la cooperación que existe, a través de los primeros 40 días de su administración, ha significado mucho”.

“Hemos hecho mucho, pero vamos a hacer más”, garantizó.

“Creo que vine, y me voy, con mucha confianza en que las relaciones entre nuestros países empezará una era muy especial, y beneficiarán a ambos países, de una manera muy importante”, señaló -marcando la cancha-.

Los peones del imperio están posicionados -y son mayoría- en la región sudamericana.

Sobre esa base, el trumpismo da forma al Estado policial transfronterizo.

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